The Walking Dead o por qué nos hemos ganado el cielo viéndola

La serie producida por AMC  y que se emitía cada lunes a las 22.20 en el canal de Fox España (recordemos que la sexta temporada finalizó hace dos semanas), es digna de mencionar. Han pasado seis años desde aquel 4 de noviembre de 2010, para darnos cuenta de que ha dejado una huella importante entre las series de la actualidad.

Trata de un grupo de supervivientes a una invasión zombi (personas que han sido mordidas por un zombi…o que se han infectado por el virus) que dejan arrinconados a los humanos que aún no han sido convertidos. Se necesita de una buena dosis de memoria para recordar todos los personajes principales de la serie pero nos quedaremos con los más importantes, a decir: Rick (sheriff del condado, superviviente número uno y líder), Glenn (repartidor convertido en el superviviente número dos, oséase “el Sancho Panza” de la serie), Carl (niño del superviviente número uno y con ganas de dar guerra), en cuarto lugar Daryl (señor de la ballesta) y en último lugar Carol (superviviente femenina de más larga duración y que se encuentra en el primer grupo que conocemos).

Andrew Lincoln as Rick Grimes and Norman Reedus as Daryl Dixon - The Walking Dead _ Season 5, Gallery - Photo Credit: Frank Ockenfels 3/AMC

A partir de este contexto principal se establecen una serie de tramas dignas de cualquier serie que se van enmarcando en un enemigo o lugar específico por cada temporada. Soy muy fan de los primeros seis episodios. Desde ahí hasta ahora…la serie ha ido perdiendo el norte más y más fuerte.

Cuando todo el mundo se volcó en la serie con la finalización de la primera temporada…nos vino una segunda donde lo único que se hacía era dar grandes rodeos con flashbacks inaguantables del hermano de Daryl  la búsqueda ad eternum de Sofía, la hija de Carol, que digamos la pobre…pues, eso.

Son necesarias grandes dosis de querer seguir viendo un devaneo de:

“Vamos al punto A”-dice el líder de turno.

– ¡Sí, vámonos!-dicen los súbditos del líder de turno.

(Llegan a mediados de punto A)

¡Ay, no….no podemos! Por:

  1. a) Más zombis
  2. b) Un enemigo común
  3. c) Obstáculos a cascoporro
  4. d) No les sale de…de la pestaña del ojo izquierdo.

Por tanto, llega un punto que marcas el calendario. En octubre y en febrero comienzan las temporadas. Porque, sí…The Walking Dead es muy especialita. No te hace una temporada seguida de 12 episodios, si no que te los divide de seis en seis haciendo un descanso desde Navidad hasta el alegre día de San Valentín <3

Glenn (Steven Yeun) and Maggie Greene (Lauren Cohan) - The Walking Dead - Season 4, Episode 1 - Photo Credit: Gene Page/AMC

Para cuando ya ni te acuerdas de lo que ha ocurrido, entonces es cuando empieza la temporada. Ese es el leitmotiv que todo fan de The Walking Dead entiende. Vale. Llegado a este punto, ya no sabes muy bien por qué la ves. ¿Será por inercia, morbo o…por algo más?

Ahí es cuando entra el recurso narrativo que más utilizan: el cliffhanger. El puto cliffhanger. Si Juego de Tronos utiliza a mansalva como gancho las muertes (algún día, querido George R.R. Martin te quedarás sin nadie y otro gallo cantará), en este caso se dedican a dejarte con medio conflicto resuelto, medio otro…en el aire.

No te preocupes, aún queda otros seis meses para saber qué ha ocurrido con los personajes. Quién ha sobrevivido o qué significa esa frase a medias al estilo Los Soprano. The Walking Dead ha aprendido a base de bien que a los fans le gusta cómo se plantean cada capítulo, cada temporada…la serie completa si me apuras. Han visto en dejarlo a medias como la posibilidad más rentable de mantener al fan que se enganchó con los primeros episodios. A partir de ahí, todo ha sido una cadena de errores y fallos que muchas veces solo son salvables si sabemos que en el cómic no sucede así.

¿Parte positiva de la serie? Creo que va siendo hora que diga algo positivo, porque tiene cosas positivas. En primer lugar, en el apartado técnico es impecable. The Walking Dead tiene un toque de filtro de Instagram sucio que perdurará años y años, canciones country-mal rolleras que te tocarán el coraçao y una cabecera de violines que te pondrá los pelos de punta. Tiene personajes carismáticos que se te quedan en la retina durante mucho tiempo. Buenos diálogos que requieren de guionistas especializados en la materia y una duración que la considero aceptable para narrar la historia en condiciones.

Sin embargo también hay que hablar de la parte negativa…que en parte creo que me he cebado bastante. Pero es que hay que destacar la pésima actuación de un Rick que no sabe cómo llorar y que ha sido objeto de memes durante mucho tiempo. Hay que saber también que muchos buenos personajes lo pasan por la lápida y santas pascuas y después…después se echan de menos. También que no es todo lo amena que podría ser. El silencio es clave en algunas escenas pero hay capítulos enteros donde apenas se hablan cuatro veces. La acción ha decaído. Digamos que es la primera serie de zombis donde muchas veces no hay zombis. El presupuesto es alto y la audiencia es millonaria pero deben saber establecerse porque cada temporada es un circo distinto.

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Con este artículo he querido explayarme lo que durante seis años he estado viendo, oyendo y sintiendo conforme avanzaba la serie. Ojalá el recorrido hubiese sido menos tortuoso. Ojalá se hubieran dado más momentos como esa frase que le dice el científico a Rick a final del episodio sexto de la primera temporada y nos hubiese dejado más impactados. Sin embargo, creo que este es el artículo que se merece. Merecemos un mejor The Walking Dead. Por suerte, siempre nos quedarán los zombis.