Merriweather

part II

animal_collective_merriweather345.jpgAdiós a la ira y a los gritos de loco. No se echan de menos (no porque no molasen, ojo). En Merriweather hay menos experimentación porque no la necesitan, saben lo que tienen que hacer, no hay palos de ciego. Lo que sí hay es mucha inspiración musical. Parece como si estos chicos se hubiesen levantado un buen día, hubiesen descubierto el sentido de la vida y se hubiesen puesto a grabarlo en un CD. Es un disco liberador. Demuestra que para hacer un pedazo de maravilla de disco de música alternativa no hace falta ser pretencioso ni hacer llorar de tristeza a nadie, aquí se está más cerca de llorar de alegría. En definitiva, es su disco más pop, y se puede decir que es incluso accesible e inmediato, no para el público de Andy y Lucas, pero para un oído acostumbrado a las moderneces es fácil levitar con temazos como Summertime Clothes a la primera escucha. Pero esto sigue siendo música rarita, no veremos en la tele a nadie diciendo “¿quieres tener a Animal Collective en tu móvil? envía ANIMAL al 7521”.

Merriweather Post Pavilion (nombre tomado de un pabellón de Maryland que nada tiene que ver con el disco) no es una mera colección de canciones, más o menos buenas o malas. Es, como el Loveless de My Bloody Valentine, de esos discos-viaje. De esos que la calidad del conjunto está por encima que la calidad individual de los temas. De esos que el orden de las canciones y el inteligente paso de una a otra ayudan a crear una sensación de travesía sonora, de conjunto coherente. De esos pocos que si te los pones en el reproductor con la intención de oír sólo una canción acabas escuchándolos enteros.

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Todo el disco tiene un sonido denso, absorbente, acuoso, casi se puede nadar en él. La riqueza de texturas es apabullante y la calidad y variedad de los arreglos suena a gloria. Es un disco que mientras se escucha te vienen a la mente constantemente frases como “qué hijos de puta… cómo lo habrán hecho… esto no es de este mundo…”. Merriweather Post Pavilion es un no parar de futuros himnos indies. Desde el primer tema, In the Flowers, que arranca con unos extraños ruidos abismales de entre los cuales van surgiendo poco a poco unos misteriosos arpegios, poco después comienza a cantar Avey Tare ¿bajo el agua?. Un goteo marca el ritmo. Es un tema precioso, de lenta evolución, parece que va a explotar en cualquier momento. Y explota. Una de las señas de identidad de Animal Collective son los cambios bruscos. Lo suyo no son los crescendos para llegar a un clímax. Son más de atacar por la espalda a traición, y en este primer corte te das cuenta de golpe en el minuto 2:31 de que este disco va a ser muy grande. Y quedan otros 10 temas para confirmarlo.

Cuando todavía no te has recuperado de In the Flowers comienza a sonar la aún más colosal My Girls. Una adorable melodía como de serie de dibujos animados. Poco a poco se va construyendo el tema, se añaden voces, los ritmos mutan, nuevas armonías, entra un bajo colosal, un estribillo hermosísimo. Nuevamente la gloria. Y sólo llevamos dos canciones. Qué hijos de puta.

No hay pausa. Comienza Also Frightened. Más Beatles que nunca. Podría estar en el Sgt. Pepper’s por su sonido feriante. No es tan grande como las anteriores pero mantener ese nivel era imposible. ¿O no? Porque llega Summertime Clothes con la intro más espectacular que se ha oído en años, suena como un bosque marchando hacia un castillo. Al poco unas melodías celestiales sobre miles de capas de sonidos electrónicos de otra dimensión se adueñan de tu mundo. Insoportablemente genial. Para colmo es hasta bailable. ¿Cómo lo habrán hecho…?

Después de esto cualquier cosa suena a poco, es como saltar al campo en sustitución de Pelé, como ser la película que va tras El apartamento en una sesión continua. Y aunque Daily Routine intenta ser una digna continuación de Summertime Clothes y con esa intro parece que va a ser otro temazo, se queda a medias. El leve bajón lo arregla Bluish. La canción más tierna que ha hecho esta gente. Para variar la intro es inexplicable, las armonías vocales dignas de Brian Wilson y sus colegas, y los arreglos paradisíacos. Es esta mezcla de clasicismo sesentero y futurismo lo que hace de Merriweather Port Pavilion un disco tan bueno. Quizás el estribillo es un pelín ñoño para que sea una maravilla de canción. Pero sigamos porque ya suena Guys Eyes y su piano que suena a carga de profundidad de muchos megatones. Otro bombazo.

