El final de la saga que a nadie le gusta
50 Sombras de Colossus

Si has llegado aquí es por la curiosidad, por el morbo y sobre todo porque no te gusta “50 Sombras de Grey”, tranquila, a mí tampoco. Por ello, he decidido dedicarle un artículo como colofón final de una saga que termina y lo que supone de negativo y tóxico para aquellos que quieran acercarse al modelo de pareja que forman Anastasia y Christian en esta trilogía basada en las novelas de E.L.James.

CELOS

Lo primero que se observa, y me centraré en el último film es en los celos del protagonista masculino. Paso a recitar lo que vi en una de las primeras escenas del film: la chica está tomando el sol bajo una sombrilla y pide a su marido, Christian Grey, que le dé un poco de crema solar en la espalda pero para ello, quiere que le quite la parte superior del bikini. Respuesta del protagonista masculino: “no, que ya suficiente estás enseñando. Los hombres de la playa te están comiendo con los ojos”. Esta respuesta altamente tóxica no solo cosifica el cuerpo de su mujer sino que sobreenteniende que todos los comportamientos de su compañera son ahora propiedad suya.

Nada diferente a los dos entregas anteriores donde vemos control a través del teléfono móvil. Christian no quiere que salga con sus amigas, no quiere que se desnude en la playa y si es posible siempre le recordará que es suya, suya y suya.

POSESIÓN

Entramos en la siguiente fase: la posesión. Al ser “suya”, hay momentos donde deja claro que no quiere compartirla con nadie. “Anastasia, no puedo estar un segundo más compartiendote con nadie, vayámonos” dicen al salir de la boda. De nuevo, esto son solo los primeros cinco minutos de la película. Cuando hablan de tener un bebé, porque ella se queda embarazada, él dice “no podría compartirte con nadie”, y que “preferirás al bebé antes que a mí”…Y si creías que ella iba a tomar las riendas, sexualmente hablando, solo se hacen pequeños atisbos, pero en ningún momento toma el látigo y se pone en plan dominatrix.

INSEGURIDAD

…Y ahí entra la inseguridad. Christian viene de un pasado como niño de acogida, con una madre drogadicta y un padre ausente y por ello tiene esas taras de inseguridad que en vez de resolverlas, las paga con la mujer que intenta ponerle todo lo más fácil posible. Christian no cree que fuera un buen padre, no se cree merecedor del amor de Anastasia y tampoco crea que tenga preferencia antes que un bebé. En varias escenas del film, él se automachaca para que su mujer le responda con piropos y cariños que le designen “el mejor hombre del mundo”, siendo todo lo que hemos hablado antes.

MACHISMO

Al hablar de si quieren tener o no el bebé, hay una escena donde ella le dice: “si es niño…pero…¿y si es niña?”…ante eso Christian pone los ojos en blanco y se tumba en la cama. Sin palabras ha dado la que posiblemente sea la escena más machista que he visto en mucho tiempo. Y el machismo, en esta historia escrita por una mujer, también se transmite a Anastasia que ante la nueva arquitecta de su nueva casa (que por cierto, nunca se ve el resultado final), en vez de mostrarse segura, compite con ella y le da toques para que no “tontee con mi marido”. Sin duda, una pena de historia donde también Anastasia recoge el testigo de todo lo anterior dentro de la historia de amor y lo hace también suyo.

¿PERO PORQUÉ TRIUNFA?

La saga de los libros de E.L. James ha vendido 150 millones de ejemplares, sus películas han sido vista en decenas de países. Pero yo no me quedo con las cifras, por lo que ayer me fui a un cine a verla por mi mísma. Quería ver la reacción del público (que ya me sorprendió con la película “Perfectos Desconocidos” donde una Juana Costa era perseguida por su marido, porque quería ver (cuchillo en mano) si llevaba o no bragas”, mientras su mujer corría por la casa corriendo con miedo). ¿Pensáis que esa escena sobrecogió al público? Todo lo contrario: había risas entre los señores y señoras que me rodeaban en la sala.

Christian Grey y Anastasia Steel triunfan entre el público porque así somos todavía. Permitimos machismos o micromachismos diariamente, vemos correcto que nuestras madres critiquen a sus cuñadas, los maridos solo se relamen al ver las tetas de Dakota Johnson pero no quieren ir “ni por asomo” a ver la película y he visto tweets de chicas “queriendo a su Christian Grey”. Un hombre que como hemos mostrado antes: es machista, celoso, inseguro y agresivo con su pareja (aunque el BDSM siempre es consentido, es agresivo verbalmente imponiendo siempre lo que quiere). Yo no querría una pareja como Christian Grey ni de asomo pero tampoco hay que aspirar a Anastasia Steel que recoge el testigo de la misma manera, siendo todo un guirigay de no te menés.

¿QUÉ NOS APORTA 50 SOMBRAS DE GREY?

Podría decir “nada” pero mentiría. “Cincuenta Sombras de Grey” visibiliza las relaciones diferentes, que dentro de lo malas o buenas que puedan ser, es la que E.L. James quería apostar dentro de sus novelas. La autora venía de la televisión por lo que pudo anotar mentalmente lo que de verdad funciona. De nuevo, sin un público que viera dichas películas y adoptaran los comportamientos de ambos protagonistas como algo positivo, no habría éxito.

También parece apostar por enseñar más allá de lo que se creía hasta entonces como BDSM. Aunque desde el colectivo siempre han señalado que esta saga tampoco lo hace bien. Sin embargo, yo me quedo con que representan una nueva forma de sexualidad ante un público (en la sala de ayer había más mujeres de la edad de mi madre que de la mía) que no lo ven como una perversidad o algo solo para “viciosos” y que puede formar parte de la sexualidad de cualquier pareja como lo que es: una práctica que siempre que tenga el consentimiento de las dos personas es perfectamente correcta como todas las demás.

El sexo tampoco está representado de las mejores de las maneras. Mientras que Anastasia le ofrece sexo oral durante un buen rato a su marido, éste solo le ofrece dos segundos de sexo oral a su pareja. Se muestra más el sexo por penetración que otra cosa, y la protagonista femenina lo llega a decir, un “deseo de venganza” (y yo en mi mente me llegó a veces la sensación de placer egoísta solo de él) que el de ella.


Cincuenta Sombras de Grey ha formado parte, indirecta o directamente, de las marquesinas de los autobuses, de los estantes de las librerías y por lo único positivo que le veo: del pensamiento de algo diferente por parte de la población. La visibilidad de una nueva forma de sexualidad puede llevar a la experimentación por parte de alguna que otra pareja y hoy en día se ve con otros ojos la práctica del BDSM pero no nos engañemos: el envoltorio de la saga no es amor, sino veneno. Solo lo salva la música dirigida por Danny Elfman y los planos de Seattle de vez en cuando. Y por Dakota. 4/10.