Silicon Valley: los geeks vuelven a atacar
Ceros, unos y viceversa

Era el año 2014, y la HBO se atrevía a hacer una serie DE VERDAD sobre los geeks sin caer en los chistes fáciles y tontorrones (sin apenas gracia) de su vecina de TNT, The Big Bang Theory. Parecía que podría ser difícil que la audiencia se quitara el sambenito de los “Zas en toda la boca” y “Penny, Penny, Penny” a lo que respondía una rubia californiana con un sonoro “¿QUÉ?”.

La misma cadena que distribuye Juego de Tronos dio una respuesta similar al ver que los frikis no podían empatizar con un Sheldon que no se decidía si entre PS4 o Xbox One o de episodios enteros sobre todo lo que tenía que aguantar Wolowitz con su recién estrenado matrimonio. Por ello, Silicon Valley es otro tipo de serie.

Ventajas a favor: el reparto viene de la comedia profunda. Se nota que en T.J. Miller que hace de Erlich Bachman, han pasado horas y horas de monólogos. Kunail Ninjani, que hace de Dinesh lleva rodado todos los escenarios posibles haciendo comedia al igual que el resto del reparto. Diría que ambos actores son los más graciosos y populares de la serie pero eso no quita de las caras de Jared (como si de un robot positivista se tratase) y de un Gilfoyle que intenta con su desprecio (acogiendo en su personaje a todo hater de Internet), hacerse el guay.

¿Hay mujeres con individualidad y poder propio sin tener que depender de sus vecinos de al lado? Sí. Tenemos a Mónica que es la asesora de la jefa de Raviga, la empresa inversora en los productos realizados por “El Flautista”, nombre de la empresa de Richard Hendrix (nombre de guitarrista al canto) que es el protagonista, algo sosete, de la serie.

Por ello, se depende mucho del binomio Gilfoyle-Dinesh que actúan como una pareja maliciosa y rebelde que no obedecen ninguna orden dada desde arriba y Erlich-Richard como casero en el primer caso y alquilado por parte del segundo.

La banda sonora hizo que en los créditos de algunos episodios sonara el hip-hop más internacional como fue el segundo LP de “Run The Jewels” (si no lo habéis oído, darle un intento) hasta nuestra Mala (tal como medio Forocoches se dio cuenta y nos quedamos “rotos2”).

Es una serie cuya duración es de media hora por capítulo. Ahora eso sí, hace un par de temporadas (y solo tiene tres) que percibo que se han dejado llevar demasiado por los conflictos. Parece que nada puede salir bien y eso genera cierta frustración para la audiencia que vio la escalada hacia arriba que pegaba la trama de la primera temporada. Apenas existe la euforia del comienzo que era una buena alegoría de cómo hacerse rico en el Valle del Silicio. Sin embargo, con tanta temática judicial (las típicas demandas de la zona entre exsocios y parásitos varios) acaba aburriendo.

Me gusta pensar que en realidad, se trata de la representación audiovisual de miles de historias antes contadas sobre la creación de Internet, Microsoft, Apple, Facebook o Google. Hace poco leí “Millonarios por accidente” de Ben Mezrich que contaba la historia de la creación de Facebook. Todo tal como se contó en “La Red Social”, película de David Fincher, se trató de una pelea entre “los que lo pensaron” y “los que lo hicieron”. Sean Parker ya estaba en esa historia metido, y en uno de los capítulos de “Silicon Valley” hacen mención a su extravagante modo de vivir con regalo de conejos vivos en su boda incluidos. En el libro también se contaba la historia sobre su arresto por ser acusado de poseer cocaína en una de las fiestas que organizó por aquella época.

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Sí, esa es una foto de la gran boda de Sean Parker. Sacada de otro mundo.

El creador de Napster es la esencia de los millonarios de la zona, gente sin escrúpulos que les llega todo dado por una gran idea. Se suele decir que hay que estar en el lugar y momento adecuado, y esto es lo que sucede allí. La suerte de los que viven en el mejor sitio para hacerte millonario a través de la tecnología, convierte a veinteañeros en empresarios de alto nivel y capaces de llegar a la lista Forbes.

Esto se refleja en Silicon Valley donde cuatro amigos “o socios” se ven mano a mano con la élite (de ahí el personaje de Russ Hanneman) que no permite que su coche abra las puertas de manera tradicional sino de una manera extravagante y resultona para lucirse ante los “pringados de las apps”. La mano de la Justicia es la única salida para los que quieren hacer daño en la industria tecnológica, es el único y destructor poder.

El valle se hizo grande con historias como la creación de Apple o Google. Pero se hace aún más grande con las redes sociales que nos llenan cada espacio de tiempo disponible de nuestras vidas. Por ello, Silicon Valley es lo más cercano a saber qué ocurre tras las puertas del valle. Quizás detrás, solo exista la darwinista pelea por marcar en piedra quién será el siguiente Zuckerberg.