Especial Indiana Jones

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Indiana Jones, el aventurero más famoso del cine, nació en una isla hawaiana en el verano de 1977, donde los cineastas y colegas George Lucas y Steven Spielberg, dos de los jóvenes directores que estaban revolucionando el cine de los 70 (junto a otros como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, o Woody Allen… pero realmente, y ya sea para bien o para mal, ¿a quién sino a Lucas y Spielberg debemos el cine del nuevo milenio?), esperaban con nerviosismo la respuesta a sus dos películas “espaciales” (Star Wars y Encuentros en la tercera fase). Lucas comentaba cómo le gustaban los seriales y filmes de aventuras tipo Las minas del rey Salomón cuando era niño. Spielberg, por su parte, estaba empecinado en dirigir un film de James Bond. De esa conversación surgió Indiana Jones (al principio Indiana Smith), un arqueólogo de los años 30 que, cuando no daba clases en la universidad, corría excitantes y peligrosas aventuras para hallar todo tipo de reliquias antiguas. El objetivo de los dos directores era recuperar el sabor de los filmes de aventuras clásicos pero con las cada vez mayores posibilidades que ofrecía el nuevo cine. De nuevo, y quizá sin saberlo, Lucas y Spielberg estaban pariendo otro mito inmortal, no solo del cine, sino de nuestras vidas.

Indiana Jones no solo era una de las trilogías más famosas (y mejores) del cine de los últimos treinta años, ahora ya es tetralogía con el inminente estreno de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, que llegará en breve a nuestros cines (y que es el origen de este artículo especial), amén de una serie de televisión a revisitar, Las aventuras del joven Indiana Jones (1992-96), y decenas de novelas, cómics, videojuegos (¡¿cuándo se dirá que Indiana Jones and the fate of Atlantis es uno de los mejores juegos de ordenador de la historia?!), y padre de un montón de pastiches deudores de la trilogía (¿a alguien más le pareció The Mummy un plagio de Indy con momias incluidas?). En fin, que desde que el doctor Henry Jones, más conocido como Indiana Jones, se calara su sombrero Fedora, su cazadora, e hiciera fustigar su látigo, el cine, y la vida (como tantas otras veces cuando Lucas y Spielberg meten mano), nunca han vuelto a ser igual.

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EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA

(Raiders of the lost ark), 1981

Director: Steven Spielberg;
Guión: Lawrence Kasdan, según la historia de George Lucas y Philip Kauffman;
Productor: Frank Marshall;
Fotografía: Douglas Slocombe;
Música: John Williams;
Intérpretes: Harrison Ford, Karen Allen, Paul Freeman, Ronald Lacey, John Rhys-Davies, Denholm Elliott.

4 Oscar (Efectos Visuales, Sonido, Decorados, Montaje)

114 minutos

Diez minutos bastan para saber que no estamos ante una película de aventuras más. La maestría con la que Spielberg (ayudado por la excelente fotografía de Douglas Slocombe) nos introduce poco a poco en el prólogo y cómo presenta a Indy son sólo una muestra. Luego viene la mítica carrera para huir de la bola gigante, o la evasión de un grupo de salvajes a bordo de un avión. El personaje queda planteado: tipo duro, cínico, humano (no siempre acierta), y más antihéroe que otra cosa (al final, se queda sin ídolo dorado). Así comienza En busca del arca perdida, obra maestra indiscutible del cine, y uno de los más grandes ejemplos de lo que significa cine de evasión. El argumento no puede ser más sencillo: en los albores de la II Guerra Mundial (1936) los nazis buscan hacerse con el divino poder del Arca de la Alianza. El servicio secreto norteamericano se pone en contacto con el profesor Jones para que la encuentre antes. Disparatado, pero divertidísimo y, sobre todo, muy verosímil (es la entrega más seria de la trilogía), gracias a un fantástico guión de Lawrence Kasdan, estupendo director al que debemos otras dos obras maestras, Fuego en el cuerpo, y el guión de la mejor entrega de Star Wars, El Imperio contraataca. Kasdan puso orden a las ideas de Lucas y Spielberg y entregó una historia excelente en su desarrollo, además de unos personajes perfectamente delineados, como son el francés Belloq, interpretado por Paul Freeman, o la Marion Ravenwood de Karen Allen, todo un torrente femenino, así como John Rhys-Davies como Shallah, y un Harrison Ford en la mejor interpretación de su carrera, mimetizándose con su Indy y pasando al imaginario colectivo. Hay de todo: héroe que las pasa canutas (y no siempre vence), un antiguo amor que vuelve (pedazo de escena entre Indy y Marion en el camarote: eso es escribir una escena romántica), persecuciones de antología (la del camión hacia el último tercio del film: inolvidable, espectacular, im-pre-sio-nan-te), muchas serpientes, algo de fantasía, humor (Indy en el mercado egipcio), y hasta un mono que hace el saludo nazi. Spielberg se luce en todas y cada una de las secuencias (la pelea en la taberna de Marion, entre sombras, incendios y nieve; la Sala de Mapas, con la luz del sol señalando la localización del Arca; el anochecer sobre el Pozo de Almas; la pelea de Indy con un nazi fortachón por un avión). Y encima tenemos la música de John Williams. ¿Qué más se puede pedir? Mítica.

