Marc Laidlaw, ex guionista de Valve, revela cómo habría sido Half-Life 2: Episode 3

Oh, Valve. Nos has dado tanto estos últimos años: sombreros, ofertas, DOTA, sombreros… Pero nada de esto era lo que en realidad queríamos de ti (aunque, vamos, las ofertas están bien, ¡seguid así!). Los deseos de los fans de Half-Life, de un final decente para esta obra maestra del videojuego, nunca llegaron a cumplirse. De hecho, no nos habéis dado ni un indicio de que tenéis la intención de continuar la saga de Gordon Freeman.

Felizmente, existe gente como Marc Laidlaw. Este ex colaborador de Valve, que trabajó como desarrollador y guionista tanto para el Half-Life original como para su secuela y episodios, abandonó la compañía en el 2016 para dedicarse a cosas más estimulantes que los actuales intereses de Valve en vendernos cosicas muy baratas. Laidlaw fue noticia la semana pasada por haber publicado una entrada en su blog en la que cuenta la que podría haber sido la trama de ese tercer episodio de Half-Life 2 que nunca llegó a ver la luz del día y que, lamentablemente, nunca lo hará.

Lo hace en forma de una carta dedicada a los jugadores (¨Playa¨, jeje) de parte de Gordon Freeman, camuflado bajo el alias ¨Gertie Fremont¨. Asimismo, utiliza otros alias para referirse a varios personajes del juego, con el fin, probablemente, de no enfadar a sus antiguos jefes. Aquí os dejamos una traducción de la entrada, en la que hemos cambiado también los nombres de los personajes por los verdaderos. Esto puede ser lo más cercano que tengamos a una conclusión de la historia de nuestro físico teórico favorito, así que apreciadlo y guardadlo en vuestros corazones.

Estimado Playa,

Espero que esta carta te encuentre con salud. Ya puedo oir tus quejas. ¨Gordon Freeman, ¡no sabíamos nada de tí desde hace años!¨Bueno, si te interesa escuchar excusas, tengo varias. La más grande de ellas es el hecho de haber estado en otras dimensiones y cosas así, sin poder comunicarme contigo por métodos convencionales. Esto continuó así hasta hace dieciocho meses, cuando experimenté un cambio radical en cuanto a mis circunstancias y fui devuelto a estas costas. Desde entonces, he podido, ocasionalmente, pensar  sobre cómo describir los años anteriores, mis años de silencio. Antes que nada, te pido perdón por la demora. Hecho esto, me apresuro a explicar finalmente (aunque breve, rápida y muy poco detalladamente) los eventos que siguieron a aquellos que te describí en mi epístola anterior (referida aquí como Epístola 2).

Para empezar, como recordarás por los párrafos finales de mi carta anterior, la muerte de Eli Vance nos estremeció a todos. La Resistencia quedó traumatizada, sin idea alguna de cuán comprometidos habían quedado nuestros planes, y sin saber si, al menos, tendría sentido continuar de la manera que teníamos en mente. Y, sin embargo, una vez enterrado Eli, encontramos la fuerza y el valor para reagruparnos. La fuerte convicción de su valiente hija, la febril Alyx Vance, nos empujó a seguir los designios de su padre. Teníamos las coordenadas del Ártico que nos transmitió la asistente de Eli, la dra. Judith Mossman, donde pensábamos que encontraríamos los restos de una nave de exploración científica llamada Borealis. Eli pensaba que era imperativo que el Borealis sea destruído antes de que cayera en manos de la Alianza. Otros en el equipo no estaban de acuerdo con esto, pensando que el Borealis podía guardar el secreto para el éxito de nuestra revolución. De cualquier manera, poco valían nuestros argumentos hasta que encontráramos la nave. Por lo tanto, inmediatamente después del funeral del dr. Vance, Alyx y yo abordamos un hidroavión y nos dirigimos hacia el Ártico: un equipo de soporte más numeroso, mayormente de milicianos, nos seguiría en un transporte distinto.

No me queda claro qué fue lo que derribó nuestro vehículo. Las horas subsiguientes que pasamos atravesando el páramo helado durante una ventisca también aparecen borrosas en mi memoria. Lo siguiente que recuerdo con claridad es cuando al fin nos acercamos a las coordenadas que la dra. Mossman nos había facilitado, donde esperabamos encontrar el Borealis. Lo que encontramos en realidad fue un complejo fortificado, con todas las características de la siniestra tecnología de la Alianza. Rodeaba una amplia área de hielo. No había rastro de Consejeros… al menos, no al principio. Pero, a medida que nos infiltramos sigilosamente en la instalación de la Alianza, nos dimos cuenta de un recurrente y extrañamente coherente efecto de aurora boreal – como de un vasto holograma apareciendo y desapareciendo. Este extraño fenómeno parecía, inicialmente, un efecto causado por alguna lente gigante de la Alianza, pero pronto nos dimos cuenta de que se trataba del Borealis, abandonando yvolviendo a nuestro plano de existencia bajo las luces de los aparatos de la Alianza. Los alienígenas habían erigido un complejo para estudiar y apoderarse de la nave cuando se materializase. Lo que la dra. Mossman nos había dado no eran las coordenadas de la nave exactamente, sino de dónde estaba previsto que aparezca. El Borealis oscilaba entre nuestra realidad y otras desconocidas, palpitando y estabilizandose poco a poco, aunque sin la certeza de que acabaría quedándose en su lugar por mucho tiempo – o en absoluto. Acordamos que debíamos mantener nuestra posición y esperar al instante en el que se manifestara físicamente por completo.

