Rage Quitting o el noble arte de cabrearse

Al comienzo de la tierna aventura que significa YouTube, pudimos conocer a un pequeño pero agresivo “Niño alemán” que lejos de practicar el sabio consejo de contar hasta diez, no podía sino romper el teclado de su ordenador tras no pasar un nivel (o a saber qué) expresando su furia mediante la explosión de teclas por toda su habitación.

Una década después, la cosa no ha cambiado. Nos seguimos enfadando con cualquier tontería que se nos ocurra, desde la pérdida de un llavero al que no hacíamos caso y ahora nuestro querido hermano presume de él para hacernos rabiar hasta la charla eterna de la suegra que nos mira por encima del hombro. Seguimos siendo humanos, al fin y al cabo, y eso también se traduce en el terreno de los videojuegos.
DdQqSc0

Y es ahí donde entra el término “rage quitting” que no es sino quitarse de una partida antes de que la podamos perder, como normalmente ocurre en first-person shooters al estilo “Call of Duty”. Antes este término era vulgarmente llamado como “pique” y solía estar caracterizado por el típico tirón de cable del mando para que este dejara funcionar y/o se demostrara la rabia que teníamos ante el público rival de turno.

Si es cierto que no es una conducta correcta ni mucho menos ejemplarizante dado que tiende a dejar al otro con la boca abierta o con insultos por decir. Por desgracia esto puede llegar a más a través del servicio de mensajería instantánea que las diversas plataformas permiten (es decir, poner tanto un mensaje de texto como seguir al jugador con el que hemos echado la partida para ponerlo a parir), por lo que no hace sino que la bola crezca y crezca.

51T7ocVtC3L._SL1000_

¿Cuál es el método para dejar libre esa rabia sin perjudicar a nadie? Lo más común sería seguir el consejo que le hubiese dado al niño alemán: cuenta hasta diez. Pero no siempre es posible, más aún si frente a nosotros ya no se trata de un rival que nos quita de la partida sino una injusticia/lag/chetamiento del propio juego. ¿Cuántas veces hemos muerto por un pequeño tirón que nos hace perder unos segundos vitales? ¿Qué es lo primero que hacemos tras perder todos los ecos de sangre que nos ha costado conseguir media hora? Pues desearle lo peor al juego, a su madre, y a todo lo que se mueve.

Hemos podido ver furias expresadas de esta forma hasta en el cine. Recordemos al último villano de Star Wars destrozando el panel de mandos haciéndonos tener un déjà-vu con aquel chaval alemán que debe estar ahora intentando arreglar un teclado décadas roto y famoso por ser estrellado por toda su habitación y visto por todas las habitaciones del mundo gracias a YouTube. 

Es normal sentir rabia, enfado e incluso frustración, porque somos personas y en un juego también entra nuestra propia humanidad. Eso no hay cable ni videojuego que nos la quite.