Trap español: started on the bottom now we’re here + Crónica del concierto TRVMP: Cecilio G+Jarfaiter+El Coleta
¿Quién se ha follado a tu bix?

Era otoño de 2015. “Los Burlaos”, el vídeo que a media España nos hizo ver y oír a los “traperos”. Chicos de unos veinte años cuyo género recogía lo mejor de las temáticas callejeras actuales con temas como la droga, las mujeres o el paro.

Poco a poco y paseando por mi barrio, Vallecas, comencé a oír en los coches a PXXR GVNG, grupo compuesto por Yung Beef, Kaydy Cain y Khaled. Tres chicos de diferentes puntos de España que dieron lugar a un colectivo capaz de firmar por Sony. Tiempo después compré su disco (el que intento buscar desesperadamente por todos los rincones de mi casa) y que no encuentro. Con una portada sencilla (unas manos arrojando el dinero hacia arriba en vez de recogerlo hacia abajo como desde un principio se pretendía) daban un mensaje de la fama ganada en pocos meses. Del cambio en la vida económica de estos chavales que hablaban de comprarle “un plasma a mi mama” y vivir una vida solo antes soñada.

La empatía es la clave para entender el trap. Con aquel disco, titulado “Los Pobres” hablaban de mi barrio, de muchos barrios de España. De gente obrera. De familias que nunca sabrían lo que era pasar una noche en un Palace, abierto para este grupo a la hora de hacerles entrevistas.Comenzaban las giras y cada chico del grupo hizo sus cosas. Kaydy Cain cantando en plena Calle Serrano mientras acaricia el pelo de una chica en un párking, Yung Beef con patines y smartphones en la mano mientras mira su propia figura en medio mundo siendo el único español en la última campaña de moda de Calvin Klein (minuto 1:00). 

Y así llegado el día de mi cumpleaños, vi en Youtube un destacado de otro trapero. Un chico barcelonés cuyo trap se presentaba más adictivo que el “glutamato sódico”. Un videoclip donde los hermanos más famosos del trap, Kinder Malo y Pimp Flaco se presentaban con abrigos estampados y mucho carisma.

Empezaba un nuevo año y ahí seguía. Con el trap metido en mi cabeza. Y por qué no decirlo, también en mi corazón. Entendía a esos chavales, persiguiendo sueños. De los hermanos que se apoyan y dicen “¿qué sería de mí si no fuese por mi hermano?”. De Pimp Flaco llorando cataratas en un reggaeton por el que expresaba las dudas sobre una relación de altibajos.

El trap explota en España y todo el mundo se hace eco. Me queda el último de los más destacados como es Cecilio G. Es un artista también de Barcelona que tiene en el graffiti, en las portadas, en las mixtapes continuas su forma de expresión totalmente única. Poco a poco me identificaba con esas frases que marcaban su flow y aquello de “tienes toda la cara de no ser de aquí” paseaba conmigo en la otra punta de España.

Las chicas también marcan tendencia. El tridente Zowi, Bad Gyal y Ms Nina marcan el territorio español con gran soltura. El precioso acento catalán de Bad Gyal mientras canta por Rihanna al igual que Pimp Flaco a Drake.

Los exponentes internacionales tienen su cabida en el trap español que busca una nueva forma de expresión. Una forma de decirle al mundo que están aquí, marcando su territorio, haciéndose cada vez más famosos. Revistas como Vein dedican un número entero a las nuevas traperas mientras las calles se llenan de carteles sobre las próximas fechas de Cecilio G o Yung Beef. Larga vida al trap, señores.chegde8w4aan_rc

 

AMPLIACIÓN DEL ARTÍCULO (CRÓNICA DEL CONCIERTO TRVMP: CECILIO G+JARFAITER+EL COLETA)

Sábado, 22 de Octubre. Entre decisiones convulsas entre ir o no ir en una tarde aún más convulsa (tormentas cada dos horas) y con la ropa recién secada después de un chaparrón, mi pareja y yo nos fuimos hacia la Sala But de Ochoymedio en pleno metro Tribunal. Ante las puertas, una centena de personas que esperaban a que terminase su grupo y empezase el siguiente, nosotros que llegábamos con una hora de retraso (debido a que las entradas ponían a unos grupos antes que a otros y abrían las puertas a una hora determinada), nos metimos tras decirnos el de seguridad que uno de los grupos había empezado.

Nos registran y bajamos por dos estrechos pasillos llenos de escaleras. Abajo, otro señor de seguridad que nos dice dar “un sello a los 20 minutos si queríamos salir”. Imaginaos mi situación: una tipa agorafóbica que hace menos de un año no podía ni cruzar dos calles de su barrio, ahora metiéndose en un sitio que era cada vez más cerrado, más oscuro. Sin embargo, a partir de aquí todo fue genial, porque tiene un acceso amplio donde puedes salir y entrar cuando quieras al baño, dejar tus cosas en un ropero (con una chica de cara angelical y gesto cansado) y con zonas apartadas donde se puede sentar y ver el concierto perfectamente.

Bajé las escaleras y vi a mi Ceci. Mi puto Ceci. Esto no va a ser una crónica objetiva, qué va. Quién lea a partir de aquí que se atenga a las consecuencias. Ese hombre era puro carisma, peligro y morbo a distancia, tú. Iba tope tatuado, tenía una pinta malote que molaba mil. Las luces rosas le caían como un halo de infierno mientras nos comentaba que se iba, que era la última. Miré a mi pareja y nada, para mí, verle diez minutos le hizo más estrella. Salió un par de veces (seguramente porque se dejó algo) y solo le volvimos a ver más adelante. Eso sí, las canciones oídas las dejo por aquí por si a alguien le apetece escucharlas. Fueron Top Bang y Sixpac de mixtapes de hace tiempo.

El siguiente en llegar fue Jarfaiter. A estas alturas tanto Jarfaiter como El Coleta solo conocía un par de canciones suyas. Pero este chaval tiene arranque, soltura y euforia en vena. Se puso a hacer flexiones en medio de una canción, cantó el “Original Quinqui” mientras los bajos de la música, con sus vibraciones, parecían que me iban a reventar el esternón. Media pandilla estaba sobre el escenario mientras los pogos comenzaban y se despedía con mucho electro-house donde todo el mundo se metió en pista y empezó a dar lo mejor (yo me vine arriba bastante rápido).

El Coleta llegaba con puntualidad y nos presentó un setlist más de barrio, el suyo, Moratalaz, es vecino del mío por el que me pareció un mensaje más cercano a favor de hacer lo que se pueda y sobrevivir. Se despidió unas tres veces y nos soltó su “Nanai naina” al final del set. El Ceci volvió con sombrero de pescador negro y se metió entre el público. Salimos del concierto y intentamos monear al lado de la puerta donde se quedaban pero nos dijeron amablemente de salir y salimos. Comimos en el Burguer de al lado y al volver, estaba el propio Coleta vendiendo camisetas y vinilos.

Vi anteriormente a una chica con una firma y pensé “qué suerte”. Luego fuimos nosotros y mi pareja me regaló el vinilo y la camiseta, talla S con un autógrafo “to flechero” como nos dijo un chico que estaba por allí. Una noche mágica que hubiese sido imposible hace no tanto y que gracias a mi guerrero pude luchar por conseguirla. Esto va por ti. 

PD: Al salir nos encontramos con la maravillosa sede del PP (nótese la ironía). Extraordinario. Noche bizarra al máximo. 

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