Comienzos del cine. El estigma de la crueldad en el cine.

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En 1914 nos encontramos con el cruel comienzo de la modernidad. Películas como Yo acuso (J’accuse 1918) de Abel Gance es buena muestra de ello. Se filma durante el mismo conflicto bélico (1ª Guerra Mundial). Abel Gance mezcla más que nunca realidad y ficción. Realidad y ficción de una guerra que sentó las bases de la brutalización de la política. La primera guerra mundial es un fenómeno de masas. Con J’accusse se quiso dar entrada en el discurso histórico la experiencia vivida en la guerra. No el factor político o bélico, sino el humano. Estamos hablando de la época de los auges de los fascismos, su propio nacimiento marca el final de la primera gran guerra.

Varias teorías indican que todo el S. XX está inscrito en la 1ª Guerra Mundial. Todo lo que esta conlleva la convierte en un elemento central de este siglo. Para llegar al terrible resultado de estos tiempos, se toma como punto de partida al futurismo y al expresionismo, que han sido en muchos casos defensores de la violencia. La 1ª Guerra mundial rompió todos los esquemas, no habrá precedentes de tanta destrucción. En ella se llevó a cabo nuevos y destructivos métodos de combate. Sobre la 1ª Guerra mundial podemos deducir la relación entre individuo y colectividad, gobernantes y gobernados, pero también entre experiencia y sensibilidad, y por lo tanto, entre historia y memoria. George Mosse (escritor y exiliado alemán) destaca la exacerbación del patriotismo. Fueron sentimientos a partir de factores ideológicos que favorecieron una matanza sin precedentes. Estamos ante un cambio cualitativo y cuantitativo en la violencia. Nos encontramos ante la muerte de masas, unos 20 millones de muertos. Pero aparte hubieron unos 10 millones de heridos mutilados y 7 de inválidos. Estas cifras tienen mayor significado si las comparamos con guerras anteriores. Napoleón pierde en toda la campaña contra Rusia (1812) unos 500.000 hombres por 400.000 en el ejército ruso. Y la guerra Franco-Prusiana (1870) se saldó con muchos menos muertos. Son cifras, las de la 1ª Guerra Mundial, brutales. Cifras que superaría con creces la 2ª Guerra mundial (entre 50 y 70 millones de muertos). El problema es que la Primera Gran Guerra (1914-1918) fue pionera del nuevo método de combate, siendo el más famoso el de trincheras. Los enfrentamientos en las trincheras -véase Senderos de Gloria (Paths of Glory de Stanley Kubrick 1957)- y el valor destructivo de las armas, que no paraban de fabricarse ya que nos encontramos en una época de plena ebullición industrial, hicieron que las masas acudieran a la causa patriótica como si de un cerdo a un matadero se tratase.

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Muchos de los combatientes comienzan a sufrir el síndrome de estrés postraumático. Aparecen elevados números de suicidios, un nivel de alcoholismo creciente… De todas formas, la guerra, para los que la deseaban, era una guerra soñada. Pero pensaban que iba a durar unos pocos meses. Estaban muy equivocados (1914-18). Se encontraron con la realidad. Ir a ciegas a una guerra que debiera ser de carácter local -enfrentamiento entre Serbia y Austro-hungría, en consecuencia del asesinato al archiduque del imperio Austro-húngaro Francisco Fernando y su mujer, por un serbio- responde en gran medida a varios conceptos ideológicos en apogeo. Entre las ideologías más importantes que podemos citar, nos encontramos con el futurismo y expresionismo. Tuvieron que ver con esta guerra en tanto en cuanto necesitan de la movilidad y de la velocidad. Futuristas y expresionistas pensaban que la violencia brutal y rápida podía ayudar a un avance de la sociedad. La guerra era considerada por muchos como una auténtica fiesta. Esto se produce porque futurismo y expresionismo quieren huir de una sociedad caduca. Comentarios como ”…solo una guerra estaría bien…” o ”…solo la guerra aumenta la felicidad…” son realizados por personas como G. Heym (expresionista) y Marinetti (futurista) respectivamente. Otro elemento fundamental para el estallido de la gran guerra fue el nacionalismo.

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Se produce una terrible devaluación de la vida humana. Películas como Sin novedad en el frente (1930) demuestran esta devaluación de la vida en las personas y también nos muestra la brutalización de la política. Este filme transmite el mito de la guerra para la reestructuración de la nación. Los monumentos a los soldados caídos se convirtieron en los principales espacios de los países. Donde más se notó fue en Alemania e Italia, aunque otros países como Rusia, EEUU o España no se quedan atrás. Se llegan a tomar el nazismo, el fascismo y el comunismo como religiones cívicas, cuyo origen es la guerra. Esto provoca un alistamiento masivo y romántico que desemboca en la decepción de la realidad.

Otro factor en la guerra es la camaradería, esto se refleja en films de la gran guerra. Como en La vida y nada más (de Bertrand Tavernier, 1989). Se justificaba el daño irreparable de la guerra por la patria, como una cruzada ante el enemigo. Se ocultó la realidad de la muerte de masas realzando los nacionalismos.

La ya nombrada Yo acuso (Abel Gance, 1918) es la primera película que se hizo sobre la Primera Guerra Mundial. Un ejército de muertos se levanta para pedir explicación a los vivos al final de la película. Armas al hombro (1918), de Charles Chaplin, es otra película destacable sobre la 1ª Guerra Mundial. Él y Abel Gance son los primeros en dejar claro el antibelicismo.

Las 3 películas principales de los años 30 sobre la guerra son: Sin novedad en el frente (Lewis Milestone, 1930), Remordimiento (Ernst Lubitsch, 1932) y La gran ilusión (Jean Renoir, 1937).

Esta época de los 30 es en la que muchos exiliados del nazismo van a parar a EEUU (véase Fritz Lang, entre otros). Ante el peligro del ascenso del nazismo aparecen ideologías pacifistas. El cine interpone el internacionalismo pacifista al nacionalismo belicista. Los soldados son enviados a la guerra por manipulación. Directores de cine como J. Renoir, más que mostrar, explican la guerra.

En la década de los 40 no hay cine sobre la Primera Guerra Mundial. Hay sobre la segunda. Sin embargo en los 50 si que hay películas sobre la primera, como Senderos de Gloria (1957) de Kubrick o Adiós a las armas, también de 1957. En los 60 tenemos pocas películas sobre la Gran Guerra, hay muchas sobre la 2ª Guerra mundial.

A partir de los 70: Johnny cogió su fusil (Dalton Trumbo, 1971), Gallipoli (Peter Weir, 1981), La vida y nada más (Bertrand Tavernier, 1989), Capitán Conan (también de Tavernier, 1996), El pabellón de los oficiales (François Dupeyron, 2000/01), Largo Domingo de noviazgo (Jeunet, 2003) o Feliz Navidad (Christian Carion, 2005). Todas estas producciones nos muestran que la 1ª Guerra Mundial sigue siendo un tema muy importante y de actualidad.

A partir de Senderos de gloria hay un antes y un después en el cine bélico. Película profundamente antibelicista y que denuncia la verdadera naturaleza de la guerra.

Clase de cine impartida por Pedro Payá López, profesor de ”cine e historia contemporánea” en la Universidad de Alicante. Adaptación de Patrick Vidal