Para entonces, habíamos sido detenidos momentaneamente – aunque no capturados por la Alianza, como nos lo habíamos temido en un principio, sino por los secuaces de nuestro antiguo némesis, el connivente y traidor Wallace Breen. El dr. Breen no lucía igual que la última vez que le vimos – es decir, no estaba muerto. En algún momento, la Alianza había guardado una versión antigua de su consciencia y, luego de su muerte física, imprimieron esa personalidad guardada en un cuerpo biológico que se asemejaba a una gigantesca babosa. Esta Babosa’Breen , a pesar de ocupar una posición relativamente importante en la jerarquía de la Alianza, parecía nerviosa y temerosa de mí, particularmente. Wallace no sabía que su anterior encarnación, el dr. Breen original, había muerto. Sólo sabía que yo había sido el responsable. Por ello, la babosa nos trataba con gran precaución. Sin embargo, pronto confesó (siempre le había sido imposible quedarse callado) que ella misma era una prisionera de la Alianza. Su actual y gortesca existencia no le producía ningún placer, y nos pidió que acabáramos con su vida. Alyx pensaba que una muerte rápida era más de lo que Wallace Breen merecía pero, por mi parte, sentía una pequeña mezcla de compasión y pena. Fuera de la mirada de Alyx, hizo algo que apresuró la muerte de la babosa antes de que continuáramos.

No muy lejos de donde nos detuvo el dr. Breen pudimos encontrar a Judith Mossman atrapada en una celda de interrogación de la Alianza. Las cosas era tensas entre Judith y Alyx, como se puede imaginar. Alyx culpaba a Judith por la muerte de su padre… noticias que dejaron a Judith devastada, al ser la primera vez que las oía. Judith intentó convencer a Alyx de que había estado trabajando todo este tiempo como agente doble para la resistencia, haciendo solamente lo que Eli había requerido de ella, incluso sabiendo que esto le haría quedar como una traidora ante todos sus pares, todos nosotros. Yo quedé convencido; Alyx, no tanto. Pero, desde un punto de vista pragmático, dependíamos de la doctora Mossman ya que, además de las coordenadas del Borealis, poseía las llaves de resonancia que serían necesarias para traer a la nave completamente a nuestro plano existencial.

Luchamos contra las fuerzas de la Alianza que protegían el puesto científico y luego la dra. Mossman configuró el Borealis en las frecuencias precisas para traerlo a una (breve) existencia en nuestra realidad. En el escazo tiempo del que disponíamos, logramos abordar la nave, aunque con un número desconocido de soldados de la Alianza detrás nuestro. La nave alcanzó coherencia solamente por un corto periodo de tiempo, luego del cual volvió a oscilar. Fue demasiado tarde para nuestroapoyo militar, que llegó y se unió a la batalla ocn las fuerzas de la Alianza justo cuando empezamos a rebotar entre las dimensiones, nuevamente sin rumbo.

Lo que sucedió después es aún más difícil de explicar. Alyx Vance, la doctora Mossman y yo buscamos el centro de control de la nave – su fuente de poder, el centro de navegación. La historia de la nave resultó ser no lineal. Años antes, durante la invasión de la Alianza, varios miembros del equipo científico, trabajando en el casco de la nave en un muelle situado en la Base Científica de la Isla Tocsin, en el lago Hurón, habían ensamblado lo que pasaron a llamar ¨dispositivo Bootstrap¨. Si funcionaba como debía, emitiría un campo de fuerza lo suficientemente amplio como para envolver toda la nave. Este campo viajaría entonces al destino elegido sin tener que atravesar el espacio intermedio. Noeran necesarios portales de entrada o de salida, ni de ningún otro dispositivo; era totalmente  autosuficiente. Desafortunadamente, el dispositivo nunca había sido probado. Mientras la Alianza empujaba a la Tierra jacia la Guerra de las Siete Horas, los alienígenas nos arrebataban el control de los complejos científicos más importantes. El equipo del Borealis, con ningún otro objetivo que el de mantener la nave lejos de las manos de la Alianza, actuaron llevados por la desesperación. Activaron el campo de fuerza y lanzaron el Borealis hacia el destino más distante que pudieron encontrar: el Ártico. Lo que no tuvieron en cuenta fue que el dispositivo Bootstrap viaja através del tiempo al igual que del espacio. Tampoco estaba limitado a un tiempo o a un lugar. El Borealis, al igual que el momento de su activación, quedaron desperdigados a lo largo del tiempo y el espacio, entre el casi olvidadolago Hurón de la Guerra de las Siete Horas y el Ártico en el presente; estaba estirado como una banda elástica, vibrante, como las cuerdas de una guitarra. A través de una de estas cuerdas fue que logramos abordar, aunque se moviera hacia adelante y atrás, en el tiempo y el espacio, y pronto fuimos nosotros quienes nos empezamos a estirar en todas las direcciones.

