Análisis: Cazafantasmas
We came, we saw... it was meh

Tras años de espera y muchísima publicidad marcada por una estúpida, muy estúpida controversia, llega a los cines una nueva película de los (ahora las) cazafantasmas. A pesar de un par de trailers poco prometedores, había aun esperanzas de que esta nueva propuesta dirigida por Paul Feig y protagonizada por algunas de las mejores comediantes de nuestros días tuviera el potencial de ser una digna heredera de la película original. El resultado, sin embargo, se puede describir en una sola frase: “Mucho ruido y pocas nueces”. Nunca un refrán ha sido tan apropiado como este para describir a la nueva entrega de Cazafantasmas.

La película sigue una trama parecida a la de la original, con un trío de investigadoras excéntricas que utilizan los poderes de la ciencia para enfrentarse a fantasmas y otros entes sobrenaturales. A ellas se une un nuevo miembro que sirve como el punto de vista del espectador, y todas luchan al final para salvar a la ciudad de Nueva York de una catástrofe de proporciones bíblicas (sacrificios humanos, gatos y perros viviendo juntos, histeria colectiva y tal). Sin embargo, allí terminan las similitudes. Porque, sí, es justo comparar ambas películas. Es imposible no hacerlo. Esta nueva Cazafantasmas se nos ha vendido no como una secuela, no como una nueva generación recibiendo la batuta de los viejos, sino como un remake. Ya nos lo indicaban así desde el titulo mismo, que nos obliga de ahora en adelante a incluir la fecha de cada película entre paréntesis para evitar confusiones. Pues bien, si quieren tratar de igualar un clásico y una de las mejores comedias de los ochenta, van a tener que aguantarse las comparaciones, a pesar de que, como mencionaba antes, las similitudes son puramente superficiales.

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Efectivamente, aunque ambas son comedias, se trata de películas muy diferentes. Mientras que Cazafantasmas (1984) se vale de un genial guión, un humor con mucha substancia y personajes excéntricos pero realistas, Cazafantasmas (2016) se centra más en la acción y en el humor de moda hoy, de carácter más físico y basado en situaciones incómodas. Con la excepción del personaje interpretado por Leslie Jones, todos los demás son caricaturas que hacen cada una la misma gracia durante hora y media. Particularmente irritantes son los personajes de Kate McKinnon y Chris Hemsworth, la primera haciendo el papel del Egon de estas nuevas cazafantasmas, pero con una actuación muy forzada, intentando demasiado hacer de científica loca, sólo faltandole gritarle a la cámara “Miradme! No estoy como una cabra? Que loca y excéntrica soy!” Hemsworth, por su parte, es el nuevo recepcionista, cuya gracia es ser guapo e increíblemente tonto. No, en serio, su idiotez no es creíble en una película que no sea El tonto y el mas tonto 3. Por cierto, quizás habréis notado que no he mencionado los nombres de ninguno de los personajes nuevos. Y es que me es imposible, los olvidé apenas crucé la puerta de salida del cine. De hecho, nada de esta película trascenderá mas allá de las tres o cuatro semanas que estará en cartelera. Cazafantasmas (1984) es una de las películas mas citadas que existen; de Cazafantasmas (2016 ugggh) lo único que recordaremos será la (estúpida, muy estúpida) controversia que la rodeó antes de su lanzamiento.

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Pero, ¿vale la pena gastarse unas perras para verla en el cine? Todo depende de lo que quieras ver. Si vas esperando otra película de cazafantasmas con el mismo espíritu de las dos primeras, prepárate para la decepción. Si, en cambio, lo que esperas es estar un rato en el cine y apagar el cerebro o entretener a los críos, Cazafantasmas (2016) no te defraudará. Porque, si, otra diferencia con la original (“Es cierto, este hombre no tiene polla”) es que esta nueva entrega de la franquicia está dirigida al público en general, especialmente el infantil, y así lo dejan claro tanto su humor más… accesible y sensibilizado, como la cantidad de escenas que tienen como única misión vender juguetes.

En resumen, la nueva Cazafantasmas no logra cumplir con las expectativas dignas de su título y el pedigree que conlleva. Tiene a su favor algunas buenas escenas de acción (especialmente al final) y un par buenas risas, pero nada que la hará merecedora de mantenerla en la memoria. Los tan publicitados cameos de los actores originales tienen su gracia (excepto, increíblemente, el de Bill Murray), pero son tan inconsecuentes como la película en si. Y es una pena.