Just before he died
¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Por qué Bring Me The Horizon? ¿Por qué?

A veces abro Instagram y miro alguna que otra foto.

No lo suelo hacer a menudo, pero de vez en cuando me acuerdo de que existe dicha plataforma y le echo una ojeada. Y por encima de mis amigos, y otras cuentas a las que sigo, no dejo de ver fotos de Oliver Sykes. Se empieza a asemejar a una estrella de fútbol o a la cuenta de Nicky Minaj. ¿Que por qué no dejo de seguirlo? Buena pregunta.

Lo cierto es que hace tiempo que escucho a Bring Me The Horizon. Cuando los escuché por primera vez allá en 2011 me parecían un buen grupo. Tenían discos muy potentes como el Suicide Season (2008) o el There Is a Hell, Believe Me I’ve Seen It. There Is a Heaven, Let’s Keep It a Secret (2010). Ambos discos me encantaban. Tenían una fuerza y una locura endiabladamente (y nunca mejor dicho) atractivas, y no dejaba de escuchar canciones que han pasado de largo para el público más general como It was written in blood, Chelsea smile, Don’t Go o Diamonds aren’t forever.

Riffs de guitarra potentes, un batería con muchísimo potencial y un Sykes que desgarraba a cualquiera con su voz. Era un grupo apabullante a mi modo de ver. Ambos discos contenían un toque malvado, siniestro y visceral irónicamente muy dulce. Vamos, que me encantaban. Supongo que a los puretas del deathcore/metalcore también.

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El caso es que en 2013 salió Sempiternal. Bring Me The Horizon sacó el crucifijo de plata y se cargó a sus antiguos demonios de un tiro, dejando a un lado su lado oscuro y sangriento y dándole más luz a otros aspectos, como toques de música electrónica, música más melódica y coral, combinaciones de screams y voz dulce (como sucede en el verso de Can you feel my heart) y un largo etcétera que los alejaba de la versión oscura y los acercaba a un público un pelín más amplio.

Pero lo cierto es que les salió bien: Sempiternal fue y sigue siendo un discazo. Musicalmente es, en mi opinión, su mejor disco. Quizás acuse un poco la falta de esa potencia que sí poseían sus predecesores, pero de qué nos vamos a quejar con himnos como Shadow Moses o Antivist, auténticos gritos a la lógica como Crooked Young o temazos como Sleepwalking o Empire. 

El grupo barrió con este disco, se metió en el bolsillo a su público habitual (si, a los puretas de Suicide Season y demás) y enganchó a nuevos adeptos a su nuevo concepto de deathcore. Habían logrado algo realmente difícil. Encontrar el punto exacto entre fidelidad al género y abrirse al mercado más general (aunque sin hacerlo demasiado, porque si no estaríamos hablando de música muy comercial).

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Pero AY AMIGO! No se si es porque Oliver Sykes se cascó las cuerdas vocales en la gira de Sempiternal, por la inclusión del nuevo miembro del grupo Jordan Fish (teclista y voz de acompañamiento) o porque la tinta de los tatuajes caló en su sangre y propició un coagulo fatal en sus bulbos raquídeos, pero el caso es que en 2015, y tras una campaña de marketing acongojante y numeroso spam por redes sociales, la banda de Sheffield sacó a la venta That’s the spirit. Y vaya liada.

Hacía unos cuantos meses ya habían publicado el sencillo Drown. Joder, y molaba. Recuerdo escucharlo y decirme a mi mismo “aish, es un poquito suave, pero bueno, está bien, no la han liado demasiado, mola, si las demás son así vamos bien“. Y eso, que debo ser gafe, porque salvo True friends (que tiene algo de enjundia pero no demasiada) y la dicha Drown, el resto del disco es un verdadero insulto a toda su anterior música.

No estoy diciendo que sea un mal disco. De hecho algunas canciones no están mal, pero es que no es BMTH. Si me dices que es un grupo de electronica con toques punkarras o metal progresivo o la virgen, pues muy guay. Pero lo que no puedes hacer es vender tu imagen de metalcore/deathcore ultramega tocho y quedarte tan ancho con ese disco en el que no haces ni un scream decente, ni un riff potente y que tiene SAXOFÓN EN SU ÚLTIMA CANCIÓN. SI, SAXOFÓN. Bueno, eso de ser tipos duros era al principio, porque ahora venden ropita guapa por Instagram, y hacen vídeos de como se tatúan un huevo de golondrina en las costillas. Como han cambiado las cosas (suspira fuerte).

Y bueno eso. A veces abro Instagram y miro alguna que otra foto. Pero cada vez que lo hago y veo una foto de @olobersykes, me entra una sensación triste, de añoranza e incluso ciertos instintos asesinos. Una mezcla de sensaciones similar a lo que sentía aquella voz que en 2008 gritaba “It was written in blood on a fucking suicide note just before he died“.