Interstellar. En busca del nuevo mundo

Me considero un gran seguidor del cine de Christopher Nolan. Admiro lo que hace y como lo hace, pero a veces, después del visionado de alguna de sus obras, me he quedado con cierta sensación extraña. No como si se estuvieran riendo de mí, pero sí quizás como si se estuvieran quedando conmigo. Es como si Nolan te dijera “te estoy contando algo de una forma sencilla, que parece muy compleja, y te la estás creyendo cuando es muy difícil o casi imposible de creer”. ¿Cine artificioso? ¿Pretencioso? Puede ser, la verdad es que me sigo preguntando a mí mismo si lo que hace Nolan es bueno o si solamente parece bueno. Reforzando esta reflexión interna que la llevo dentro desde Origen (2010), aparecieron hace poco unas declaraciones de Christopher Priest, autor de la novela The Prestige (1995). The Prestige fue llevada a la gran pantalla por nuestro Christopher Nolan (El Truco Final, 2006), cineasta que muchos han comparado en las formas a uno de los más grandes de la historia del cine, Stanley Kubrick, y que en las formas no me parece tan exagerada la comparación. Hasta yo mismo reconozco hacer la comparación alguna vez, precisamente desde Origen. En dichas declaraciones, Priest arremetió duramente contra Nolan, no por el resultado de El Prestigio, la cual la considera bien llevada al cine, si no por cómo hace el cine en general. Dice que su cine es “aburrido, poco profundo y pretencioso”, además de que los guiones están “mal escritos”. Cuando Priest critica a Nolan lo hace sobre todo por la trilogía de El Caballero Oscuro, por lo que no puedo estar de acuerdo con él en este caso concreto, ya que esta trilogía de Batman es de largo la mejor versión que se ha llevado al cine. Pero sí que es verdad que puede tener algo de razón.

Cuando hablamos de Interstellar (2014) estamos hablando de un proyecto con un presupuesto monumental y que cuenta con el mejor actor del momento, Matthew McConaughey, que viene de ganar el premio oscar el mejor actor por su papel en la excelente y cruda Dallas Buyers Club (2013), y de protagonizar la que posiblemente sea una de las 5 mejores series de TV de la historia, haciendo un papel que, posiblemente, sea el mejor de su carrera. True Detective (2014) se llama la serie de 8 capítulos, para quien todavía no haya caído. Si a eso le sumas que el señor Nolan filma con cámaras IMAX para la realización de un filme del espacio, y que cuenta con el mejor músico de bandas sonoras del momento, Hans Zimmer, pues muy mal se tiene que dar para que este trabajo no resulte, cuanto menos, espectacular, interesante y entretenido. Por otro lado, las expectativas cuando este señor estrena una película son altísimas.

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Interstellar nos propone un futuro cercano apocalíptico debido a la contaminación globalizada en la tierra. Hasta aquí nada nuevo, los humanos se están cargando el planeta azul, ya no hay vuelta atrás, por lo que hay que buscar un nuevo hogar, ya que somos una especie en extinción. ¿Cómo encontrar un nuevo hogar? Para ello Nolan pone en práctica en su largometraje la teoría de cuerdas, que la conjuga con la de la relatividad de Einstein. De hecho le saca todo el jugo, así que podemos observar con nuestros propios ojos los desfases espacio temporales más alucinantes de la historia del cine. Kubrick en 2001: Una Odisea del espacio (1968), que supuso un antes y un después en lo que a películas del espacio se trata, ya nos sugirió aspectos que observamos con más claridad en Interstellar, lo que ocurre es que la cinta de Kubrick posee una profundidad y un calado humano estratosférico, y la de Nolan se queda en tierra de nadie, precisamente porque quiere abarcar mucho más de lo que el ojo y la mente humana puede asimilar. Parecerá que me precipito en mi juicio, y puede que esté equivocado, pero Kubrick nos plantea de forma vertical una cuestión filosófica fundamental del ser humano, que podría valernos como teoría de la evolución de la especie humana desde un punto de vista psicológico, y Nolan tira de practicismo al principio para finalmente ofrecernos un mensaje que nada tiene que ver aparentemente con la práctica, y es nada más y nada menos que el amor. Es la clave, todo lo puede. Es decir, plantea que el poder del amor es capaz de conseguir que el ser humano encuentre un nuevo hogar en medio del cosmos. Nos está explicando de forma quizás errónea, pretenciosa, desmesurada, insistente o puede que de forma correcta -no lo sé, no soy físico y no tengo el conocimiento necesario como para saber si lo que me está transmitiendo es posible o imposible en un futuro- como puede resultar increíblemente útil una serie de teorías de física cuántica que podrían cambiar de forma decisiva el devenir de la humanidad. Después de insistir de forma permanente en ello resulta que nos damos cuenta de que no, que todo eso no sirve y que además ha sido todo un engaño, el ser humano no ha avanzado tanto y solo nuestro ego como especie nos ha llevado a pretender conseguir un imposible. Pues todavía hay más, de repente, gracias al amor toda esta teoría si que se puede llevar a cabo.

No estoy en contra de Nolan ni de muchas de las ideas que desarrolla su historia, además de resultar un deleite visual, pero existen contradicciones en el guión que me chirrían. No obstante es un filme interesantísimo de visionado obligatorio por cualquier cinéfilo y amante de los grandes porqués de la vida. Pero cuando acaba la película, sentado en la butaca, me pregunto, ¿es esto un viaje interestelar hacia ninguna parte o realmente encontramos un destino sugerente?