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Llega Taste, la octava canción, las otras siete se han pasado volando a pesar de que duran más de cinco minutos de media. Taste es la más corta pero no se queda escasa en calidad. Pero, un momento… ¿esto qué es? ¿Reggae Industrial? Grandes, una vez más, grandes. Otra marca de la casa que no han perdido son los mantras. En este caso se repiten la pregunta Am I really all the things that are outside of me? No hay tiempo para responderla, suena la magnifica Lion in a Coma Con su instrumentación freak y sus voces de robot de juguete. Juguetona hasta que llega al estribillo con una nueva frase para repetir hasta la extenuación: Lion in a coma. Podemos afirmar que el título da lo que promete.

Ya sólo quedan dos canciones, que por muy malas que fuesen no iban a conseguir arruinar las excelentes sensaciones que hasta aquí ha dejado el disco. No More Runnin’ es la canción más floja (o menos genial) del disco. Relajante y sencillita, sin recargos de ningún tipo, y sin brillantez. Esto se acaba, pero aún hay tiempo para otra maravilla. Brothersport es una canción-fiesta. El sonido de una verbena en el año 5000. Suena demasiado rara para sonar en la fiesta veraniega de tu barrio y quizá sólo gustará a los fans de la música alternativa, pero… es que suena tan terriblemente alegre y festiva que es imposible estarse quieto al escucharla. Cambios de ritmo potentísimos, melodías pegadizas… Brotehrsport es el broche de oro con incrustaciones de diamante. Esto no es de este mundo.

¿Qué nos queda después de escuchar este disco? Principalmente ganas de escucharlo de nuevo cuanto antes. Además de la sensación de haber escuchado un disco sencillamente excelente. Pero este no es un disco para escuchar en plan sesudo con papel y lápiz para apuntar hallazgos y analizar críticamente la calidad de las canciones. Es un disco que simplemente se disfruta, que te alegra el día (o el mes). A pesar de lo rarito o experimental que pueda ser, el buen rollo es constante. Pero no un buen rollo superficial y facilón, sino una alegría que surge desde la melancolía, desde la ira, el descontrol, la locura y la desesperación de los anteriores trabajos del grupo que se transforman catárticamente en Merriweather Post Pavilion en una esperanzadora y armoniosa sinfonía. Es el impensable final feliz de una tragedia Shakesperiana.

Transmitir esa felicidad no lo consiguen muchos grupos, ni siquiera el mejor de los últimos 15 años. Radiohead tienen ya su sitio junto a lo grandes de la Historia de la Música gracias a una amplia colección de genialidades inalcanzables para la gran mayoría, pero su música es siempre amarga. No encontraremos Dear Prudences ni All You Need is Loves en su obra. En Merriweather Post Paviliion sí. Y es que se puede decir que en cierto modo Animal Collective hacen evolucionar la música desde donde la dejaron los Fab Four. No es que Animal Collective no beban también de las fuentes de la electrónica experimental de las últimas décadas, ni que copien a Lennon & Co. Pero la belleza melódica de sus canciones unida a su absoluta libertad a la hora de componer y su prolífica carrera (ocho álbumes en ocho años ya no lo hace nadie) hacen que no sea ridícula la comparación. La cuestión es que si bien los Beatles además de unos genios musicales eran un fenómeno de masas, en los últimos años sólo son fenómenos de masas grupos de escasísima creatividad como los Jonas Brothers, y para buscar la música verdaderamente buena de esta década hay que escarbar un poco. Porque siendo realistas, la mayor aspiración de Animal Collective en cuanto a repercusión mediática es que pongan de fondo una canción suya como fondo de algún video de Informe Semanal o en alguna cortinilla de la Cuatro. Y eso que en los círculos más alternativos hay voces que les acusan de volverse comerciales en su nuevo disco. Decir eso es simplemente ridículo. La música más demente de Animal Collective sigue estando ahí para disfrutar de ella. Esto es algo nuevo. Han abandonado la violencia de algunas de sus canciones, pero han ganado en fuerza. Y hacer un disco más alegre es una evolución tan válida como cualquier otra. Además de que es obvio que su música está en las antípodas de ser comercial. El 90% de tus conocidos se asustará o te insultará si le pones cualquier canción del Panda y sus amigos. No hay por tanto absolutamente nada negativo que decir de esta gloriosa maravilla musical. Así que un consejo: deja de leer esta mierda y ponte a escuchar Merriweather Post Pavilion.