Videojuegos: Mucho más que un producto
El décimo arte

En contra de lo que muchas madres opinan, el videojuego NO es solo un juguete. Cierto es que nació como objeto de divertimento para entretener a este homo ludens que es el ser humano, siempre ávido de nuevas formas de distracción. Pero poco a poco fue evolucionando, creativa y técnicamente, hasta crear un medio virtual con posibilidades casi infinitas pero apenas tangible más allá del cartucho, disco o código de descarga y su respectiva caratula.

Un medio cuyo principal activo es la bidireccionalidad entre el medio y el usuario, la capacidad de modificar y tomar parte en la obra. Un campo donde los desarrolladores, artistas, guionistas y demás creadores han encontrado un terreno fértil donde desarrollar un nuevo arte. Noveno, décimo o undécimo arte. Lo mismo da. Si el arte es aquella expresión de la sensibilidad humana que refleja las inquietudes de un artista y que requiere la planificación y acción intelectual del artista. ¿Acaso no lo es el videojuego?

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Los videojuegos se han convertido ya en una creación cultural tan valida como el cine o las series de televisión. Precisamente del cine (junto con la literatura) es de donde el videojuego ha  tomado más referencias, seguramente por ser ambos artes audiovisuales, llegando incluso a imitarlo. Del mismo modo que el cine, cuando nació, imitó y tomó prestado del códigos, claves y géneros del teatro. El videojuego nació como un juguete, al igual que el cine nació en las barracas de feria. Dos productos que se transformaron en arte.

Es pues una arte visual, pero también un producto artístico complejo. Al igual que el cine (ya se que hay muchas comparaciones con el cine pero en este momento son todavía dos medios muy relacionados) requiere de una gran inversión de tiempo y dinero y depende en muchas ocasiones de los designios de “la industria del videojuego”. Magnates y compañías multimillonarias que solo les importan los números transformados en ganancias, pero que a la vez son las que financian la mayoría de proyectos. Esta industria parece estar empeñada en mercantilizar y relegar al videojuego a un papel de simple objeto, lejos de su merecido lugar en el hall de las artes. A esto se le suma una gran tendencia de la prensa (especializada y generalista) y parte de las comunidades de jugadores de tratar el juego como un producto. Muchos medios si os fijáis son meras guías de compra, carentes de crítica y análisis que se limitan a describir un producto como si fueran un catálogo del Ikea. ¿Donde queda la crítica artística Meristation?

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La fábrica de Blu-ray de Sony en Sydney.

Más aun cuando las páginas y revistas especializadas cada día se centran mas en agradar a quien les da de comer (práctica que se lleva realizando desde décadas. ¡Hola HobbyConsolas!). -Si no estás con nosotros estás contra nosotros-. Pocas páginas tratan al videojuego como algo más que un producto entretenimiento, definición que  entendemos que se queda corta. El videojuego es mucho más que un divertimento, es una manifestación cultural y artística cargada de intención y referencias que permeabiliza los problemas e inquietudes de las sociedades del siglo XXI. ¿Por qué un “producto” tan rico, y por otra parte tan relevante a nivel económico, está relegado al rincón oscuro de la sociedad?

Además de estas “nuevas” dimensiones relacionadas con el  arte y el análisis académico, el videojuego experimenta una dimensión más que le aleja de ser un mero producto, el fenómeno fan. La permeabilidad social de la cultura del videojuego. Pues éste ha crecido y se ha vuelto tan relevante que ha creado una cultura propia, con sus propios códigos, héroes, enemigos, formas de comportamiento y de asociación (esta última para mi la más importante, especialmente las comunidades cooperativas ). Ha ido saliendo de la sombra donde se escondía, temerosa de la burla y el rechazo años atrás hasta convertirse en moda, en pura tendencia. Varias generaciones ya tienen como una de las referencias básicas de la infancia y la adolescencia los videojuegos. Nos hemos criado con ellos.

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Finalizando. Los videojuegos se merecen que demos una vuelta de tuerca y necesitan alcanzar la academia y los espacios de investigación, no solo en creación, también en critica y análisis. Se merecen sacar a la luz una nueva visión, otro enfoque alejado del materialismo de la industria. Pues nos pueden dar y enseñar más de lo que creemos. Los jugadores lo creemos, hemos crecido con ellos. Resulta que ahora son arte y cultura ¿quien nos lo iba a decir, eh?

@samsks