Transformer

Lou Reed -1972

1338689582_50fa2b47ff.jpgEn el mismo año en que David Bowie sacaba a la luz su obra maestra, es decir, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, un Lou Reed casi recién incorporado a una vida musical sin su magnífico grupo juvenil The Velvet Underground exponía, con ayuda del mencionado Bowie y el teclista y arreglista de este -entre otras cosas-, Mick Ronson, uno de los discos más representativos de la historia del rock, y más concretamente, de la historia del glam-rock. Las casualidades no suelen existir en ningún ámbito de la vida, se tratan de consecuencias más que casualidades. Todo es causa de algo, esto es, la causalidad, y Transformer es una causalidad. No es casualidad que Tranformer y la obra maestra de David Bowie pertenezcan al mismo espacio en el tiempo, y que los dos discos sean tan buenos, es una causa. Transformer es una consecuencia de la perla de Bowie, y además, Transformer fue producido, en parte, por Bowie, y por ende, a nadie le debe sorprender ciertas similitudes.

La primera canción que se escucha es Vicious, con una temática herencia del anterior grupo de Reed, The Velvet Underground, con unos riffs de guitarra y una atmósfera que deja entrever esa crudeza y pureza que conseguía el sonido de la banda ya citada. Pero lo cierto es que las diferencias existen, sobre todo en la sobre-producción y los arreglos, que se hacen notar mucho más en Vicious y la hacen más previsible que cualquier otra canción de la vanguardista banda de finales de los 60. De todas formas no deja de ser notable, con un solo de guitarra desgarrador y una voz excelente por parte de Reed. Andy’s Chest, que hace referencia al atentado que sufrió Andy Warhol en 1969, posee un toque pop y glam rock muy bien compensado, con un arranque de batería tranquilo pero muy bueno y unos coros sorprendentes, que trasladan en cierta medida a épocas inmemoriales del rock. Después, Perfect Day. Sin ninguna duda, la canción más plástica y emotiva del disco y una de las más memorables piezas musicales del S. XX, impresionante. Perfect Day acongoja, sobre todo, por la monumentalidad que le hace resplandecer, con unos instrumentos maravillosos, como una tuba, un piano elegante y la voz de Lou Reed, que colocan a Perfect Day en lo más alto. Pero no es hasta el final del tema, en uno de los últimos momentos líricos, cuando lo establecido se desmorona. Este final lírico rompe esquemas que parecían inquebrantables. Esto se produce cuando Lou Reed dice: “Un día tan perfecto, que me hiciste olvidarme de mí mismo, me hiciste creer que era alguien distinto, alguien bueno”. Y finalmente: “Vas a recoger lo que has sembrado”. Realmente asusta, impone, y el estado pensativo y tenebroso en el que nos encontramos, de repente y casi sin darnos cuenta, se intercala con un sonido proto-punk distraído, es el sonido de Hangin’ ‘Round, la cual contiene una base bluesera incontestable junto a un teclado extraordinario. Llega Walk on the Wild Side, todo un clásico. El contrabajo, los violines y la atmósfera que da el sonido de la batería, junto a Lou Reed, proporciona un ritmo irrepetible para la historia del rock. Walk on the Wild Side da la sensación de pertenecer a otro género. En parte se acerca al rock, en parte al pop, al jazz, y además, posee un solo de saxo, después de un coro femenino, que resulta excepcional. Con Make Up se abriría la Cara B del elepé, y se trata de un tema excelente, con incisos de tuba y una voz de Lou prácticamente hablada. Esto, junto a la restante instrumentación, le proporciona a la pista una originalidad especial. Satellite of Love es uno de los mejores temas del disco, con una energía y un estribillo muy efectivo. El piano está presente, como en buena parte del segundo trabajo de Lou Reed en solitario y, hacia el final de canción, existe un cambio estructural con un crescendo en los coros bastante reseñable. Después se escucha Wagon Wheel, con un gran riff de guitarra, coros femeninos y un enfoque clásico en lo melódico. En Wagon Wheel se intuye el blues y diversos cambios de ritmo. Hay instantes en los que Reed aparece susurrante, con la música prácticamente lánguida, para luego volver a despertar. Entramos en la última parte del disco con una atípica canción, New York Telephone Conversation, que posee retazos de música de cabaret. Se trata de una pieza corta, que prácticamente introduce I’m So Free, de una gran fuerza y unos acordes excepcionales de guitarra. También posee un gran riff a lo largo de todo el tema y un solo muy bueno hacia el final. El disco cierra con Goodnight Ladies, con una gran presencia de tuba, como en todo el álbum, y unos aires jazzísticos que contiene la presencia del saxo barítono y el piano. Suena a lo que es, una despedida.

Transformer es una pieza clave en la música de inicios de los años 70, y gran culpa la tienen dos personalidades que estuvieron durante un tiempo muy unidas: David Bowie y Mick Ronson. La mayoría de arreglos corren a cargo de este último, que también toca el piano, la guitarra y hace coros, entre otras cosas. David Bowie también se encarga de los arreglos, formando parte del coro en algunos momentos. Lou Reed pone la voz y la guitarra. El resto de los instrumentos los tocan: Herbie Flowers, que toca la tuba y los bajos; John Halzey, Barry De Souza y Ritchie Dharma, que tocan la batería en diferentes momentos; y por último Ronnie Ross, que toca el saxo barítono. Si se observan las personas que contribuyeron a la música en este disco, uno se da cuenta de que existe una gran complejidad. Uno se da cuenta de que los coros, distintas guitarras -muchas de las veces con riffs en fuzz guitar-, el piano, la tuba y, en ocasiones, un contrabajo que se hace de notar, colocan un sello inaudito a este disco. El derroche musical y la capacidad de producción y de arreglos es brutal para un Lou Reed no acostumbrado a ese tipo de cosas, pero que ciertamente parecía ansiar.

Transformer, uno de los discos con más personalidad en la historia del rock.