Malditos Bastardos

Quentin Tarantino – 2009

inglorious.jpgNunca nadie en el cine se ha atrevido con algo así. Nos hemos hartado de observar escenas insertas en la 2ª Guerra Mundial. Excelentes películas como Salvar al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) o La Lista de Schindler (Schindler’s List, 1993), ambas de Steven Spielberg, han tratado, de forma diferente y desde distintos puntos de vista, aquella guerra. En cine se han po dido ver obras maestras como To Be or Not to Be (Ser o no ser, 1942), del grandísimo Ernst Lubischt. Clint Eastwood rodó hace poco un par de filmes relacionados con el final de la 2ª Guerra Mundial. Y es que en realidad son incontables los largos que existen sobre la segunda guerra de las mundiales. Y muchos títulos son de una inmensa calidad, pero con todo, nunca ha habido una película como Malditos Bastardos.

Un grupo de gente que tienen en común sus raíces judías se dedican a capturar nazis y matarlos. Unas veces torturan, otras veces no. Unas veces los dejan escapar, otras veces no. Eso sí, nunca los tienen como prisioneros, y cuando se marchan les marcan la esvástica en la frente con un cuchillo por si en un futuro se vuelven a encontrar con dicha persona. De esta manera sabrían que es nazi y que estuvieron con ellos. Y es que, normalmente, los que han podido tratar con “los bastardos” y han salido con vida no suelen volver a colocarse el uniforme nazi, de ahí la necesidad de marcarlos de alguna manera. Por otro lado, el film mantiene muchísimas características con el “espagueti western” de Sergio Leone. La primera secuencia es totalmente heredera de aquel cine tan apasionante, elegante a la par que atrevido y con retazos humorísticos. Pero es que la banda sonora, absolutamente magnífica, intercala temas propios de una película de Leone -muy Morricone- con temas rock como una excepcional irrupción de la voz de David Bowie en un momento clave de la trama. Malditos bastardos contiene planos extraordinarios y multitud de guiños: en algunos momentos, Aldo (Brad Pitt) se asemeja a Vito Corleone en El Padrino (Marlon Brando). Es un guiño muy claro, incluso forzado, que cualquier espectador que haya visto El Padrino podrá dar fe de ello.

Y es que el cine de Tarantino se caracteriza, esencialmente, por ser un cine imprevisible, algo que dinamiza y otorga espectacularidad y expectación; y por ser un puzzle de homenajes a films anteriores. La condición de cinéfilo de Tarantino explica esto último. Y en Malditos Bastardos queda clara su máxima influencia, el ya nombrado “espagueti western”. En cuanto a la imprevisibilidad, existe, por ejemplo, una escena de unos 10 minutos los cuales suceden en una misma habitación. Se sabe de ante mano que en esa habitación puede pasar cualquier cosa. Recuerdo una secuencia en la que tres del grupo de los bastardos se hacen pasar por oficiales nazis en una taberna repleta de soldados alemanes nazis. La tensión se palpa en todo momento, pero es imposible saber lo que va a pasar. Impresionante el desenlace de dicha escena, que por supuesto, no voy a contar. Nos encontramos con escenas y planos-secuencia de antología. Y grandísimas interpretaciones, ya no solo de Brad Pitt, gran actor que no falla. O la de Daniel Brühl, que tampoco suele fallar. Sino que la interpretación de la atractiva Mélanie Laurent (en el film, Soshanna, una chica judía perseguida) o la del coronel nazi (Christoph Waltz), eternamente ambicioso e inteligente, capaz de cualquier cosa por sentirse importante (“la diferencia entre ellos y yo, es que yo puedo pensar como un judío”), son más que satisfactorias. Todos bordan sus papeles. Por otra parte, Tarantino abusa de escenas extremadamente arriesgadas: las últimas del film, que tienen lugar en el cine, por ejemplo; o en todas las que aparece el führer, ya que los tintes grotescos y de humor de Hitler son sumamente arriesgados para una película. Pero Tarantino arriesga y gana, y no siempre ocurre así.

Y es que Quentin tiene carta blanca, siempre la ha tenido. E igual que ha podido realizar filmes como Death Proof (2007), muy interesantes y visualmente espectaculares pero regulares, también es responsable de Reservoir Dogs (1992), Pulp Fiction (1994) o Jackie Brown (1997), totalmente apabullantes y garantes del buen cine, sobre todo las dos primeras. Por tanto, en Malditos Bastardos se observa a un cineasta comodísimo, con una gran historia que contar -aunque a veces pueda parecer que roza el absurdo- y se observa a una serie de actores que superan sobradamente cualquier guión que se les ponga por delante. Por cierto, que la frase final del film es apabullante y puede dar lugar a dobles sentidos. ¿Es Aldo realmente el que pronuncia esa frase o es Quentin Tarantino? Desde Pulp Fiction no se había podido saborear al mejor Tarantino. Obra maestra.

Inglourious Basterds

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“¿Sabes?, esta podría ser mi obra maestra”

AÑO: 2009
DURACIÓN: 153 min.
PAÍS: EE.UU
DIRECTOR: Quentin Tarantino
GUIÓN: Quentin Tarantino
MÚSICA: Varios
FOTOGRAFÍA: Robert Richardson
REPARTO: Brad Pitt, Diane Kruger, Christoph Waltz, Daniel Brühl, Mélanie Laurent, Eli Roth, Michael Fassbender, Samm Levine, B.J. Novak, Til Schweiger, Gedeon Burkhard, Paul Rust, Michael Bacall, Omar Doom, Sylvester Groth, Julie Dreyfus, Jacky Ido, August Diehl, Martin Wuttke, Richard Sammel, Christian Berkel, Sönke Möhring, Mike Myers, Rod Taylor, Denis Menochet, Cloris Leachman, Samuel L. Jackson, Enzo G. Castellari
PRODUCTORA: Coproducción USA-Alemania; Universal Pictures / The Weinstein Company / Lawrence Bender Productions / Neunte Babelsberg Film