Si te gusta la literatura te gustará “Una serie de catastróficas desdichas”
Un homenaje a los clásicos

Si os gustan las historias con final feliz os habéis equivocado de sitio

Así comienza la serie, y no miente, pues esta no es la típica serie. No hay romances, ni humor sencillo, no hay luchas, ni tampoco miedo, no hay superpoderes y ni siquiera hay finales felices. A simple vista pasará desapercibida. Muchos la tachan de infantil y, sin embargo, no son capaces de ver más allá de los ambientes coloridos, los niños protagonistas, y los némesis mezquinos y feos. Seguramente sean de los que no han captado los mensajes escondidos tras Peter Pan o Alicia en el País de los niños, ¿o es que acaso pensaban que eran historias sólo para niños?

Tal vez penséis que exagero, pero honestamente, si tuviera que definir a esta serie con una palabra sería exquisita.

Los huérfanos Baudelaire y el malvado Conde Olaf

La serie está basada en los cuentos de Lemony Snicket que llevan el mismo nombre, y cada capítulo o dos de la serie equivaldrían a un cuento del autor. La serie es bastante fiel a la atmósfera creada en los cuentos y sobre todo a las referencias literarias y culturales. Sigue la desafortunada vida de tres niños huérfanos que pasan de tutor en tutor mientras que el malvado Conde Olaf se intenta hacer con ellos de las maneras más cómicas. El título de la serie no engaña, la vida de los niños es una miseria, un engaño y traición tras otro, y aun así el espectador encuentra esperanza en la historia, momentos de risa, y momentos de ternura. ¿Seguirá las convenciones tradicionales y habrá finalmente un final feliz?

Dicen que todo entra por la vista, y la escenografía de esta serie ha sido muy cuidadosa y meticulosamente seleccionada. La paleta de colores de la serie es sublime, con tonos grises y pastel, y colores chillones cuando quieren resaltar algo o a alguien. No sólo es agradable estéticamente sino que actúa como simbología dentro de la serie. La serie tiene una esencia “burtoniana”, un término que me acabo de inventar (o no) para que os imaginéis una estética similar a los mundos de Tim Burton, sobre todo a películas como Eduardo Manostijeras y Big Fish. En estas películas hay una atmósfera lúgubre, oscura y tenebrosa y sin embargo también hay color, dulzura e inocencia. Pues eso es lo que encontraréis en la serie; una yuxtaposición perfecta.

La colorida indumentaria de los niños contrastada con el paisaje gris simboliza la esperanza en un mundo desolado.

Uno de los grandes fuertes de la serie es Neil Patrick Harris, que hace el papel de Conde Olaf. Los creadores dieron en el clavo al coger a semejante actor. Todos lo recordamos por el papel de ligón en Cómo Conocí a Tu Madre, que bajo mi opinión no resalta lo polifacético que él es en verdad. Si desconoces el gran talento de este hombre, por favor mira este video de Neil presentando los Tony Awards. Neil es un amante del teatro y los disfraces, y se nota que ha disfrutado en este papel del perverso conde Olaf, un amante del teatro que no pierde ocasión de disfrazarse para secuestrar a los niños. Por ello, Harris interpreta a Olaf interpretando a un tío abusivo, una secretaria sexy o un marinero enamoradizo, un sinfín de posibilidades. Y lo borda.

OLAF LITERATURA desdichas

Una de las dos malignas damas es Neil Patrick Harris interpretando a Olaf interpretando a Shirley.

Y es que toda la serie tiene esa esencia de teatro de Broadway. Los actores son exagerados hasta decir basta (excepto los niños y su cara de póker crónica), una característica muy típica del teatro. La indumentaria también es extravagante, sobre todo la de los personajes malvados, estúpidos o estrafalarios. Esto es más que evidente con los personajes de la compañía de teatro del conde Olaf. Incluso la escenografía es exagerada y poco realista, como si quisieran evidenciar que es de cartón piedra. Pero todo esto le da un toque artístico, innovador y muy teatral. Es más, cuando habla el narrador, el mismísimo Lemony Snicket, se paran los actores cual obra de teatro. En una serie no hay ninguna necesidad de hacer este truco, y sin embargo, prefieren conservar la esencia de una obra de teatro y que los actores dejen de actuar para darle paso al narrador, el cual entra en escena y narra los sucesos con su característico tono sombrío. Además, aprovecho para aplaudir la función del narrador. Sus intervenciones son principalmente para darnos lecciones y ejemplos de gramática y vocabulario; como la definición gráfica de la ironía dramática o la comparación entre el miedo racional e irracional. Y el resto de las veces interviene para asegurarnos y advertirnos de los malos augurios que todavía quedan por suceder en la historia.

Lemony Snicket el autor de las novelas es también el narrador en la serie.

Como amante de la literatura no puedo sino quitarme el sombrero y hacerle una reverencia a la serie. Se convirtió en un juego el buscar referencias literarias en la serie. No hay capítulo que no haga un guiño a los grandes éxitos de la literatura anglosajona. Empezamos por el apellido del banquero Mr.Poe que coincide con el apellido del gran Edgar Allan Poe, además, el hijo del banquero se llama Edgar (¡casualidad!). Otra divertida referencia es la de la dra. Orwell, de nombre Georgina. Clara referencia a George Orwell, es más, esta doctora se dedica a vigilar y controlar a todos los trabajadores de una fábrica oscura y lúgubre, ¿no os suena a 1984? Pero sin duda, el episodio 5 es una obra maestra de las referencias literarias. Este capítulo los niños Baudelaire montan en un taxi cuyo conductor no hace más que hacer referencias a la obra de Herman Melville, Moby Dick; con la excusa del huracán Herman (¡casualidad!) comienza un monólogo plagado de referencias literarias y digno de un estudio de literatura comparada; pues entre otros temas compara la simbología de la tormenta de las obras de Melville con las del H.D Thoreau. Y la guinda del pastel es el taxista terminando su intervención en la serie con un “Podéis llamarme Ishmael“ que es casi idéntico a como empieza la obra de Moby Dick. !Bravo!

En definitiva es una serie que como he intentado plasmar en este artículo va mucho más allá si la miras desde una perspectiva artística. Artística en todos los sentidos; desde la simbología hasta la puesta en escena y la actuación. Es un gusto para los amantes del teatro, un placer para los apasionados a la estética “Burtoniana” y un deleite para los amantes del análisis literario. Aun así, si no te sientes identificado con nada de esto, te la recomiendo igualmente. No hace falta rebuscar detalles artísticos para disfrutar de una serie amena, divertida y diferente. Es de estas series sencillas con las que desconectas y pasas un buen rato. Apta para todos los públicos, incluso el infantil.

@julsdaydreams