Stranger Things
Un viaje a la nostalgia

Stranger Things es el resultado de recopilar todos los clichés y tópicos de los ochenta, meterlos en un tarro, y removerlos y agitarlos como si estuviéramos preparando un Manhattan en una coctelera.

El ser humano tiende a pensar que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor. Strachief-jim-hooper-597693nger Things se aprovecha de esa idea y, gracias a la nostalgia, atrapa al televidente que vivió o nació en los años 80, o que mamó directamente de esa cultura ochentera en su infancia.

Los personajes son puro cliché: El guaperas de instituto, el sheriff del pueblo, los polis tontorrones, la chica listilla, la pringada, el gordito encantador, el hermano mayor, los freaks, los matones… Todos esos estereotipos conviven en un pequeño pueblo (ficticio) de la Yankilandia profunda llamado Hawkins. Ese pueblo es aburrido, no tiene ningún interés. En Hawkins nunca pasa nada, hasta que el pequeño Will Byers desaparece una noche en extrañas circunstancias mientras regresa en bici a casa tras un día de vicio rolero con sus amigotes.

A medida que van pasando los capítulos te das cuenta que, aunque pensabas tomarte con calma la serie, ya vas por la mitad de la temporada y son las 4 de la mañana… ¡JODER! ¡Son sólo 8 episodios! ¡Quiero más!

 

Lo cierto es que la historia nos es de sobra conocida, resulta demasiado familiar (conspiraciones del gobierno, comunistas malvados, experimentos con seres humanos, monstruos, dimensiones paralelas…), pero nos atrapa sin problemas. Nos importa bien poco haber visto miles de veces esos arquetipos en cientos de películas y series, no podemos llegar al final y no tener cariño a cada uno de sus protagonistas y, como no, sin quedarte con ganas de más.

stranger-things-quPersonalmente, yo no viví ni nací en los 80, pero he mamado de su herencia y, sobre todo, he consumido sus películas, sus series, su música, sus mitos… Por tanto, no me resulta difícil ver como el apartado estético de la serie recrea perfectamente el entorno donde se desarrolla la trama, además de transmitir las sensaciones que subyacen de su contexto temporal, como por ejemplo, el que los niños jugaban en la calle, la información no estaba tan a mano como ahora, comunicarse era difícil, cada pequeña cosa era algo grande, los videojuegos eran algo novedoso, la Guerra Fría todavía era una realidad palpable, etc.

Desgraciadamente, no todos podemos sentirnos parte de aquellas obras cinematográficas de los 80 por no vivir en la generación pertinente, lo que en muchos casos ha impedido que mucha gente no haya tenido acceso o haya disfrutado de clásicos como los Goonies, Alien, E.T., Regreso al futuro o las viejas pelis de Star Wars. Esas generaciones de actuales treintañeros son también las que vivieron el auge de los videojuegos o el nacimiento de la telefonía móvil e Internet.

Todos esos recuerdos, esas sensaciones y emociones que nos gusta rememorar, son con frecuencia la mosca cojonera para las generaciones que no experimentaron aquello. Los treintañeros a veces parecen abuelos cebolletas contando batallitas de tiempos mejores. Aunque desde hace pocos años, estos viejóvenes están en la cresta de la ola, gracias a la fiebre por lo retro. No cabe duda de que la serie ha llegado en un momento perfecto y ha sabido aprovecharse del contexto actual.

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Hay que insistir en todos esos elementos que hacen de Stranger Things una obra que aporta nostalgia en vena. Ya no sólo que repita escenas copiadas de películas de ciencia ficción o terror, sino también esos elementos tan característicos de la literatura de Stephen King, o la inocencia y curiosidad de los niños de aquella época.

Y la música es otro punto clave, con una clara influencia de los 80 eclipsada por los sonidos de sintetizador y bajo electrónico para marcar los tiempos y hacer de nuevo que la nostalgia toque nuestro corazoncito. En este punto también se nota la diferencia generacional, pues gran parte del público, que no ha crecido con esos acordes de teclado, choca de bruces ante unos sonidos que a su juicio no pega con las situaciones de las escenas.

Stranger Things es una obra hecha con mimo y esmero, creada como homenaje hacia toda esa maravillosa década que marcó la infancia y adolescencia de una importante legión de jóvenes actualmente en los veintieymuchos o treintaypocos. Aunque también es un evidente lujo hedonista de sus creadores, los hermanos Duffer, quienes nacieron en el año 1984 (32 años), en plena ebullición de lo ochentero.

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Seguramente, Stranger Things, no transportará a todo el mundo a un viaje nostálgico y de emociones enterradas, pero lo extraño es que a pesar de su marcado estilo retro, es una serie perfectamente disfrutable por todo el mundo. MUST SEE.

Por cierto, como último apunte: ¡Winona, te queremos!