LAS MEJORES PELÍCULAS DEL AÑO 2/2

Llega el esperado desenlace de las mejores películas del 2012. ¿Cuáles serán las afortunadas elegidas?

5. Las ventajas de ser un marginado

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Es el “cómo” y no el “qué” lo que distingue a las grandes películas de entre las toneladas de estrenos anuales. Lo que a priori podría parecer la enésima comedia con toques dramáticos sobre la dura vida del adolescente se convierte en una experiencia única. Una obra muy lúcida, muy muy cálida, muy muy muy sincera. Sabes que no estoy loco si digo que hay películas que más que películas son como buenos amigos, esta es una de ellas. El final es uno de los más efectivos y catárticos que un servidor recuerda. Es absolutamente arrebatador cómo narración, montaje, imágenes y música confluyen en un instante que es pura luz. El momento más inolvidable del cine de 2012.

4. Django desencadenado

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Sólo se le puede criticar el estar muy cerca de ser un remake de Malditos Bastardos (hasta Waltz repite el mismo personaje, aún más carismático si cabe que el Hans Landa de aquella) y un final que aparte de acción desatada sin complejos no ofrece mucho más. El resto es placer cinéfilo non stop. Tarantino es capaz de crear mil veces más tensión en una simple cena con invitados que Katheryn Bigelow en un interrogatorio con tortura en su mediocre Zero Dark Thirty. Con esa forma en la que mientras los personajes hablan de trivialidades Tarantino te está susurrando al oído “se va a liar parda en cualquier momento”. No sabes qué va a pasar, pero sí que puede pasar cualquier cosa. Y entonces DiCaprio saca un cráneo humano. Lentamente. Con toda la calma del mundo. Comienza el festín. Magistral

3. La caza

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Una de las razones por las cuales La caza te golpea, fascina, aterroriza y engancha es porque cuenta cómo un pobre hombre que no ha hecho mal a nadie puede convertirse en el ser más odiado en 20 km a la redonda por un simple malentendido. Da rabia asistir al injusto linchamiento de un inocente, y perturba pensar lo fácilmente que podríamos ser tanto la víctima como parte de esa marabunta que lo condena sin juicio. Pues cuando nos dicen “ese es un pederasta” nuestra respuesta automática es “Qué hijo de puta” y no “quizás no lo sea”.

Encuadrada en la mejor tradición del cine nórdico, no es difícil acordarse de Bergman, Dreyer o, por supuesto, su colega Von Trier. La caza fascina por el pulso maestro que mantiene Vinterberg durante toda la película, por un experto dominio de la contención-liberación, no sólo por un argumento que ya se ha tratado de similar manera en La calumnia, La duda o Expiación (esa niña despechada que desencadena todo), podría verse La caza incluso como un Matar un ruiseñor en la que el acusado injustamente es el propio Aticus, y el noble personaje que interpreta un Mads Mikklesen no tiene nada que envidiarle.

2. Lincoln

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Tanto tiempo lleva el director gestando este proyecto que resulta raro verse sentando en una sala de cine contemplando finalmente el Lincoln de Spielberg. La espera ha merecido la pena, pues todo ese tiempo se ha empeñado en pulir cada detalle al máximo, y el resultado es una película impoluta. La influencia de John Ford es obvia, al igual que ya ocurriera en War Horse. Pero si aquella se adolecía de los males de un guión no demasiado brillante y sobre todo de un protagonista de escasas dotes interpretativas (no me refiero al caballo sino a Jeremy Irvine) en Lincoln son precisamente el brillantísimo guión de Tony Kushner y un portentoso Daniel Day-Lewis (se agotan los calificativos para definir al actor más grande de los últimos tiempos) los que le dan a Spielberg unos sólidos pilares sobre los que construir una auténtica catedral de buen Cine.

1. Moonrise Kingdom

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Hay películas que tienen una rara cualidad hipnótica. Cuando el director consigue por medio de las imágenes secuestrar sensorialmente al espectador. Son pocos los directores con capacidad y el riesgo necesario para realizar dicha hazaña. Y Wes Anderson lo consigue desde el minuto uno con su portentosa Moonrise Kingdom. La película tiene una fuerza incontenible, la de un amor puro, inocente, único, un amor de esos de “nosotros contra el mundo”. Un cuento infantil contado con una madurez artística, un estilo excéntrico y un torrente de creatividad muy alejado (por suerte) de cómo el cine comercial había contado siempre estas historias. Uno tiene la sensación de estar asistiendo a un clásico instantáneo. Una sala oscura solo iluminada por las imágenes de Moonrise Kingdom es la experiencia del año.