La La Land: el amor y sus ritmos
Here's for the one WHO DREAMMSS (8)

–Esta crítica contiene spoilers, lean según su propia decisión–

La La Land habla de amor, de soledad, de música, de Los Angeles y de los sueños perdidos. Habla de una camarera que a tiempo parcial se inscribe y asiste a audiciones como actriz y de un pianista (a los que suelo llamar “de crucero”) que toca Jingle Bells noche sí, noche también para un público cuasi centenario.

Pero La Ciudad de las Estrellas (el cual no es el nombre a la hora de decir a la taquillera) es sustituido por “La La Land” del que Masiel estaría orgullosa. Sin embargo, es necesario reconocer que esta película habla de Ryan Gosling y de Emma Stone. De quiénes fueron y quiénes son.

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Me da pena no volver a creer en el hype. Ha sido de las veces que más me ha dolido salir algo decepcionada del cine. Remarco ALGO, porque lloré media docenas de veces. Para mí, la Ciudad de las Estrellas tiene un nombre español. Para mi la Ciudad de las Estrellas con un paseo marítimo donde Gosling revolotea existe de verdad. Con palmeras y puestas de sol reales. Por ello, la empatía de muchos planos cuando las imágenes son tan recientes en mi cabeza, disparan las lágrimas y por ello, hay que destacar esa capacidad al film.

Sin embargo, los dieces oídos hasta del propio Kojima que le dedica tweets a la película depende mucho del cine visto por el espectador. Porque es una historia repleta de clichés: chica que se enfada con chico del que se enamora, camarera de “El-Ei” aspirante a actriz y hombre frustrado por su desarrollo profesional como músico entre Jay-Z, Beyoncés y Bruno Mars.

La química me resultó justita dado que los gestos, tics de Sebastian (Ryan) no hacían presumir de Mia (Emma) una relación de amor aférrimo que nos quieren vender. Y si no, vean “The Place Beyond The Pines” donde Ryan Gosling se enamoró, de su ahora mujer, Eva Mendes y comparen miradas.

Como decía al principio, es necesario conocer a los actores para ver cómo han llegado hasta aquí. Soy una experta en Gosling, lo admito. Y me daba cierto miedo verle canturrear y bailar como cuando era niño Disney. Él venía de Drive (2011), The Place Beyond The Pines (2012), Only God Forgives (2013) y alguna otra película cómica con papel secundario. También destaco Blue Valentine (2010) y me he visto toda la filmografía pero esas son las mejores, en mi opinión.

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Y ¿qué pasa con Emma? Pues que la vimos en Supersalidos (2007) y nadie pensaría que llegaría a hacer The Help (2011) con papel ya protagonista o Birdman (2014), donde para mí sigue siendo su mejor papel. Sin embargo, con La La Land (2016) se ha consagrado diva de Hollywood menor de 30 años. Aúna lo que ya perdieron Nicole Kidman, Meryl Streep o Julia Roberts: juventud. Es una chica expresiva, de ojos impresionantes, capacidad para el drama y la comedia. Pero su papel, en esta película me resulta algo desafortunado.

Ella no tiene la culpa. Es una actriz magnífica, sin embargo, y al igual que Gosling, han tenido papeles mejores. Y ya paro con las comas que sé que dan mucha rabia. Pero les he visto mejor, a Ryan en Drive nadie le tosía y en Only God Forgives comenzó un declive que la oleada de premios que se le avecinan (como a Emma y director, película etc) les llenarán ese hueco de no haber sido premiados en su día. Sin embargo, el director no ha sabido ver la brecha generacional en cuanto a relaciones se refiere.o-EMMA-STONE-BIRDMAN-facebook

La peli es clasista a más no poder. He leído incluso que resulta extraño ver algún móvil por ahí, pero es cierto. La tecnología parece resguardada en un cajón y los vestidos vaporosos de la abuela de Emma salen a florecer. La forma de relación entre ellos tampoco era la más sana. El egoísmo de ella por no verle despegar se funde con la sumisión de él de dejarla volar lejos si hace falta. El abandono hacia el amor de él por los brazos de otro hombre, con una mayor capacidad económica es algo que me da asco.

EL AMOR NO ES DINERO. Dejemos de escribir personajes femeninos que parecen buscar en un vestido y un maquillaje una pensión para toda la vida. Las mujeres no somos así. Paso de dar cincuenta mil argumentos. Pero el amor no es una pertenencia, un coche, un viaje bonito. Y me dio pena que se tirara por esa línea, más clásica, más facil de entender para la generación de nuestros padres y abuelos donde se fijaban en las tierras que tenía otra persona para decidirse si era o no buen partido.

Joder, si la propia película te muestra un cachito de eso. Mia habla con su madre por teléfono y ésta le pregunta si el chico tiene trabajo y le dice que está ahorrando para construir un bar. ¿Porqué no la pregunta si la quiere? ¿Si la trata bien? ¿Si siente a gusto con él? Si la hace…¿feliz?

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Y por otra parte, esa sumisión, esa pasivo-agresividad del personaje de Sebastian. En más de una ocasión, mirando a la persona que tenía al lado le hice un comentario sobre las intenciones de una pelea con ella. Parecía que la podía pegar en cualquier momento…los gestos agresivos, la forma de levantar la mano. Mal, incorrecta esa ejecución de las discusiones en pareja.

Por otra parte, ¿dónde está el atrevimiento argumental del film? Juro que pensaba que el protagonista masculino estaba enfermo, dado que no pagaba las facturas y parecía vivir el presente con más fuerza que nunca. Pero no se tiró por esa línea, aunque se daban pinceladas de ello por aquí y por allá. El final fue brusco con un “1,2,3,4” que me recordó a Whiplash por ser ésta una película del mismo director.

Sin embargo, no todo va a ser malo. La ejecución de las canciones de la audición visualmente y sonoramente es magistral, la escena del planetario me hizo decir a mi acompañante que eran de los momentos más “bonitos que había visto en un cine”, por la composición visual tan preciosista. También me gustó la parte del epílogo a pesar de que sabía a agridulce por saber que todo era en realidad una ensoñación del pianista.

La La Land me ha servido como vara de medir para no creer jamás en el hype. He tenido otros golpes como Rogue One o el Capítulo VII de Star Wars que ya me hicieron replantearme las cosas. Pero éste ha sido definitivo. La película tiene un notable alto, pero tenía que haber mejorado los aspectos que ya he comentado. Necesitamos un cine que se adapte a las nuevas generaciones, a la ruptura de las brechas amorosas que hemos dejado muy atrás. El amor está compuesto de ritmos y mientras Mia aceleraba por ver a Sebastian, la puesta de sol iba decreciendo y la música subiendo…todos los espectadores pudimos enamorarnos de La La Land, pero solo momentáneamente. La realidad es mucho menos dulce. Soñemos libres dentro de la opresión. Amemos con ritmos y de verdad, porque esa es su verdadera moraleja. 7,5/10