Ghost in the Shell
"Tan humanos como los humanos"

Después de ver el avance de Ghost in the Shell, película prevista para marzo de 2017, puedo decir que, contra todo pronóstico, me ha gustado. ¿Podría ser esta película la primera adaptación hollywoodiense de alguna de mis obras preferidas que me deja conforme? Visto lo maniático que puede uno llegar a ser con según qué obras, soy el primer sorprendido de que me guste el avance. Pero me ha gustado. Veamos por qué este avance ha suscitado tantas esperanzas.

Resulta evidente el respeto que por la obra original tiene la adaptación. Es muy esperanzador el paralelismo visual entre algunas de las escenas del avance y las secuencias icónicas del anime. Cuando muchos pensábamos que iban a destrozar la maravillosa obra de 1995, surgen razones para la esperanza. Que utilicen en el comienzo uno de los cyborgs geisha de Ghost in the Shell: Innocence (Mamoru Oshii, 2004) es otro guiño a los seguidores, a los que se pide que bajen las armas. Parece que nos anuncian que estamos en territorio amigo, y que podremos captar ese y otros muchos detalles y guiños.

 

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Desde luego, parece que podemos relajarnos. Encontramos reproducidas de forma exquisita algunas de las imágenes y planos que algunos tenemos grabados en la retina a fuego, a fuego del mejor cyberpunk que ha visto el anime. El asalto de Motoko, totalmente desnuda, a través de los cristales, una de las secuencias con más fuerza de la obra original de 1995. Los diversos planos de la ciudad, cargados de significado, acompañando a las dudas existenciales de la protagonista. La lucha con el primer esbirro del titiritero o el propio proceso de creación de un cyborg quedan también convenientemente reflejados, de forma que muchos no hemos podido evitar exhalar un suspiro de alivio. En ese sentido, la comparación directa despeja cualquier duda.

¿Quiere decir esto que nos encontraremos con la película original plano a plano? Es evidente que no. Todo apunta a que se utilizarán escenas clásicas como las ya mencionadas, pero que estarán acompañadas de toda una nueva trama, en la que sí es previsible que veamos elementos recuperados de la serie (Ghost in the Shell: Stand Alone Complex, 2002-2005). Más dudoso me parece que se recuperen elementos de las diversas iteraciones del célebre manga de Masamune Shirow. Por otra parte, la música es quizás uno de los elementos más complejos de valorar en este caso. Aunque no pueda decir que me desagrada la incluida en este avance, no puedo evitar pensar qué habría pasado de haber optado por un enfoque más clásico. Debe ser un pensamiento bastante extendido este, cuando ya contamos con este vídeo donde se sobreimpone a las imágenes del avance la fabulosa música de Kenji Kawai, creador de la música original. Podemos deleitarnos al comprobar cómo revisita el tema Making of a cyborg con las imágenes ya vistas. Juzguen ustedes mismos:

Como el caso de la música muestra, no siempre llueve a gusto de todos. Y como es lógico, también me quedan dudas, y justo es mencionarlas. ¿Se mantendrá la sobriedad en la acción que había caracterizado a la franquicia o asistiremos a piruetas, acrobacias y planos de una fracción de segundo tan del gusto del cine de acción actual? Sería un peaje que estaría muy dispuesto a pagar. No es el caso, sin embargo, de la siguiente cuestión, que para mi es una de las fundamentales a la hora de abordar Ghost in the Shell. ¿Se respetará todo el trasfondo filosófico y existencial de la misma, o asistiremos a un proceso de vulgarización para rápido consumo de masas, entre escena de acción y escena de acción? Ese es mi mayor temor. Y desde luego, la presencia de Batou tomando parte en la capital conversación que se mantiene en el barco (fundamental en el anime original) nos hace pensar que la cuestión estará ahí. ¿Va a respetarse esa dimensión que tan grande hizo a la obra original? ¿Se respetará el propio trasfondo existencial y de autoconocimiento que Motoko mostró en su día a lo largo de la escasa hora y veinte minutos que duraba la película original?

Si algo hizo memorable a Ghost in the Shell fue que para muchos, entre los que me incluyo, continuó avanzando en las líneas que ya había dejado apuntadas Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Además de los pequeños homenajes que la obra de 1995 hacía a la obra de Scott (ya desde el principio, con esa voz en off que en ambos casos nos introduce en la acción), era evidente que si los replicantes habían demostrado ser “más humanos que los humanos”, los cyborgs de Oshii tenían problemas de identidad muy parecidos. También, por cierto, los humanos pirateados y con recuerdos implantados tenían una problemática muy parecida a la de los replicantes, que pronto descubrían que todos sus recuerdos eran falsos.

Ghost in the Shell llevó un paso adelante esta narrativa cyberpunk de las experiencias simuladas añadiendo una poco disimulada carga de existencialismo mezclada con el nacimiento de Internet y las redes de datos. Todo ello llevaba a una reflexión sobre la capacidad de una inteligencia artificial para tomar conciencia de su propia existencia. Si el asunto fundamental era la existencia, como habían apuntado esos replicantes tan deseosos de vivir, era evidente que en la sociedad ultratecnológica de Ghost in the Shell toda la acumulación de información y los experimentos con inteligencia artificial y cyborgs debían culminar en la propia autoconciencia de estas nuevas entidades.

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Los cyborgs de Ghost in the Shell, al igual que los replicantes, son paranoicos acerca de sus orígenes. El avance de la película, con gran acierto, parece recoger esa idea y explotarla acerca de los orígenes últimos del personaje encarnado por Scarlett Johansson, que se debate entre creer aquello que le han contado (que le salvaron la vida) y aquello que le es revelado por alguien no humano (que en realidad le robaron su vida). Y ese es el asunto clave, con el que cerramos estas líneas. ¿Va a explotarse en la película que se estrenará en marzo del año que viene el asunto capital de esta saga? ¿Disfrutaremos de los conflictos generados por cerebros cibernéticos e inteligencias artificiales autoconscientes que han generado su propia alma (o ghost, en la terminología que acuñó Shirow Masamune en el manga) en una sociedad humana que no los considera como sujetos con derechos propios? Recordemos que el film original de 1995 una de estas inteligencias artificiales demandaba asilo político como nueva forma de vida con sus derechos. Así pues, si los cerebros cibernéticos pueden generar su alma, ¿donde está la importancia de ser humanos? ¿Qué es aquello que realmente nos diferencia? Volvemos así, como no podía ser de otra manera, a Blade Runner y al lema de la Tyrell Corporation, fabricante de unos replicantes que se anunciaban como “más humanos que los humanos”. Esperanzados estamos, por tanto, de poder ver una película que muestre, al menos, que son tan humanos como los humanos.