¿De dónde viene Silent Hill? Con ustedes, Jacob’s Ladder

Año 1998, Atlanta. Konami presentaba en el E3 su aportación al género de terror de la mano de uno de sus estudios internos, Team Silent, dirigido por el diseñador Keiichiro Toyama y cuyos integrantes principales fueron el escritor Hiroyuki Owaku, los artistas Masahiro Ito y Masashi Tsuboyama, y el compositor Akira Yamaoka. Aunque en un principio se concibió por parte del público como un simple “copy & paste” del juego del momento, Resident Evil, pronto se hizo un hueco en el mercado por méritos propios ya que, mientras el título de Capcom estaba más centrado en un terror más visceral y gore (sobre todo a partir de la segunda entrega de la saga), Silent Hill quiso enfocar su propuesta hacia un terror más psicológico, tomando referencias fílmicas como Jacob’s Ladder y Twin Peaks, o literarias, como las obras de Stephen King y H.P. Lovecraft.  Y aquí es donde queríamos llegar.

Si lo que queremos es hablar del origen del universo de Silent Hill, el punto de partida es, sin duda alguna, la película de 1990 protagonizada por Tim Robbins (Arlington Road, Mystic River) y originalmente llamada Jacob’s Ladder (“La escalera de Jacob”). El Team Silent se inspiró mucho en esta película para crear la trama y la atmósfera del Silent Hill original y su sucesivo cronológicamente, Silent Hill 3. Muchas han sido las similitudes que se han visto reflejadas en las dos obras desde que los propios creadores confirmaron su completa devoción por la película que tenemos entre manos. ¡Suelos de rejilla, monstruos contorsionistas y sillas de ruedas para todos!

Uno de los conceptos más explotados en los Silent Hill es el continuo sentimiento de desolación que sufren los protagonistas a lo largo del juego y que suele desarrollarse a partir  sucesos que les atormentan desde el comienzo del mismo. Pueden ser desde la pérdida de un ser querido (James de Silent Hill 2) hasta recuerdos reprimidos (Alex de Silent Hill Homecoming) o trastornos psicológicos (Travis de Silent Hill Origins), entre otras cosas. En la película, Jacob ha perdido a su primogénito  con quien tenía una estrecha relación padre-hijo, mientras que, a su vez, sufre en cierta medida estrés post-traumático tras su paso por la guerra de Vietnam. Esto ya sitúa al espectador en un marco gris y profundamente desolador donde el protagonista no tiene nada que perder.

Otro de los puntos más característicos del juego es la existencia de varios mundos, dimensiones, realidades paralelas o como lo queráis llamar. Esto ya es bastante desconcertante de por sí (que se lo pregunten sino al agente especial del FBI Dale Cooper). ¿A quién nunca le ha pasado que vas caminando tranquilamente por las calles de Silent Hill, suena una sirena en la lejanía y, de repente, todo a tu alrededor empieza a rezumar sangre y óxido? ¡Pues lo más normal del mundo, oiga! Esta era la señal de que pasábamos del “mundo real” al “mundo pesadilla” en el videojuego. En la película del amigo Jacob esto también ocurre, aunque de una manera más sutil y gradual. Se da sobre todo en las escenas del hospital (un lugar también muy típico de Silent Hill). Se ven habitaciones donde el protagonista se topa con objetos de su pasado que no deberían estar allí, empieza a sentirse inmerso en un lugar donde todo el mundo ha perdido la cabeza, y hasta restos de extremidades humanas se acumulan en pasillos y cubículos.

