OO7 QUANTUM OF SOLACE

(Quantum of Solace), 2008

quantum-solace-poster-2.jpgDirector: Marc Forster;
Guión
: Paul Haggis y Neil Purvis & Robert Wade, según el personaje creado por Ian Fleming;
Música: David Arnold;
Fotografía: Roberto Schaeffer;
Montaje: Matt Chessé y Richard Person;
Producción: Columbia Pictures y MGM;
Intérpretes: Daniel Craig, Olga Kurylenko, Mathieu Amalric, Jeffrey Wright, Gemma Aterton, Fernando Guillén Cuervo, Giancarlo Giannini, Judi Dench.

EE. UU. / Reino Unido

106 minutos

“Avísame cuando te hayas vengado.
Quiero saber qué se siente”

Reinventarse o morir. Eso se plantearon los productores de la saga más larga de la historia del cine (cuarenta y seis años de vida, veintidós largometrajes más dos no oficiales), los todopoderosos Michael G. Wilson y Barbara Broccoli, después de la marcha de Pierce Brosnan tras cuatro pelis encarnando a James Bond. Avispados ellos, y añadiendo a los guionistas habituales de la serie la sólida presencia de Paul Haggis (director de Crash, Oscar al mejor guión por Million Dollar Baby), reinventaron al mítico agente 007, volviendo a sus orígenes, contando cómo James se convirtió en Bond, y desde una perspectiva mucho más adulta, dramática, y profunda. Dos nombres resonaban en esta decisión: el de Batman (un año antes Christopher Nolan había estrenado su exitosa revisión del superhéroe… aún faltaban tres para el bombazo de El caballero oscuro), y Jason Bourne, cuya trilogía había renovado el cine de acción, primando los guiones sólidos, la historia, los diálogos y los personajes con enjundia por encima de las explosiones, las peleas, o las persecuciones. El resultado: 007 Casino Royale, la mejor película de James Bond desde los tiempos de Sean Connery (y, a su manera, la mejor peli de la saga), gracias en gran parte a Daniel Craig, el nuevo 007, que se sobrepuso a las (muchas) críticas de su elección y entregó una interpretación magistral, adecuándose a la profundidad, dramatismo, y oscuridad con la que el guión se acercaba ahora al personaje. Nada de explosiones, misiles, satélites, malos de cómic. Escenas de acción, pocas, y todas muy buenas. Peleas violentas, duras. Un Bond más asesino, más oscuro, más vulnerable, que sangraba, era torturado, y perdía al amor de su vida. El film fue un éxito. La segunda incorporación de Craig como Bond es Quantum of solace, la primera secuela directa en la historia de la saga, pues comienza apenas una hora después de donde quedó el primer film, y donde el agente 007 busca vengar la muerte de Vesper Lynd, la chica que conquistó su corazón pese a ser agente doble, y hallar un poco de consuelo (traducción literal del título). Quantum of solace es la peli más cara de Bond (225 millones de dólares), la más corta (apenas una hora y tres cuartos), la más violenta, la menos sexual (Bond sólo se acuesta con una chica, y de pasada), la más viajera. Es una buena peli de acción, una interesante nueva entrega de Bond, y una decepción a la vez.

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Las expectativas eran muchas después de 007 Casino Royale, porque ésta no era sólo una muy buena película de Bond, sino que era una buena película, a secas. Las diferencias principales están en el guión, y en la dirección. El guión de Quantum of Solace, a diferencia de la anterior, prima más la acción sobre la historia, y sobre el desarrollo de los personajes. Condensa en muy poco tiempo (dura casi cuarenta minutos menos que Casino Royale, la cual, todo sea dicho, era excesivamente larga) muchas escenas de acción, a veces incluso sin dar tiempo a respirar, y la historia se desarrolla confusa y atropellada, ya incluso desde el comienzo, va de un país a otro sin que en ningún momento sepamos muy bien por qué. Reúne algunos de los aciertos de Casino Royale, pero acaba rozando algunos de los peores tics de la etapa Brosnan. Entre los primeros, están las peleas cuerpo a cuerpo, secas, violentas, sangrientas; también algunas escenas íntimas, con gran peso de los diálogos; y sus malvados con los pies en la tierra, es decir, banqueros, magnates, políticos. De los segundos, el exceso de persecuciones, ya sea en coche, moto, barco, o incluso avión, así como su clímax en una construcción en medio del desierto envuelta en llamas. En cuanto al director, resulta por lo menos curioso que sea más acertada la labor de un artesano como Martin Campbell, que no la del mucho más interesante y polifacético Marc Forster (Monster´s ball, Cometas en el cielo). Allá donde Campbell hizo todo un alarde de elegancia formal y estilística, ya fuera en su portentoso comienzo en blanco y negro, la persecución inicial, la partida de póker, o la estupenda escena de la tortura, Forster resulta precipitado, no deja huella ni estilo, se le nota incómodo en las escenas de acción, muchas de ellas resueltas con un montaje tan vertiginoso que acaban por marear al espectador (la persecución en coche inicial, la de las lanchas, la horrible escena de los aviones). Y, encima, juega con un guión inferior, lo cual acaba de rematar su insatisfactoria tarea.

En cuanto a la tan cacareada profundización en Bond, qué decir. Daniel Craig está perfecto, es sencillamente el Bond más humano y profundo de la saga, el más oscuro, el que más se acerca a su concepción original, un asesino a sueldo, aunque sea a sueldo de un país. Hay apuntes, momentos, donde Craig puede lucir el gran actor que es, pero están muy por debajo, y son muchos menos, que en Casino Royale. Ha pasado un poco como en El caballero oscuro, la historia ha acabado devorando el desarrollo del personaje, acaso lo más interesante. Otros actores aportan un gran carisma a sus desdibujados personajes, como Judi Dench, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini, mientras que tanto la chica, Olga Kurylenko (la única chica Bond con la que no se acuesta… en fin), como el malo, el excelente actor francés Mathieu Amalric, carecen de chispa. El personaje de éste no es tan interesante como el LeChiffre de Casino Royale, ni la Kurylenko es tan buena actriz como Eva Green.

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Aún así, merecen rescatarse escenas, algunas de ellas impecables. Por ejemplo, la persecución por los tejados de Siena (aún así inferior a la que daba inicio a Casino Royale), que culmina con la cámara cayendo con Bond y su enemigo a través de una cúpula en un plano espectacular; la violenta y rápida pelea en un hotel de Haití; el aceitoso homenaje a James Bond contra Goldfinger; y el montaje en paralelo, homenaje a la saga de El padrino, durante una representación de la ópera de Puccini “Tosca” (la mejor escena del film, que debería pasar por derecho propio al Olimpo de las mejores secuencias Bond de la historia). Junto a ellas, escenas de cariz más dramático, e íntimo, que es donde mejor se siente Forster, como los diálogos entre Giannini y Craig (impecable su conversación en el bar de un avión), o éste con Wright, y todos y cada uno de los cara a cara entre Craig y esa gran dama que es Judi Dench, especialmente en el epílogo que cierra la historia en Rusia.

En fin, estamos ante una interesante película de acción, que agradará a los seguidores del género (yo no lo soy; pero sí un fanático de 007), a quienes les gustó la Trilogía de Bourne. También es una buena peli de James Bond, que sigue en la estela de Casino Royale, y confirma los nuevos aires de la saga después de la excesivamente fantástica etapa Brosnan, y aunque supone una decepción comparada con su primera parte, espero con interés (y con un martini seco con vodka, mezclado, no agitado) una nueva entrega de este nuevo Bond, James Bond.