Crónica del concierto de Green Day

Madrid, 29 de Septiembre

greendaymadrid_1.jpg

Antes de empezar, quisiera dejar claro que Green Day me ha ganado la partida desde hace cuatro años, por lo que no voy a ser objetivo; es más, aunque en la actuación hubiesen salido, plantado una mierda en el medio del escenario y dar el sarao por finiquitado habría salido de ahí más contento que unas castañuelas.

Bien, después de esta pequeña aclaración debo declarar este como el concierto de mi vida. Es verdad que no he asistido a muchos, y que es pronto para decirlo sabiendo que mi corta edad no supera las dieciséis primaveras, pero tengo ciertos motivos que hacen que esto sea así.

A las 8.15 del 29 de septiembre de 2009 (San Miguel, ¡qué nombre tan bonito!) salía de mi casa hacia el metro para convertir lo que debía haber sido una jornada escolar en una experiencia musical antológica. A las 9.00 ya estaba en la cola del Palacio de los Deportes de Madrid, donde habían formado cinco filas y en seguida unos muchachos vinieron a explicarme de qué iba la cosa.

-“La organización nos ha pedido que formemos cinco filas para entrar ordenadamente al recinto a la apertura de puertas [19.00h], de modo que te vamos a asignar un número acorde con el siguiente a ti en la fila, para que estés identificado con el momento en el que has venido a hacer cola y así puedas entrar en el orden del número que te corresponde. Este número te lo pintamos en la mano, seguido del número de la fila en la que te encuentras.”

Todo esto tenía pinta de ser precioso, organizado y una idea como ninguna. Pero me daba en las orejas que no sería tan idílico como lo pintaban. Alrededor de las 13.00h todo el mundo comenzó a avanzar hacia la puerta de entrada, quedaban seis horas y ya habían agobios y polémicas. Poco a poco, sin quererlo, aquellos muchachos habían ido formando un embudo: cinco filas que acababan en una sola, atravesando la carretera de una calle que, aunque era poco transitada, de vez en cuando recibía la visita de algún coche o moto que volvía a revolucionar todo el mogollón. Poco a poco veías como llegaba gente sin número en la mano (cuando tú tenías el 5.-0137) y que se ponía por delante de ti. Evidentemente, esto ocasionó una revolución, pero tras un rato se formó una masa delante de la puerta que era imposible mover. Llegó la policía, cortó la calle y colocó unas vallas de seguridad acotando la zona (cosa que deberían haber hecho desde el principio, cuando había 5 filas).

greendaymadrid_3.jpg

Bien, 18.30, la puerta se abre, y el embudo te lleva inconscientemente hacia ella de modo que se aceleran tus pulsaciones y tu mente se transforma. Te has convertido en una niña de quince años histérica que ansía colocarse en las primeras filas, y lo peor es que no hay solución. Pides al staff del recinto que rompa poco tu entrada, ya que quieres conservarla, y vas esquivando guardas de seguridad que ruegan que no corras, pero evidentemente se lo dicen a los demás, no a ti…

Conseguí un buen lugar alrededor de lo que sería una 5ª fila imaginaria, pues aquello era un pastel de gente sudorosa y sedienta de Green Day. Tras cuatro años volvían a reventar Madrid, y nosotros queríamos ser partícipes de ello. Aparecen los teloneros, Prima Donna, un conjunto dedicado al rock & roll clásico, con riffs bien diferenciados y solos de guitarra sin camiseta, de los que poco se encuentran últimamente. Un único fallo, pero mortal, era que el sonido era infame. Escuchabas un zumbido que hacía que no te enterases de que habían cambiado de canción. Tres veces. Y sólo podía rogar al cielo que Green Day sonase mejor.

Al fin, las ocho y pico de la tarde y comenzabas a escuchar la radio loca de Song of the Century (la versión del disco, amplificada). Y poco a poco ibas oyendo, ya en directo, los primeros compases de 21st Century Breakdown (canción con la que se abre la escena del disco que toma el mismo nombre), y compruebas que Prima Donna no sabía de configuraciones de amplis y demás, porque sonaba tan impecable como exquisito. Tras acabar la canción emblema del último álbum de la banda californiana, dieron paso al primer single, Know your Enemy. Sacaron a un chico de estética punk a probar las exquisiteces que ofrece el Stage Diving, o lo que es lo mismo, saltar de cabeza al público. Billie Joe dio fe de que se encontraba en plena forma, y que estaba dirigiendo a un ejército compuesto por 18.000 adolescentes, desde los 8 a los 58 o más, pero adolescentes. El inicio del concierto se destacó por presentar temas de su último trabajo, cosa que muchos critican por perder ese hilo punk que dejó de oírse en American Idiot. Sandeces. Green Day evoluciona y madura, al igual que su música, y sus fans damos prueba de ello en eventos tan míticos como este.