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Siguiendo con las comparaciones, uno de los momentos más WTF (momentos de esos que te quedas con el culo torcido) es cuando en Silent Hill 3, tras patearnos gran parte del juego cargándonos a todo tipo de criaturas y enemigos, uno de los personajes secundarios de la trama, Vincent, le dice Heather, nuestra protagonista, “¿Eso son para ti… monstruos?” Un hecho que nos hacía plantearnos qué es lo que habíamos estado haciendo realmente, si todo era parte de la mente enfermiza de la protagonista o, simplemente, era una manera más de hacernos perder la razón. En Jacob’s Ladder algunos de los compañeros ex combatientes de Jacob también experimentan visiones de seres extraños que los persiguen, aunque no se sabe a ciencia cierta si todos ven exactamente lo mismo. Otros, incluso, no ven nada fuera de lo normal y lo toman por loco. Este es también un hecho que se repite en muchos de los juegos; personajes que, aunque el pueblo esté lleno de criaturas deformes y demoníacas, viven en él como si de cualquier otro día se tratara  y su única preocupación fuera bajar a comprar el pan.

Existen otros puntos similares entre la película y el videojuego, los cuales simplemente vamos a ver por encima para no tener que hacer uso de la alerta de spoilers. Todos los juegos de esta saga siempre han constado de varios finales distintos, pero el final de la Jacob’s Ladder se corresponde con el “final malo” de Silent Hill. Tanto en la película como en el juego hay una droga alucinógena de por medio (casi parece que estamos en Twin Peaks de nuevo y todo). El culto que aparecía en el videojuego se financiaba con una droga bastante famosa en la región y que se vendía entre los turistas,  llamada PTV. En Jacob’s Ladder también se hace alusión a una droga denominada “la escalera”. Un ser mutilado y con el rostro cubierto aparece por momentos ante los ojos de Jacob, este mueve la cabeza a espasmos pero de manera muy acelerada (que, por cierto, da un mal rollo que flipas) y que, al igual que en la película, lo podemos ver en el videojuego Silent Hill Origins. Todo esto, unido a los hospitales de pesadilla, las estancias llenas de rejas y de sangre y el resto de criaturas que se aparecen en el film, crea un caldo de cultivo muy propicio para lo que luego fue la creación del universo Silent Hill.

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Para terminar tenemos que hacer una última parada en otro los temas que surgen de manera recurrente a lo largo de la saga de videojuegos y por supuesto también en Jacob’s Ladder: la religión.

Para la mayoría de los personajes que llegan a Silent Hill, todo el recorrido en su paso por el pueblo supone una especie de redención o expiación de un acto o actos concretos que han realizado a lo largo de sus vidas (redención de los pecados), aunque ellos no tengan constancia de esto, pues sólo están allí porque el mismo Silent Hill les ha “llamado” (algo parecido comentaba también cierto agente Cooper sobre otro pueblo con nombre de accidente geográfico). Poco a poco, los personajes se van dando cuenta de por qué están allí, y el propio jugador va descubriendo el pasado de los protagonistas y dándose cuenta de que no son tan neutrales o “limpios” como parecían serlo en un principio.

Jacob’s Ladder también representa un recorrido por el pasado del protagonista con el cual puede echar la vista atrás y aceptar los acontecimientos de su vida para así purgar definitivamente su alma y vivir en paz y aceptación, aunque eso conlleve llegar a los límites más macabros de la propia realidad. Es más, la “escalera de Jacob” es una escalera mencionada en la Biblia (Génesis 28:11-19) por la cual los ángeles ascendían y descendían del cielo y que fue vista por el patriarca Jacob en un sueño. El mismo Jacob que en la película acaba aceptando que:

Lo que arde en el infierno es la parte de ti que no se va de tu vida. Tus recuerdos, tus vínculos, los queman todos allí. Pero no para castigarte, sino para liberar tu alma.

Como último dato solo añadiré, para quien no lo sepa, que los habitantes de Silent Hill son mucho de solucionar los problemas a base de fuego…

En fin, nunca es tarde para sumergirse en el ya mítico pueblo recubierto de niebla por primera vez y dejaros hechizar por su profunda historia, digna descendiente de las mejores novelas de suspense y terror. ¿Que no os apetece? Pues entonces podéis echarle un ojo a Jacob’s Ladder, una película que ya es considerada de culto. En cualquier caso, palomitas y a disfrutar.

@jorchoRoroncho