El Sueño de una Noche de Verano. Final Fight.

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Mejor no digo los años que estuve encallado aquí.

Corría el año 1991 o 1992. Situémonos en Almadenejos, pequeño pueblo de 400 habitantes, en Ciudad Real. Como era típico en aquellos tiempos, los dos únicos bares del pueblo tenían su correspondiente recreativa, y yo llegaba ansioso en cada nuevo periodo vacacional por ver qué nuevo título me depararía el destino. En aquella ocasión, descubrí a lo largo de una maravillosa semana la nueva recreativa que habían traído. Era de una tal Capcom, desconocida para mí en el momento. Final Fight se llamaba. Tras probarla por vez primera, acabé consiguiendo 500 pesetas de la época que me gasté en aquella recreativa hasta que llegó la madrugada. No abandoné mi puesto delante de la recreativa durante una hora y media, o quizás fueron dos. Acababa de descubrir el placer de los beat’em up, lo que me llevó a comprar este juego a los pocos meses, cuando salió para SNES (terriblemente recortado), y posteriormente en GBA (intacto).

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Eran los 80 y los gimnasios estaban llenos.

En el momento en que ví la impactante introducción supe que ese era mi juego. El impresionante sonido del teléfono cuando los delincuentes llaman a chantajear al alcalde Haggar. La línea de bajo junto con la impresionante melodía. La proposición al alcalde de que colabore con las bandas que controlan la ciudad de Metro City es rechazada por éste, hasta que descubre que han raptado a su hija Jessica. En la versión japonesa ésta aparecía en ropa interior, en la americana y europea directamente no aparecía, aunque en la versión SNES volvía a aparecer, algo más vestida. Lo fundamental era que la secuestraban, y Cody (su novio) y Guy (un amigo) no lo iban a permitir. Cody aprendió a combatir en las calles; Guy era experto en ninjitsu. Por su parte, el alcalde Haggar es un político de hechos, y también saldrá a buscar a su hija. No en vano fue luchador profesional de lucha libre (haciendo su aparición en el juego Saturday Night Slammaster). Así comienza el juego que marcó una época y un género.

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Limpiando el metro de indeseables (prostitutas y El mayor haciendo frente a la corrupción.

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miembos de Guns&Roses que se cubren, etc…)

Este juego salió en Japón en 1989, y aunque podríamos decir que el género estaba prefigurado ya por Double Dragon y otros, fue Final Fight quién impuso el lenguaje que triunfaría en el género. Barras de vida para los enemigos, posibilidad de agarrar a los enemigos, sprites gigantescos… Utilizando la placa CPS-1 (lo que el buen aficionado al Street Fighter II notará, puesto que algunos efectos de sonido se reutilizaron), Capcom creó un juego con un éxito tremendo e inmediato, lo que llevó a que se hicieran conversiones para Amiga, Commodore 64, Amstrad CPC, Snes y Mega-CD en el momento. Todos querían limpiar Metro City de indeseables.

Nuestra misión era limpiar las calles de indeseables y malincuentes que se habían hecho con el control de la ciudad. A lo largo de seis zonas representativas de la ciudad debíamos acabar con toda una serie de tribus urbanas, desde punkies y heavyes pasando por navajeros, prostitutas que luego resultaron ser transexuales, por lo que se decidió meter unos nuevos punkarras en la versión PAL, de nombre Sid (Vicious) y Billy (Idol). Este argumento, que podrá parecer sencillo a día de hoy, gracias a unos gráficos espectaculares (Double Dragon palidecía en las comparaciones), un sonido maravilloso y una jugabilidad mítica “a dobles”, nos tuvo enganchados a muchos a esa máquina. La dificultad era endiablada, y ya era un logro conseguir pasar del segundo jefe Katana (en origen Sodom, que sonaba a cierta ciudad bíblica y fue cambiado).

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Este punkie nos dejó sin prostitutas-transexuales. El culpable de todo (silla de ruedas sólo en Japón).

¿Por qué este juego es un hito representativo de la cultura pop de los años 80? Sencillamente porque sus creadores, en un hito de sociología videojueguil, decidieron introducir muchos elementos de un determinado ámbito de la cultura popular. Por ejemplo, el gigantón Andore era un clon de Andre the Giant, campeón de la WWF. Cuando dos años después quisieron hacer lo mismo con Mike Tyson, la cosa salió peor. Axl y Slash, con sus chaquetas de cuero y pelos largos y cardados mostraban la parodia del grupo Guns&Roses (Patrick, va por ti). Las prostitutas no se llamaban Poison por casualidad (atended al grupo femenino de glam rock). El jefe Abigail (años y años sin pasármelo) nos recuerda el título de un disco de Mercyful Fate, cuyo cantante es clavado a él. En cuanto a Sodom (aquí era Katana), bueno, ahí tenéis a un grupo de trash metal alemán de los ochenta… Y el argumento del juego; mirad el film Streets of Fire.

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Pasar de aquí en la recreativa era de genios. La malincuencia arrecia. A mí Chuck Norris.

Así pues, este juego se ha convertido en un clásico por todas estas razones; razones por las que recomiendo que lo emuléis y disfrutéis de lo que podríamos llamar el cánon sagrado de los beat’em up (reparte y adelante). Definió el cánon eclesiástico del género sin relativismo alguno, que diría Benedicto. Modelo que títulos como Streets of Rage, Knights of the Round, River City Ramson, King of Dragons, Legend, Rival Turf, Two Crude Dudes y un sinfín más siguieron, creando un género que mantuvo una vitalidad impresionante hasta la llegada de los 32 bit. Triunfaron las barras de energía y se acabaron los cuadrados de energía de Golden Axe. A su vez, es un juego que sigue siendo divertido, no habiendo perdido vigencia en absoluto su sistema de juego.

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Finalmente, y para los paladares más selectos, rezuma gran cantidad de detalles de estética ochentera y malincuente que tanta autoridad moral dio a Chuck Norris. Bandas callejeras, delincuencia organizada, corrupción policial y honrados ciudadanos secuestrados. En esa época, a ningún joven se nos pasaba por la cabeza ser ladrones, robar coches y hacer el mal, como es norma habitual en los juegos de ahora. Cuando las bandas dominan la ciudad, los valientes deben salir a limpiar las calles. Yo me apunté, y por ello crecí como una persona equilibrada y con ética. Y tú, ¿vas a seguir jugando al GTA IV?