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INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO

(Indiana Jones and the Temple of Doom), 1984

Director: Steven Spielberg;
Guión: Willard Huyck & Gloria Katz, según la historia de George Lucas;
Productor: Robert Watts;
Fotografía: Douglas Slocombe;
Música: John Williams;
Intérpretes: Harrison Ford, Kate Capshaw, Ke Huy Quan, Amrish Puri, Roshan Seth, Philip Stone.

Oscar efectos visuales

117 minutos

La segunda entrega de las aventuras de Indiana Jones se vio rodeada de polémica. La crítica la acusó de ser demasiado oscura, demasiado violenta, demasiado fantástica. Dio lugar a una nueva calificación, la de no recomendada a menores de 13 años, pero volvió a reventar las salas. Sin lugar a dudas, es la peli más floja de las tres, debido principalmente a un guión carente de toda la fuerza y desarrollo narrativo de la anterior, limitándose sus autores a una serie de escenas de acción unidas de la mejor manera posible. El templo maldito es, desde luego, totalmente imposible desde su arranque, la historia es apenas inexistente (Indy en 1935 , huyendo de los chinos, llegando a la India, y cayendo en las garras de una peligrosa secta), y carece de la profundidad dramática de En busca del arca perdida. Y aún así sigue siendo una película realmente deliciosa, puro despropósito de principio a fin, dos horas trepidantes, que nos tienen con el corazón en un puño (chiste fácil, ¿lo han pillado?), rebosando adrenalina y diversión, entregando también otra cadena de momentos antológicos (la pelea en Shangai, la barca hinchable saltando desde el avión y atravesando las montañas, la antológica cena en el palacio, la relación amor-odio entre Indy y Willie, digna de la mejor screwball comedy de los 30, los rituales de Mola Ram, la persecución en vagonetas, todavía hoy insuperable, el final en el puente…). Realmente, el film es una compilación de momentos inolvidables, donde todos se lo pasan pipa, desde los actores (¿Harrion Jones, o Indiana Ford?; una alocada Kate Capshaw, futura mujer de Spielberg, como la cantante perdida en la selva de la aventura; o el pequeño Ke Huy Quan, más conocido como Tapón), a Spielberg y Lucas con sus chistes personales (los protagonistas se llaman como los perros de ellos y el productor Marshall, Indy, Willie y Tapón; el nombre del bar de Shangai es Obi Wan Club; Indy se pasa, momentáneamente, al lado oscuro; el film comienza con nuestro héroe vestido de smokin al más puro estilo James Bond), pasando evidentemente por el espectador, que apenas tiene tiempo para pensar nada ya desde los títulos de crédito, con ese número musical que es una declaración de intenciones: este Indy es diferente. Hay más humor, más acción, más violencia, es hasta un pelín gore. Pero sobre todo es divertidísima. Puro y trepidante sentido del espectáculo.

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INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA

(Indiana Jones and the last crusade), 1989

Director: Steven Spielberg;
Guión: Jeffrey Boam, según la historia de George Lucas y Menno Meyjes;
Productor: Robert Watts;
Fotografía: Douglas Slocombe;
Música: John Williams;
Intérpretes: Harrison Ford, Sean Connery, Alison Doody, Denholm Elliott, John Rhys-Davies, Julian Glover, River Phoenix.

