Todo lo que me enseñó Mad Men

Hace un año que Mad Men se despedía de sus espectadores con el final de la séptima temporada. Pero…¿qué quedó de todo lo que transcurrió durante ocho años? Las respuestas aquí, en el artículo homenaje a esta gran serie. Enciéndanse un puro, siéntense en el sofá más cercano y lean lean… si no están de resaca como Don.

La serie de AMC que comenzó en el año 2007, fue toda una revolución tanto en el aspecto audiovisual como en la moda, la música, el cine o la propia televisión. Todo cambió con Mad Men.

El público en general no estaba acostumbrado a poder ver la vida cotidiana de los altos representantes de una agencia de publicidad en Nueva York. Y menos en los años sesenta. Esto supone todo un avance en cuanto a historias, la narrativa, así como las formas de entender nuestro mundo contemporáneo tomando de referencia lo que hasta hace cuatro días, era el Estados Unidos de la postguerra.

Los felices años sesenta bebieron, tal como lo hace el buen señor Sterling de la publicidad buenrollista que divulgaban las grandes agencias para construir un marco de felicidad para toda una generación asustada y paralizada por el final de las dos grandes Guerras. Tras ello, se dibuja una serie de personajes a cada cual más carismático. Antes de comenzar a destripar la producción de AMC, quiero decir que hablaré de todos los detalles posibles que recuerde hasta el final finalísimo. Pongamos en marcha el Carrusel.

Encontramos al señor Don Draper, aka Dick Whitman, aka todo lo que pueda convertirse un señor recién venido de la guerra que sustituye su identidad por otra persona. Apenas conocemos detalles de su vida pasada salvo que vivía en un burdel y que no era nadie hasta que alcanza a convertirse en la cabeza y macho alfa de la publicidad neoyorkina. Tras él está el señor Roger Sterling. Un señor que fuma, bebe, se acuesta con jovencitas y todo ello antes de que el reloj marque las diez de la mañana. La relación, fuera de lo común de cuando se enfrentan dos personajes tan dominantes, es buena aunque sufren también sus altibajos.

mad-men-falling-manEntre las mujeres destacamos a Peggy, que llega como secretaria y se hace Master of the Copywriters al cargo de toda la parte más creativa de la agencia. Seguida de la explosiva Joan que pasa de ser su guía a su secretaria. Ésta se hace socia tras quedarse con la quinta parte de la agencia en el momento más culmen de la serie. Madre soltera como Peggy, ambas intentan codo con codo, sacar sus vidas adelante a pesar de los esterotipos, los prejuicios y los obstáculos a abatir en una sociedad y en un territorio dominado por los hombres.

Hay también decenas de secundarios aunque a destacar están Peter Campbell, esa ratilla que trepa y trepa sin conseguir nada salvo un ceño fruncido que pierde fuelle conforme pasa el tiempo. Podemos hablar también de Betty, la primera mujer de Don cuya escena del rifle ante el sol de la urbanización simboliza su poder en la vida doméstica. Después sucederán la Zou Bisou Bisou de Megan cuyos paletos harían delicias a mi dentista y que se quedará con el papel de la eterna chica de Don cuyos roles no dejan de ser anecdóticos y efímeros. Menos mal que tenemos a Sally Draper, la hija de Don, la cual se da cuenta de todo lo que sucede para la poca edad que tiene. Es el símbolo de la niña que tiene que lidiar con los problemas personales del matrimonio de sus padres.

Tras conocer el panorama, decir que Mad Men es para personas pacientes. Son capítulos de casi una hora de duración con tendencia a tener un ritmo narrativo lento. Las historias se saborean como un buen Martini. Enseña a tener constancia, voluntad y ganas para poder conocer todos los entresijos de la serie.

Particularmente, yo era de las que se ponía con cuatro frikis a hacer los subtítulos de la serie. Llegaba de la universidad, veía que no estaba online y me a ponía hacer miles de diálogos. Muchos de ellos han sido dignos de recordar como cuando Betty descubre que tiene cáncer, Don Draper enseñando sus orígenes a sus hijos, la muerte de Lane Pryce en las oficinas entre otras muchas cosas más.

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Es difícil sacar unos párrafos sobre lo que ha significado Mad Men para mí, pero lo cierto es que desde aprender inglés a aprender la vida de los “mayores” (me tocó en esa época tonta de los diecimuchos y los veintipocos), es una serie perfecta para descubrir como funciona el mundo, de verdad.

El diecisiete de mayo del año pasado, se estrenó el final de la serie. Un Don Draper que renegaba de los rascacielos, echando una mirada a un avión que atravesaba los picos altos de Nueva York en episodios anteriores, para sumergirse en un refugio hippie donde le vendría la inspiración del siguiente anuncio de Coca-Cola.

No niego que lloré. Pero de felicidad porque una serie hiciera un alegato anti-consumista poco común entre las series que o bien nos inducen a comprar mejores pantallas de televisión (como esos anuncios antes de Juego de Tronos o consumir palomitas y refrescos cual Sheldon y Amy de The Big Bang Theory), Mad Men nos enseña lo contrario. Incluso con su final. Nos enseña a ser austeros, nos reconoce que lo material no es más que eso…un objeto, una idea…un eslogan.

Don Draper sabe que todo es ficticio y por ello y por su falta de empatía hacia todo lo que le rodea, se sume en una nube de depresión que ni el mejor cóctel puede mejorar. Sabe que lo que hay no es más que una mentira que requiere de horas de trabajo para que otro se lo crea. Por ello, cuando por fin consigue apaciguarse y sentarse y dejar que en su hombro llore un señor desconocido, es cuando se da cuenta de que no hay que mirar en lo material sino en lo espiritual.

Concibo Mad Men como una búsqueda de la felicidad. Cada uno la encuentra en una diferente cosa. Quizás alguno en un escote de Joan cuyo colgante representa el poder de lo visual y lo sensual, o lo encuentre en el LSD en ese inolvidable capítulo de Roger Sterling. Lo cierto es que el hedonismo es el principal eje de la serie. Y eso es un tema que explora con una elegancia sobresaliente. No hay nada más que decir, salvo lo que todos los buenos fans de la serie debemos de reconocer: te echamos de menos, Mad Men.