El tiempo se volvió confuso. Observando desde el puente, podíamos ver el muelle de la Isla Tocsin al momento de la teletransportación, justo cuando las fuerzas de la Alianza se acercaban desde tierra, mar y aire. Al mismo tiempo, podíamos ver el yermo Ártico donde nuestros amigos luchaban para llegar al gigantesco Borealis; y, además, visiones de otros mundos, de algún momento futuro, quizás, o incluso del pasado. Alyx estaba convencida de que estábamos viendo la base de operaciones de la Alianza, desde la cual planeaban sus invasiones de mundos – mundos como el nuestro. Mientras tanto, nosotros luchábamos una batalla en movimiento a través de la nave, perseguidos por fuerzas de la Alianza. No podíamos comprender nuestra situación ni acordar un plan de acción. ¿Podríamos alterar el curso del Borealis? ¿Debíamos dejarlo atrapado en el Ártico, para darle a nuestros pares la oportunidad de estudiarlo? ¿Debíamos destruírlo con todos abordo, incluídos nosotros? Era imposible mantener un pensamiento coherente debido a los confusos y paradójicos saltos temporales que pasaban a través de la nave como burbujas. Sentí que me volvía loco, que todos nos volvíamos locos, confrontando distintas versiones de nosotros mismos en aquella nave que era parte barco fantasma, parte salón de espejos.

Al final, todo nos llevó a una decisión crucial. Judith Mossman argumentaba, razonablemente, que debíamos salvar el Borealis y entregarlo a la resistencia, ya que nuestros inteligentes compañeros podrían estudiarlo y entender sus misteriosos poderes. Sin embargo, Alyx me recordó que había jurado seguir los últimos designios de su padre de destruir la nave. Para ello, planeó una manera de reprogramar el Borealis para su autodestrucción llevándolo hacia el corazón de la base de operaciones de la Alianza. Judith y Alyx discutieron. Judith se sobrepuso a Alyx y logró traer al Borealis a la posición ideal para dejarlo atrapado en el hielo ártico. De repete, escuché un disparo un Judith cayó. Alyx había decidido por todos nosotros o, al menos, su arma lo hizo. Con la dra. Moosman muerta, quedamos comprometidos a la opción suicida. Sombríamente, Alyx y yo preparamos el Borealis, creando un misil que podía viajar en el tiempo, y lo dirigimos hacia el corazón del centro de mando de la Alianza.

En este punto, como no te sorprenderá, una cierta figura siniestra hizo su aparición en la forma de aquel sonriente tramposo, el G-Man. Por primera vez, no apareció ante mí, sino ante Alyx Vance. Alyx no veía a aquel enigmático hombre desde su niñez, pero él la reconoció al momento. ¨Ven conmigo, tenemos lugares que hacer y cosas donde ir¨, dijo el G-Man, y Alyx asintió. Siguió al extraño caballero gris fuera del Borealis, fuera de nuestra realidad. Para mi, no hubo ninguna puerta convenientemente abierta, sólo una sonrisa y una mirada de reojo. Me quedé solo, cabalgando la nave armada hacia el corazón del mundo de la Alianza. Brilló una inmensa luz. Pude observar un panorama cósmico formado por una reluciente esfera de Dyson. La enormidad del poder de la Alianza, la futilidad de nuestra lucha, todo afloró brevemente en mi consciencia. Pude verlo todo. Principalmente, vi cómo el Borealis, nuestra arma más potente, quedaría registrada como algo menos que una cerilla encendida mientras explotaba. Lo que quedaría de mí sería mucho menor.

Justo entonces, como seguramente lo habéis previsto, los Vortigaunts abrieron sus propias cortinas de la realidad y me salvaron, como habían hecho ya en anteriores ocasiones. Tan sólo pude ver el inicio de los fuegos artificiales.

Y aquí estamos. Hablé sobre mi retorno a estas costas. Ha sido un camino entrevesado a tierras que alguna vez conocí, y ha sido sorprendente ver cuánto ha cambiado el terreno. Ha pasado el tiempo suficiente como para que pocos se acuerden de mi. o de lo que estaba diciendo la última vez que hablé, o de lo que estaba intentando lograr. En este punto, la resistencia ya habrá perdido o ganado, sin mi ayuda. Viejos amigos han sido silenciados, o se han apartado. Ya no reconozco a la mayoría de los miembros del equipo de investigación, aunque pienso que aún conservamos el espíritu rebelde. Espero que sepas mejor que yo el curso apropiado de acción, y cuento contigo para ello. No esperes más correcpondencia mía con respecto a estos asuntos; ésta es mi última epístola.

Tuyo en finalidad infinita,

Gordon Freeman, Ph. D.