Crítica: Kingsman: el círculo de oro
Cuidado con el KFC

El pasado viernes 22 se estrenó la secuela de Kingsman: servicio secreto basada en los comics de Mark Millar y Dave Gibbons. La primera parte había dejado el listón muy alto y las expectativas de los espectadores dudosas, dada la mala fama de las secuelas en general.

Cuidado spoilers: lea bajo su responsabilidad.

Pues bien, tras el final de la primera parte, Eggsy ya es todo un Kingsman y la vida no le va nada mal hasta que se encuentra con un antiguo aspirante a Kingsman, Charlie. Obviamente busca vengarse de Eggsy por haber conseguido el puesto en Kingsman y haber perdido un brazo. Este planteamiento inicial de Charlie como antagonista está bien, pero que pueda controlar remotamente el brazo y hackear los datos de Kingsman tan fácilmente es algo que me desconcertó un poco. ¿Cómo una agencia de inteligencia secreta con los últimos avances tecnológicos tiene tan poca seguridad?

Eggsy maduró desde la primera película y su relación con la princesa de Suecia va un paso más allá: conocer a sus padres. Personalmente, me gustó mucho el flashback que tiene cuando dice que sabe utilizar todos los cubiertos de la mesa y vemos a Harry explicándole (en la primera película) para que es cada cosa. Me pareció un detalle muy bonito hacia un personaje que se ganó el cariño de todos en la primera parte.

Mientras transcurre la cena, tenemos la típica escena del primer contacto con los suegros aunque Eggsy cuenta con el apoyo de Roxy para impresionar a sus majestades. Creo que más de uno habrá pensando en que ojalá pudiesen tener ese apoyo en una situación así. Aunque lo que no me gustó es que al destruir la base de operaciones y por tanto, a todos los miembros de Kingsman, no pudiesemos ver un poco más el desarrollo de la relación entre Roxy y Eggsy, pero eso ya es cuestión de gustos.

Aquí es donde se podría decir que empieza la película realmente: Eggsy, devastado por la pérdida de sus compañeros y de casi todo lo que tenía, se da a la bebida con Merlín. O dicho finamente: activan un nuevo protocolo de actuación. Solo encuentran una botella de whisky que, ya que está ahí habrá que bebersela, ¿no? Esta escena para mi fue una de las más divertidas.

Esto los lleva al KFC, digo… a Kentucky. La organización homóloga estadounidense, Statesman, que se dedica al negocio del whisky en vez de a la sastrería (muy inteligentes, ¿no creeís?), les ofrecen todos sus recursos y les muestran a Harry vivito y coleando. La reincorporación del antiguo Galahad al equipo es algo que les viene muy bien, sobre todo porque no todos tienen su instinto y lo deja bien claro. De todas formas, que pongan todo tan fácil siempre da lugar a desconfiar un poco.

Por otra parte, he de hablar del papel de la villana de la película, Poppy (estereotipo de villano que quiere un reconocimiento mundial). Me gustó su intepretación y su forma de deshacerse de lo que ya no le sirve o no le hace falta (creo que a más de uno se le quitaron las ganas de hamburguesas). Usando algo tan socorrido como puede ser el narcotráfico, logra su objetivo al desatar una enfermedad para la que solo ella tiene la cura. Un poco topicazo, sí, pero no está del todo mal con un toque de excentricidad.

En conclusión, Kingsman 2 gustará a todo aquel que le gusten las películas de superhéroes pues tiene una trama decente, ya que la historia es la típica que se puede encontrar en cualquier película del estilo, y una buena banda sonora aderezada con la aparición del propio Elton John.