Warhammer: Vermintide (AKA Aluvión de ratas)

Mi relación con GW es igual que  mi relación con la cocaína. Sé que esa mierda no es sana… pero, joder, que rica está.

Supongo que si estás aquí es porque sabes algo del mundo de Warhammer pero, por si acaso, haré como que no tienes ni idea y empezaré a dar un dircursito: El mundo de Warhammer es un mundo rico, fruto de décadas de desarrollo, que se retroalimenta y evoluciona. Las razas surgen y caen en el olvido de forma orgánica, los personajes evolucionan y mueren. No es un mundo estático como una fotografía, sino que es capaz de mejorar e ir creando capas más profundas de historias ricas de la misma forma que nosotros hemos construido nuestro folklore.

Reikland, tal y como era antes de que todo hiciera “KABOOOOM”.

Reikland, tal y como era antes de que todo hiciera “KABOOOOM”.

O al menos, eso era hasta hace unos meses. Hasta que GW, dueña de ese universo, le dio por pulsar el enorme botón rojo que ponía “NO PULSAR”. Y todo explotó en mil pedazos. Como una rabieta de un niño que destruye lo que ha construido jugando con sus legos. “Warhammer es mío y me lo follo cuando quiero” podría haber sido la frase que resumiera lo ocurrido.

Para que me comprendáis: no es otro juego ambientado en un apocalipsis, es un juego ambientado en EL apocalipsis. Es el cataclismo que va a borrar el planeta entero y va a exterminar a razas enteras. Un formateo de los de toda la vida, pero a nivel planetario.

Construcciones sólidas y fiables a las que te tienes que subir en medio de un fin del mundo.

Construcciones sólidas y fiables a las que te tienes que subir en medio de un fin del mundo.

¿Y qué ocurre en EL apocalipsis? Pues que los skavens, una raza de niños hombres rata salen del subsuelo por millones y desbordan a las razas que anteriormente gozaban de la luz solar. Y a los enanos, también. De paso, los skavens matan a todo lo que se mueve y el mundo explota porque lo hizo un mago pero perduran pequeñas esferas de realidad que vagarán por el universo. Fin del reset. Comprenderéis de donde sale el nombre de “Warhammer End of Times”.

Pues bien, Vermintide está ambientado en ese apocalipsis, concretamente en la ciudad imperial de Ubersreik, situada en el sur de Reikland, atravesada por el río Teufel y entre las Montañas Grises y el bosque de Reikwald. Uno de sus principales edificios es la Torre de Magnus, erigida en honor a Magnus el Piadoso, y que sirve de guarnición para las tropas de la milicia y un pequeño destacamento de caballeros de la Reiksguard. Como podéis ver, no es un emplazamiento vacío, es una ciudad concreta, enriquecida con sus propios monumentos diferenciadores y su historia.

El interior de la Red Moon Inn en toda su apocalíptica gloria.

El interior de la Red Moon Inn en toda su apocalíptica gloria.

Ya desde el principio, el juego es muy atmosférico. No tienes un menú tradicional al uso, sino que empiezas en la habitación de una taberna fortificada (la Red Moon Inn) donde tienes tu arsenal y tu inventario. Así que podría decirse que haces la principal actividad española por antonomasia: arreglar el mundo desde la barra de un bar.

Precisamente en la primera misión que nos encargarán tendremos que visitar la Torre de Magnus y soplar el descomunal cuerno de alarma para alertar a la población del ataque por sorpresa de los skavens, que han comenzado a inundar las calles bajo el amparo de la noche. Después de esa misión, en la demo se desbloquearán dos más: una en la que hay que adentrarse en el bosque para destruir las máquinas de guerra que están construyendo esos hombres-rata y otra en la que hay que acabar con una campana de disformidad que han alojado en las murallas de la ciudad.

Mientras tu correteas por los tejados a soplar el Cuerno de Magnus, abajo ya ha empezado la fiesta.

Mientras tu correteas por los tejados a soplar el Cuerno de Magnus, abajo ya ha empezado la fiesta.

La mecánica del juego es muy similar a la del juego Left 4 Dead, solo que mejorada y adaptada a los tiempos actuales. Recorrerás un escenario en el que hay grupos más o menos nutridos de skavens y en determinados momentos habrá un aumento del tempo de juego y te atacarán oleadas de animalitos tiñosos del tamaño de un adolescente. Sin embargo, seremos capaces de elegir caminos para llegar del sitio A al sitio B: puede que en una pantalla los tejados estén plagados de asesinos y sea más seguro ir por las calles y en otra, al doblar una esquina, tu grupo sea despedazado por una rata ogro de un par de metros de altura y la inteligencia de Rafa Mora. De ahí la importancia de saber elegir camino.

Pero en todas misiones te las verás con enemigos especiales quieras o no. Las ratas ogro son el equivalente al tank del Left 4 Dead, los hunters ahora son asesinos skaven, los Señores de las Bestias tendrían una equivalencia parecida con los smokers porque te agarran, te atrapan y te joden vivo. Mención especial, porque no tiene equivalencia en el juego de zombies, es la amerratadora, esa pequeña cabrona que me ha violado brutalmente desde la distancia en casi cualquier partida.

Ratas ogro corre sin mirar atrás.

Ratas ogro = corre sin mirar atrás.

Al igual que en el Left 4 Dead hay distintos “botiquines” para curarse. Existen también pociones (de fuerza y de velocidad, por ahora) y granadas (normal e incendiaria). En los escenarios hay escondidos dados extra de loot y libros que si te pasas la misión con ellos encima, el grupo gana dados extra de loot. El inconveniente es que ocupan el slot de los objetos de curación, con lo malo que puede ser eso si te encuentras rodeado de ratas y tienes una salud que da pena.

Sistema de dados bonus

Sistema de dados bonus

¿Dados de loot? Si, al terminar la misión podrás tirar unos dados y en función de lo que saques en ellos, podrás desbloquear nuevas armas para los personajes. Que el enano vaya con hacha y escudo no quiere decir que no puedas ponerle un hacha a dos manos que le aumente el daño a costa de reducir su habilidad de defensa y velocidad. De igual forma, hay armas comunes, raras y legendarias, como en casi todo juego de rol.

Y las novedades respecto a Left 4 Dead no acaban aquí. En Vermintide los personajes importan, son algo más que una skin diferente. Dependiendo del avatar que te cojas, jugarás de una forma u otra: el enano tiene buena pegada y una ballesta que es letal a distancia, la elfa un arco que puede utilizarlo con velocidad de ametralladora y unas dagas que pegan a la misma velocidad, el inquisidor tiene una ristra de pistolas infinitas… pero mi preferido es el soldado imperial, al que he bautizado cariñosamente como “la picadora de ratas”.

El tren de las hostias con martillo acaba de salir de la estación. Próxima parada, tu cabeza.

El tren de las hostias con martillo acaba de salir de la estación. Próxima parada, tu cabeza.

Cuando terminas la misión te estará esperando un personaje montado en algún tipo de vehículo que te evacuará. Mientras los héroes se estén metiendo de tortas con las hordas de skaven, Olesya, el pobre cochero, estará al final del nivel mirando su reloj y suspirando mientras piensa “ya debe faltar poco para que vengan corriendo por esa esquina” y “ojalá pudiera ser algo más que un NPC con un par de líneas de diálogo”.

Pero a Olesya le digo lo que decía mi madre: haber estudiao.