Oh, Jesus… exclamaba Armstrong, a lo que el público le respondía, como a cada cosa que el líder de la banda proclamaba.

“And we will see how godless a nation we have become!”

greendaymadrid_4.jpg

Es la frase que da paso a East Jesus Nowhere, uno de los mejores temas no solo del 21CB, sino de la banda por el paso de todos sus trabajos (ocho hasta la fecha, sin contar recopilaciones ni actuaciones en directo). El show estaba servido, cuando sacó a un chiquillo de temprana edad de entre el público para que le ayudase a montar un paripé. Y aunque el pobre muchacho poco entendía de inglés, Armstrong hizo una parodia del fallo que hizo guardarse al público en el bolsillo. “Get out of here!” Gritó Billie al chavalín, riéndose.

“This song is not anti-America, is anti-war!”

Holiday comenzaba como en el aclamado Bullet in a Bible (disco grabado en directo en el National Bowl de Milton Keynes, en Inglaterra), y quedaba clara la implicación con el público, brindando así efectos visuales, pirotécnicos y especiales que hacían de aquello más que un show. Precedida de esta, entró The Static Age, criticando previamente a la sociedad actual con temas relacionados con la información, coreando frases como “No televisión! No Internet!”. Muy buena puesta en directo, justificada por la respuesta del público ante semejante espectáculo.

Before the Lobotomy (del bloque Heroes and Cons, incluida también en el último disco) fue una de las canciones prolongadas para hacer una presentación, en la que explicaban que llevan viniendo a Madrid desde 1991, mejorando con cada visita la anterior, y haciendo de esta última una auténtica fiesta. Yo me iba dando cuenta de que estaba asistiendo a todo un festival que jamás podría quitarme de la cabeza, haciendo de la selección de canciones, la puesta en escena y la perfección del sonido un todo que devolvía el público en complicidad.

greendaymadrid_5.jpg

Are we the Waiting, canción entrada hacia St. Jimmy, convirtió el escenario en algo más que unos metros, sino que hizo que todo el recinto fuera dicho escenario, en el que cada persona formaba parte de la actuación cantando a la orden de Billie Joe. Impagable la transición en la que empalma con St.Jimmy, canción que revolucionó al personal de nuevo cuando el hilo había dado un bajón sentimental, y puso a 18.000 almas a doscientas pulsaciones por segundo. Ese ritmo volvió a decrecer, sonando en acústico los acordes de Boulevard of Broken Dreams (dejando desnuda la evidente similitud con el tema de Oasis, Wonderwall). El mismo público silenció al vocalista y líder de Green Day entrando con miles de gargantas a cantar la canción, en una versión acústica que, hasta ese momento, creí establecer como la mejor que había escuchado jamás. Cien por cien de feedback por parte de los allí presentes, que podíamos ver cómo todas las canciones eran acompañadas por imágenes luminosas al fondo de la pantalla que metían en contexto a cualquiera, convirtiendo la velada en algo mucho más emocional. De pronto, a mitad de canción, rompió el ritmo acústico que llevaba la canción para dar fuerza a la situación, momento que el público aprovechó para volver a agitar los brazos, que no se vieron abajo en ningún momento del concierto.

Tras el recital del “moderno Green Day”, comenzó un homenaje a la antigua época del trío de Oakland, introduciendo Hitchin’ a Ride, y haciendo de nuevo a cada persona allí presente formar parte del show, que era dirigido por un Billie Joe eufórico y metido en escena, consecuente con lo que estaba cosechando ahí dentro, toda una bomba de relojería que acabaría estallando. Cuando, entonces, decidió convencernos a todos de que es un auténtico monstruo, interpretando los primeros acordes de Master of Puppets (de Metallica), y Iron Man (de Black Sabbath). Se había convertido en el maestro de marionetas de un guiñol compuesto por decenas de miles de personas. De este modo, empalmó con otra de sus canciones insignia, Brain Stew, donde volvieron a dar rienda suelta a su poderío con los efectos, liberando lenguas de fuego de diez metros que acompañaban a la histeria de los invitados. Volvían a rememorar viejas glorias, siguiendo Jaded y Welcome to Paradise.