Oscar Efectos Sonoros

126 minutos

A pesar del éxito de El templo maldito, ni Ford ni Spielberg ni Lucas estaban artísticamente contentos con ella, y por eso volvieron cinco años después con una nueva (y, en su momento, definitiva) aventura, que bebe directamente de las bases sentadas por En busca del arca perdida: situada en 1938, los malos vuelven a ser los nazis, que esta vez secuestran al padre de Indy para encontrar el Santo Grial, el cáliz de la vida eterna. Quizá por ello, por sus similitudes narrativas con la primera entrega, La última cruzada carece del elemento innovador de ésta, pero aun así es la favorita de muchos fans, entre ellos un servidor. El porqué tiene nombre y apellido: Sean Connery. Elegido para interpretar al severo padre de Indy, volvía a ser un guiño de Spielberg y Lucas (recordemos que Indiana nació como una suerte de James Bond en los años 30, y Connery es el primer y mejor Bond de la saga). Connery es un auténtico volcán interpretativo, revoluciona la película y contagia a todos con ella, llenando la pantalla con su sombrerito y demostrando una gran vis cómica, además de una química impresionante con Ford. Sus vis a vis se cuentan entre lo mejor de la película (diálogos, discusiones, miradas), y es que al fin y al cabo, La última cruzada trata sobre el reencuentro entre un padre y un hijo (¿qué coño le pasó a Spielberg en su infancia?), y también del origen de Indiana Jons, ya desde ese prólogo ambientado en 1912 (origen de la serie de televisión), donde Indy es encarnado por River Phoenix y descubrimos donde consigue su sombrero, se nos explica su fobia a las serpientes, le vemos empuñar un látigo por vez primera, y en quién se fijó para su atuendo posterior. A Ford y Connery les acompañan Denholm Elliott y John Rhys-Davies, reducidos a comparsas cómicas, como contrapunto de la seriedad que ofrecen Alison Doody (la primera chica Indy mala), y Julian Glover. Con un comienzo interesante pero imposible de estar a la altura de los dos primeros, un ritmo más pausado que en El templo maldito pero mucho más humor que en El arca perdida, las secuencias antológicas vuelven a sucederse: la biblioteca de Venecia (“la X marca el lugar”), la persecución en lanchas, todo lo que acontece en el castillo de los nazis, con la divertidísima aparición de Henry Jones Sr., la persecución en sidecar, mítica, Indy cara a cara con el “mismísmo” Adolf Hitler, el zeppelín (“No tenía billete”), la posterior secuencia de los aviones que culmina con Connery derribando un avión al espantar unas gaviotas con su paraguas, la larga escena en el desierto, nueva muestra del saber hacer de Spielberg, con una trepidante pelea en el tanque, las tres pruebas del Grial, y la marcha de nuestros protagonistas hacia el sol del atardecer tras descubrir que, efectivamente, Indiana es el nombre del perro de Henry Jones, “Junior” para su padre. La última cruzada es, definitivamente, una maravilla increíble, un torrente de emoción y espectáculo que aúna lo mejor de sus dos antecesoras para crear una aventura irrepetible, y convertir a Indiana Jones, como después de beber del cáliz, en inmortal.

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INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL

(Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull), 2008

Director: Steven Spielberg;
Guión: David Koepp, según la historia de George Lucas y Jeff Nathanson;
Productor: Frank Marshall;
Fotografía: Janusz Kaminski;
Música: John Williams; Intérpretes: Harrison Ford, Cate Blanchett, Shia LaBeouf, Karen Allen, Ray Winstone, Jim Broadbent, John Hurt.

El 22 de mayo llega a nuestras salas la esperadísima cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones, que lleva cociéndose desde que se estrenara La última cruzada, hace 19 años. Precisamente 19 años han pasado también para Indy. Estamos en 1957, en plena guerra fría. Una calavera de cristal, misterioso objeto esotérico. A Indy le acompaña la Marion de En busca del arca perdida. El escenario principal será América del Sur. Los malos son los rusos. Poco o nada más sabemos del argumento. ¿Es Shia LaBeouf, actor de moda, el hijo de Indy? ¿Qué papel hace John Hurt? ¿Abner Ravenwood, maestro de Jones y padre de Marion? ¿Por qué Cate Blanchett sale en todas las películas? No se creaba tanta expectación desde el estreno de La amenaza fantasma, lo cual no es precisamente tranquilizador, y menos si consideramos seriamente el horrible título del film (¿en qué estabais pensando, Spielberg y Lucas?). Pero conservemos la calma, la sangre fría, y abriguemos todo tipo de esperanzas. Al fin y al cabo, los responsables son los mismos: un Spielberg que está en estado de gracia desde hace veinte años, un Lucas al que por La venganza de los Sith le perdonamos los Episodios I y II, un guionista competente, David Koepp y un reparto maravilloso: Ford, Blanchett (la mejor actriz del mundo ahora mismo), LaBeouf, Winstone, Hurt, Broadbent… Y el trailer es, sencillamente, acojonante. Recemos para que no se les haya ido la mano con los efectos especiales, que el asunto esté más cerca de La última cruzada que de El templo maldito, o en su defecto más de El templo maldito que de Van Helsing o Lara Croft o The Mummy Returns. Vaya, que siga respirando ese aire a aventuras de toda la vida. Ese aroma. Ese toque puramente Indiana Jones.