Making a Murderer o la injusticia per se
¿Quién mató a Teresa Hallbach?

En 2005, tras estar dos años en libertad por el error de haber sido acusado de la violación de Penny Beerntsen, Steven Avery disfrutaba de la libertad que le había sido arrebatada durante dieciocho años. Parecía que dos décadas después de aquel error, todo iba como tendría que ir. Con su novia Jodi, su familia y su negocio de autodesguace en Manitowoc (Wisconsin, EEUU), Steve podría comenzar la vida que siempre había querido.

Todo cambia la noche de Halloween de 2005 y como si de una caza de brujas se tratara, Avery vuelve a ser acusado de un crimen que no ha cometido. Vuelven los interrogatorios, las búsquedas sin autorización dentro de su casa, la encarcelación injusta y los juicios corruptos donde cada miembro está sucio como el mismo polvo que se acumula entre los viejos coches del autodesguace de Steven.

De nuevo, la justicia vuelve a cebarse con un hombre cuya libertad tendría que ser recompensada con 36 millones de dólares como indemnización tras el injusto encarcelamiento producido desde su arresto en 1985 hasta la salida de la cárcel el 11 de septiembre de 2003.

La expresión pública de que el sistema estaba podrido por todas partes hizo que la policía del condado dedicara todos sus esfuerzos para que Steven volviera a la cárcel. Y es ahí donde entra la segunda protagonista de este documental, titulado “Making a Murderer” distribuido por Netflix. Se trata de Teresa Halbach, una joven de veinticinco años que se dedicaba a la fotografía y que había dejado a su pareja hacía poco.

El entorno de Halbach es misterioso. Con batidas por su búsqueda confusas, donde el propio exnovio debe mirar al hermano pequeño de Teresa para confirmar que no mete la pata delante de la prensa. Una chica que había dejado un vídeo para un trabajo de clase donde relataba querer a toda su familia y sus seres queridos, pero que en ningún momento nombra a su hermano ni a su pareja y que decía ser feliz después de hacer una mueca que mostraba todo lo contrario.

Aquella noche, en el área donde vive los Avery, se produce algo que nadie conoce. Porque si hay algo común al ver este documental es que nadie conoce la verdad. Nadie sabe si los huesos que aparecen cerca del tráiler donde Steven vivía, son en realidad los de Teresa. Nadie sabe si tuvo algo que ver su cuñado Scott Tadych que vivía con su cuñada y cuyo sobrino, Brendan Dassey, que es encarcelado de por vida como su tío, tras unas declaraciones a fuerza y presión de los agentes Fassbender y Wiegert.

¿Qué le queda a un hombre al que le han arrebatado todo? Perdiendo a su novia, perdiendo la posibilidad de tocar a cualquier ser humano, de poder pisar una calle, de poder defenderse. Solo le queda la ayuda de dos abogados, que tras algún que otro fallo con la defensa de su sobrino, parecen que quieren encontrar algún resquicio por el que pueda ser declarado como inocente.

Y los resquicios, las fallas, las grietas existen. La sangre encontrada en la camioneta de la fotógrafa tenía pinta de proceder de un tubo de ensayo cuyo pequeño agujerito en la parte superior clama al teniente Lenk y a su colaborador Colborn, como cómplices de haber hecho un montaje para acusar injustamente a una persona. También la falta de ADN o prueba física, o la llave que mágicamente aparece cuando el citado teniente llega a la casa muchos días después, no llevan precisamente a la conclusión de que Steven sea culpable.

Pero da igual…habrán científicos que corroboren que la sangre pertenece solo de Steven y no de ningún tubo de ensayo previamente sellado por la acusación del anterior crimen. Tampoco ayudará que el juez deniegue una y otra vez los recursos para poder ser llevado a un juicio a otras instancias. Incluso el Tribunal se niega.

Making A Murderer screengrab

Pasan los años, y lo único que le queda a Steven es que aparezca Moira Demos para realizar este viaje a los orígenes de una injusticia. La cabecera con una solemne canción que parece seguir las aves que atraviesan el condado, el reflejo de los intensos ojos azules del condenado, que son los mismos de la madre que llora media vida por su hijo, o el gesto de “jurar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad” tan típico del país que buscaba la justicia y la libertad pero que solo encuentra maneras de encadenar a una persona a una jaula “para y por siempre”.

La condena es injusta a ojos de cualquiera. Duele ver a Dean Strang, el abogado bajito y de cara simpática, años después, traumatizado (se puede percibir por su tristeza que muchas noches se habrá sentido culpable de no poder haber hecho nada ante un sistema en el que creía y perdió) al igual que, el otro abogado, Jerry Buting, de excelente labia y maestría para poner entre las cuerdas a los testigos en el juicio.

Es difícil ponerse en la piel de la familia, en no levantarse del asiento y en gritar por la injusticia que quema en la piel. Una de las escenas más sobrecogedoras es la de Barb Janda, hermana de Steven y madre de Brendan Dassey, condenado a cadena perpetua por algo que no cometió, gritar de pánico, dolor, tristeza y rabia ante los periodistas que solo consiguen echarse hacia atrás en el último momento.

Es un documental difícil de ver y de entender. Porque estamos hablando de una de las democracias más grandes de nuestro mundo, Estados Unidos, que es famosa por condenar a inocentes sin pruebas. Recuerdo el caso del español condenado a cadena perpetua en Florida, Pablo Ibar, como recuerdo a muchos casos como el de Marcos Ana cuyo libro “Decidme como es un árbol” recomiendo fehacientemente, dado que fue el preso político que pasó más tiempo en las cárceles de la dictadura franquista (23 años) por un crimen que el propio Franco prescribió.

Duele mucho. Y quizás mi subconsciente me haya jugado una mala pasada. Pero hace poco, tras ver el final de la serie, soñé con Steven Avery, fuera de las rejas, joven y tal como fue arrestado la primera vez, con el sol sobre sus ojos y con James Blake de fondo. Una canción titulada “Forward”, es decir “Adelante”. Una auténtica pena que él no pueda dar pasos adelante, solo pasos atrás en unos pocos metros, mientras ve las estaciones pasar, los pájaros cantar y él solo podrá aferrarse a las rejas esperando que alguna vez se haga justicia. Ojalá que algún día esté libre y vea que lejos de un círculo obstinado a verle culpable, muchos soñamos con su libertad.CYW04VCWQAE8OKL

P.D: Obama, el presidente de los Estados Unidos, no puede indultar a Steven puesto que se trata de un delito criminal y no un delito federal. Sin embargo, desde el estreno del documental, se ha abierto una petición en Change.org para la excarcelación de Steven Avery. Aún queda medio millón de firmas, pero es lo más cercano ha estado de que su caso vuelva a revisarse en años. Son dos minutos, por favor, firma. Gracias.

https://www.change.org/p/president-of-the-united-states-free-steven-avery