Entonces ocurrió algo que podría tomarse como un error. Se ofreció a sacar gente para cantar Longview, y a pesar de intentar asegurarse de que los que subían conocían la canción, hasta tres intentos hicieron falta para que quedase algo decente. Pero ya era tarde, habían subido tres personajes que probablemente no sabían lo que hacían, y Billie Joe respondió a una de ellas con un “Get outta here! You suck!”. Momento en el que consiguió arrancar algunas carcajadas a los indignados con el resultado.

greendaymadrid_2.jpg

Más tarde, tras un Longview destrozado por los fans que hasta ahora habían estado perfectos, arregló la situación con She, otra muestra de lo que ha ido consiguiendo Green Day con el paso de los años. De este modo, pillando a todo el mundo desprevenido (pues había ofrecido a otro chico la posibilidad de practicar Stage Diving, con redoble de tambores y todo), dio paso al que probablemente sea el gran icono de la “época Dookie”, Basket Case. De este modo, mandó a unos cuantos a la enfermería por epilepsia y ataques, y no era para menos. Y una vez introducido el descontrol, montó una fiesta con su King for a Day, empalmando con la versión de los Isley Brothers, Shout. Una vez más, el personal enloqueció, cuando cambió su clásico “Always look on the bright side of life”, de La vida de Brian, por versiones de Brake on Through (to the Other Side), de The Doors; Stand By Me, de Ben E. King; y I can’t get no (Satisfaction), de Rolling Stones .

Fue entonces cuando hicieron un juego de emociones equivalente al de Bullet in a Bible, pasando del éxtasis absoluto a la afectación y el shock. En aquella actuación siguieron King for a Day con Wake Me Up When September Ends, y realizaron un equivalente sumiendo al público en la miseria con 21 Guns, volviendo, una vez más, a ser partícipes de las letras de la canción, interpretando el estribillo con el poco ego que nos quedaba. Y así, para levantar el ánimo, entro con Minority (del genial Warning), dando un final de actuación en el que todos nos quedamos con la miel en los labios.

“¡Otra! ¡Otra!”

Exclamaba el Palacio de los Deportes, a lo que la banda californiana respondió con un BIS antológico, dando entrada a American Idiot, seguida de otra participación sorteada por el público, en el que un chico arregló el estropicio de los que salieron en Longview tocando con la Les Paul Junior de Billie Joe el legendario tema Jesus Of Suburbia, devolviéndonos de nuevo la miel en forma de música. Y así, de este modo, completaron una actuación perfecta.

greendaymadrid_6.jpg

Pero no, aún quedaba la consagración de ser uno de los mejores grupos de la historia, en la que se guardaron mi corazón hasta más ver. Un único foco alumbraba el recinto, y recalcaba la figura del hombre que llevaba más de dos horas haciéndonos reír, llorar, gritar y bailar. Ataviado con una guitarra acústica, se puso al extremo de la pasarela y tocó una de las más emblemáticas canciones de sus inicios en un segundo bis, Christie Road en acústico. Y cuando todos teníamos la carne de gallina pude ver cómo colocaba sus dedos en la guitarra. Ese acorde lo conocía, y solo podía dar entrada a una canción. Pero no, era imposible, era Madrid, ¿por qué iba a sonar esa canción en acústico en el concierto de Madrid? Pues sí, así fue. Empezó a sonar Macy’s Day Parade. Con un nudo en la garganta, todos coreamos hasta la última de las estrofas, convirtiendo en un espacio mágico todo lo que allí acontecía. De este modo, hicieron que lo que ya llevaba siendo perfecto desde que al principio empezó con Song of the Century acabase de la mejor manera que podía terminar. Una vez terminada, decidió despedirse de Madrid con una histórica versión acústica de Good Riddance (Time of your Life). Y así fue como viví uno de los mejores días de mi vida.

Ya os dije que no sería objetivo, he leído otras críticas que dicen que tanta payasada hizo que se le fuese de las manos el concierto y pasasen cosas como las de Longview. Incluso, que Billie Joe se hizo notar demasiado, tanto que eclipsó al resto de músicos de la banda. Yo se que estuve allí, que pude ver como enseñaba el culo dos veces, lanzaba camisetas gratis con un bazooka, me mojaba con una pistola de agua y lanzaba papel higiénico con un artilugio parecido a un lanzallamas. Para colmo, el show terminó con un final de cuento. Y para aquellos que digan que Green Day no es punk, yo tengo una respuesta: no son punks, son dioses.

greendaymadrid_7.jpg