Sigue la luz

El otro día estaba hablando con unas amigas de películas de amor, romanticonas, bonitas vaya, y caí en la cuenta de que yo no soy mucho de películas “chico quiere a chica y viven felices por siempre”. ¿Porque el amor también se puede demostrar y apreciar de otras maneras, no? Por ejemplo, cuando vi La Tumba de las Luciérnagas; ese cariño, respeto y fidelidad que le tiene la niña pequeña a su hermano mayor y que, a los que hayamos visto la película, nos hizo llorar como auténticas magdalenas. Eso es amor, vaya.

Pero es que no solo en películas o series encontramos verdaderas epopeyas románticas. Fue entonces cuando recordé uno de los mejores juegos (si no el que más) a los que he jugado jamás. Un auténtico cantar moderno (antiguo para algunos) que retrataba la historia de un joven cuya princesa había caído en sueño eterno. Para poder librarla de tan fatídico destino, su plan consistía en cerrar un trato con una misteriosa voz, la cual le había prometido que, si derrotaba a 16 criaturas de tamaños descomunales, le devolvería la vida a su amada.

Y así fue cómo Wanda (o Wander), armado únicamente con una espada, un arco y la inestimable ayuda de su fiel corcel Agro, fue a la caza de los 16 Colosos que dan nombre al juego. Lo grandioso de Shadow of the Colossus es su planteamiento arriesgado que, aunque puede parecer aburrido, es más bien todo lo contrario. ¿Y si os dijera que sólo hay 16 enemigos, esos 16 colosos? Ni uno más. Y tampoco es un mapa lineal, ¿eh? Es un puritito sandbox, un mapa enorme en el que tenemos que ir localizando uno a uno cada enemigo y eliminándolo. ¿Parece rápido? No lo es, con cada coloso echaremos nuestro tiempo intentando dar con la táctica adecuada, ya que cada uno tiene un punto débil que deberemos encontrar. Además cada uno tenía “su gracia”: uno nadaba bajo la arena, otro en un estanque, otro volaba, había uno que parecía un armadillo irreductible… Pero mi favorito era el de la barba. Y cómo olvidar la última batalla, contra un bicharraco más grande que el bloque de edificios en el que vives.

colossuscomparison

Era una guerra sin tregua en la que debíamos hacer cara a monstruos en ocasiones 30 o 40 veces (sin exagerar) más grandes que nosotros. Cada batalla era legendaria a más no poder. Pocos bosses de videojuegos han sido tan épicos de matar y derrotar como los 16 mencionados. Cabe decir que, después de eliminar a cada uno, unas extraños tentáculos atrapaban a nuestro protagonista, dejándolo inconsciente y devolviéndolo al templo donde yacía su amada en coma. Y, de paso, debilitándole cada vez más, haciendo que su aventura resultase cada vez más difícil.

Y bueno, no quiero hablaros mucho más de la historia, pues es su gran atractivo y, dado que DEBÉIS jugarlo, no quiero estropearos uno de los mejores videojuegos de PS2 y uno de los más queridos por los jugones en general. Sólo diré que, si la historia ya os llama al principio, el final os dejará sin aliento y os emocionará como pocos juegos que recuerde lo han hecho (me viene a la cabeza sólo The Last Of Us y la saga MGS). Además, en lo jugable era muy simple pero efectivo y resultaba tan divertido que cuando me lo pasé, me lo rejugué 3 o 4 veces. Los gráficos quizás ahora se vean algo pasadetes, pero en aquella época eran espectaculares. Y aun hoy están muy bien, los diseños de los colosos nunca se pasarán de moda.

Por otro lado, la excelente banda sonora dirigida por Kow Otani es una de las mejores (si no la mejor) y emotivas que he escuchado jamás en un videojuego. Lágrimas con cada coloso aseguradas. Cada canción es una obra de arte única que acompaña magistralmente a lo que es el juego en general, una pieza de un valor incalculable para los jugones más retro. Por si no me creéis os dejo uno de mis temas favoritos. Imaginaos estar agarrados en el lomo de un bicho de unos 100 metros de grande revolviéndose y vosotros intentando salvar a vuestra princesa (aish…):

En resumen: una puta pasada de juego que tenéis que jugar sí o sí. Estáis avisados. Wanda, Agro y su amada ocuparán un lugar en vuestro corazón por siempre. Que se lo digan al mío.