Lady Gaga y el espejo
All we hear is Radio Gaga, Radio Goo Goo, Radio Gaga (8)

Ya son varios los subtítulos en los que me refiero al artículo con una canción. Para mí, la reina de las canciones es y será Lady Gaga. Me imagino a más de un sorprendido detrás del teclado, de la pantalla, que se pregunte si esta señora merece o no la pena. Querido amigo, amiga, adéntrate conmigo al gran mundo que te depara esta gran artista. Una mujer del siglo XXI, una chica que un día se llamó Stephanie Joanne Angelina Germanotta. 

Hija de un empresario de Internet y de una mujer dedicada a las telecomunicaciones, Stephanie pronto dejó su etapa de flequillos morenos y moderación al piano para convertirse en una gogó en la noche neoyorkina. En aquella época, hace algo más de una década se ganaba sus dólares sin dejar de ser una chica de media-alta clase dentro de la Ciudad de la Gran Manzana.

Pasaron los meses y su talento la llevó a patearse los pequeños clubs con la ayuda de su amiga Lady Starlight y fue cuando ella pasó a llamarse Lady Gaga. Debido a su gusto por Queen y querer ser oída en medio mundo como rezaba la archiconocida canción “All we hear is Radio Gaga, Radio Goo Goo, Radio Gaga”.

Quién iba a decirle al señor Mercury que pronto aquella canción contendría un significado a posteriori. Gaga iba haciéndose un hueco a través de pequeñas colaboraciones con gente del hip-hop (Wale) o a través de su primer álbum en solitario “The Fame” (2008), un primer LP que dejaba clara sus intenciones de hacerse famosa. Y vaya si lo hizo.

Nos dejó a través de esas composiciones visuales como fueron “Paparazzi” (que abriría una trilogía que nunca se llegó a cerrar) una artista distinta, fresca, artificial y propia del nuevo siglo que entraba. Continuó con nuevos videoclips como el gran “Bad Romance” que abría la etapa más fructífera de ella como personaje. Su EP “The Fame Monster” (2009) con tan solo ocho canciones hizo que su voz se oyera por cualquier club de nuestro planeta.

Destacamos “Telephone” que supondría la segunda parte de la trilogía, donde una Beyoncé se renovaba con la magia de la artista que a base de reconocibles coreografías y modelitos dejaban en la retina de sus ya ahora “Little Monsters” (así es como se conoce a la comunidad de ella) cada uno de sus pasos.

Pero si algo sobresale de Lady Gaga es su capacidad para dar un volantazo. Y es en su segundo LP “Born This Way” (2011) donde deja su huella. “Sé tu mismo, porque así naciste” mientras se integraba implantes de silicona en su cara, cambiaba de color en el pelo mes sí, mes no. Para mí gusto, aquí residía una mediana hipocresía…porque si ella se quería como era no era necesario mil cambios para contentar a medio mundo.

Según han ido pasando los años, más me pregunto si ella es Gaga o eran los estilistas y la gente de su alrededor como los directores de sus videoclips los que lograban que fuera ella. También si el espejo se rompió a base de poses y lo duro de estar todos los días completamente diferente al anterior.

Y mientras unos se preguntaban si había una depresión de fondo y otros un cierto aire a cansacio, la artista se despegaba incluso de las redes sociales que ella creaba y se retiraba. Es cuando lanza un grito al espejo, al no saber manejar las expectativas que ella misma había creado. Anuncios de anuncios de anuncios de cosas que nunca llegarían a producirse, fue una de las estrategias diarias en sus redes sociales durante la época “post-Born This Way” de la artista. Llegaría ARTPOP (2013) que supuso su tercer LP y el menos valorado. Una recopilación de canciones que no llevaban nada más que a un dance ya más que olido. Los fans se retiraban de los hoteles donde se hospedaban y el silenció continuó.

Hace un par de años alegaba haber sufrido una grave depresión, corta su relación con Taylor Kinney (con el que llevaba media década tras conocerlo en el rodaje de uno de sus videoclips) y habla abiertamente de la violación que sufre a los 19 años. Relata sus idas y venidas con los trastornos alimenticios y su rechazo a las oportunidades que “solo hacían caja” y no la satisfacían.

Hace una gira y disco con su amigo Tony Bennett y vuelve con su cuarto LP “Joanne” (2016). Un disco que no tiene ni medio año y que es olvidadizo. Intenta ser una estrella del country sin conseguirlo. Pero no pasa nada, ella se mantiene fuerte. Nos hace una Superbowl y una actuación con Metallica donde parece más grande que el propio James Hetfield al que le sucede un fallo de micrófono y ella se regodea en una faceta que nos recuerda que antes de Lady Gaga, fue Stephanie, la chica que se dejaba ver en clubs metaleros junto a su novio. En la Stephanie del piano cuando a medio EEUU señala con una pierna en la SuperBowl mientras con la otra sigue pisando firme frente a millones de personas.

Para mí, ella ha supuesto un ejemplo a seguir. Una mujer fuerte con unas convicciones aún más fuertes “Si eres una mujer fuerte, no necesitas permiso”. Entre muchas perlas como que la “creatividad se te va por la vagina”, alegando a que mientras estaba en una relación no era capaz de componer. Parece coherente con su desaparición, mientras Gaga iba reduciéndose a Stephanie y Stephanie fue comida por Gaga. Creyó en el amor y volvió a la soledad.

Porque si hay algo que me acerca a su mensaje es precisamente el conocimiento de la soledad dentro de las letras de la artista. Es entonces cuando recuerdas que entre hit y hit, comentaba en la gira que “nunca estás solo si te tienes a ti mismo”. Seguramente, mientras me dirijo a dos horas y media de viaje tampoco estaré sola si la tengo al otro lado de los auriculares. Ni tampoco si te la pones tú mientras vas al trabajo, a visitar un amigo, hacia la universidad o escribiendo un artículo. Su legado nunca desaparecerá. Porque Gaga, por suerte, tampoco se ha marchado. Siempre está ahí.

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