Por qué Birdman no me parece una gran película

Desde que se estrenó, la película de Alejandro González Iñárritu no ha hecho más que cosechar éxitos. Muy premiada y seguramente la triunfadora en la gala de los Oscars que se celebrará esta madrugada. Se ha metido en el bolsillo tanto a la crítica como al público, algo que no es tan habitual como parece. Yo no me considero muy exigente valorando películas, pero encuentro este ambicioso largometraje un tanto engañoso.

Para empezar me he hartado de leer que esta película es imprevisible y original. Por un lado estoy de acuerdo, por otro totalmente en desacuerdo. En cuanto a argumentación, el tema que toca Iñárritu es de lo más normalito en la industria cinematográfica, y ello no es un defecto, pero tampoco es una virtud. Hemos visto decenas y decenas de películas que tratan sobre el ocaso de una estrella, de una celebridad. Hay muchas, no las voy a enumerar todas porque resultaría hasta aburrido, pero así de repente me vienen a la cabeza un par de cintas de Billy Wilder: El Crepúsculo de los Dioses y Fedora, o The Wrestler, de Darren Aronofsky, con un excepcional Mickey Rourke. En el caso de las mencionadas del maestro Wilder, la primera resulta ser una obra maestra absoluta del cine, sin embargo la segunda es una película más, que fácilmente se va borrando de la memoria del espectador. Es decir, y siempre lo he dicho, una película simplemente tiene que funcionar, tiene que ser buena, no importa el tema o argumento de que trate etcétera etcétera etcétera. Eso si, no es fácil que se den todos los aspectos para que una película sea una buena película. Por el otro lado, sí es cierto que lo que es original en Birdman es el estilo. Una película que transcurre durante un gigantesco plano-secuencia -obviamente falseado- y que he de decir que me ha supuesto una agonía. Es la primera vez que en una película un plano-secuencia me resulta agónico. ¡Que acabe ya! Eso es lo que pensaba, y no acababa nunca por desgracia. Porque sí es cierto también que el cine va de falsear, ya que uno de los primeros principios del cine es que todo lo que observa la mirada del espectador es ficción y subjetivo, a pesar de que la cámara sea objetiva. Pero no me parece un trabajo honesto el de Birdman, y no me parece honesto hacer lo que hace Iñárritu con el estilo.

Seguimos, Emmanuel Lubezki, el director de fotografía, el mismo que trabajó con Alfonso Cuarón en Gravity. Sí, consigue junto el equipo técnico y la genialidad del director transmitir un estilo y una estética vistosa, original, bonita, espectacular dentro de la poética de lo mugriento y lo decadente. De acuerdo, aspectos técnicos que en este caso ni suman ni restan, simplemente llaman la atención. No funcionan, no convierten este cine en un cine honesto. Enfrascados en el exceso, donde los diálogos son previsibles y que todo unido me llevaron del hastío y el aburrimiento al sopor. En el apartado de actores, solo realiza un trabajo destacable Keaton. Edward Norton sobreactúa más que en El Increíble Hulk, no lo encuentro cómodo delante de la cámara, y el personaje me resulta insulso, me deja frío. Observo y aprecio el intento de Iñárritu por conseguir lo que ha conseguido de forma global, pero personalmente a mí no me llega. Lo más destacable de este largometraje es, sin duda, Michael Keaton, que está absolutamente genial, se come la película y devora los monólogos. La segunda parte de la película crece y crece gracias a este hombre, en cuanto desaparece su monólogo Birdman va cayendo.

En fin, me gustaría comprender realmente qué es lo que ha hecho Iñárritu para convencer a tanto y tanto público. A mí, desgraciadamente, me deja frío. Birdman me resulta pedante, facilona, excesiva y aburrida en probablemente uno de los años más flojitos de las historia reciente de los Oscars.