¿Qué coño nos está pasando? Consumismo y diógenes

Rescato este artículo aprovechando el nuevo servicio de suscripción mensual de Humble Bundle, en el que por 12€ al mes nos enviarán juegos de vez en cuando.

Cada día las estanterías y las bibliotecas digitales de las plataformas de juegos que poseo crecen y crecen inversamente proporcianal al cada día más escaso tiempo que tengo para dedicarles. Xbox Live, PSN, eShop, Origin, GoG y especialmente Steam. ¿En qué momento me he vuelto un diógenes acaparador de juegos que jamás jugaré?

¿De quién es la “culpa”? ¿de las rebajas de Steam? ¿De los Humble Bundles? ¿De los juegos “gratis” de Games With Gold? Obviamente la culpa es solo nuestra. Nadie nos ha obligado a comprarlos. Maldita sea, somos un público adulto, avezado y curtido en más de 5 generaciones de consolas y PCs. Y muy lejos de haber madurado como consumidores nos hemos vuelto más acaparadores y consumistas que cuando eramos niños.

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¿Qué coño nos está pasando?

Somos gente crítica, con aptitudes sociales y cognitivas que nos permiten discernir en todos los demás campos del consumo los engaños, la publicidad engañosa, valoramos los pros y los contras antes de comprar los productos (véase hombres parados largos minutos en los pasillos de los supermercados decidiendo qué desodorante o cuchilla de afeitar van a incluir en su cesta de la compra).

Pero esto va más allá. Muchos de nosotros rozamos o aceptamos el anticapitalismo y comprendemos que el sistema económico neoliberal en que nos encontramos es una de las causas principales de la miseria del mundo actual. Estamos en contra de la explotación laboral y de los oligopolios. Eso sí exceptuando la industria de los videojuegos. Maldita Endesa. Pérfida Telefonica. Pero ¡oh, dios mío! no te metas con mi querida Sony o dejaré de dirigirte la palabra. Qué decir de los jugadores de PC que se autodenominan la “master race” (la raza maestra), y desde ese mismo ordenador proclaman soflamas contra la explotación animal o la igualdad racial. Por no olvidar que varias de nuestras “queridas” empresas se han dejado robar datos personales y bancarios de sus usuarios. Algo verdaderamente grave y aterrador, pero que olvidamos, obviamos e incluso aceptamos.

Insisto, ¿qué coño nos está pasando?

Rozamos la ludopatía clínica, el servilismo mercantil y probablemente tengamos serios episodios de diógenes. ¿De verdad queríamos ser así de pequeños? ¿Así de esclavos?