Burning, ardiendo de amor
aunque por dentro

Si hay algo que me gusta poco de la industria del cine es el poco eco que se suele dar a las grandes películas de cada año. Odio también esa idea popular que sigue contagiándose acerca de que el cine está muerto. Señores, señoras, el cine no está muerto, pero a día de hoy, es el dinero el que mueve casi por completo el cine, y en particular, el que se hace, y sobre todo, el que se ve.

De esta idea se sigue, que lo que en verdad está “muerto” es la cartelera, pues esto, si que me cuadra más, ya que las horas de las películas no se deciden por la calidad, se deciden por el dinero, quien paga más y que va a ser lo más visto. Obviamente el cine es una industria y se intenta obtener el máximo beneficio, en este caso, la poca disponibilidad de horas en el cine de las películas más galardonadas por la crítica, extranjeras o no, es en parte, culpa del consumidor, del espectador.

Pero basta de hablar de como funciona el mundo del cine, creo que si estáis leyendo este artículo, es porque ya debéis de conocer esto y estáis interesados en la película de la que hoy vengo a hablar.

Una película con un presupuesto unas 100 veces menor a la archiconocida Avengers: Infinity War, que sin embargo, logra contarnos unas historias mucho más cercana a las personas, mucho más profunda, y con una dirección que deja por los suelos todo el material de postproducción que con 400 millones de dólares se puede lograr, porque seamos claros, un buen plano impresiona y emociona mucho más que un señor morado chasqueando los dedos.

Así que vamos al ajo, vamos a analizar, sin entrar en la trama en exceso, el porqué esta película merece ser vista y ser más vista.

Burning, la última película que nos trae Lee Chang-dong, director de otras películas muy galardonadas, como Poetry o Secret Sunshine.

Si bien, su nombre puede aparecer perfectamente en una película cada un par de años como productor, es raro verle dirigir una película, pese a ser alguien talentoso para ello, suele ser muy meticuloso en cada una de sus obras, y esto le ha llevado a dejar largos lapsos de tiempo entre sus filmes.

Esto hace que Burning haya sido una película muy esperada entre sus seguidores, y una agradable sorpresa para toda la gente que a día de hoy aún no le conoce.

Burning se trata de la adaptación de un cuento del famoso Murakami, en este caso hablamos de Barn Burning (Quemando establos) que a su vez está basado en otro cuento del premio Nobel William Faulkner, del mismo título. Es decir, Burning adapta una historia de tan solo 13 páginas basada en otra de tan solo 8 páginas.

Pese a la corta duración del material original, Lee Chang-dong consigue una excelente adaptación y le da a su película una duración de dos horas y media. Seguramente, esta duración os impresione, y, lo primero que se os venga a la mente es que se trata de una película lenta.

Pues en efecto, estamos ante una película bastante lenta, que no quiere decir aburrida, para nada. Al contrario de hecho, Burning consigue crear curiosidad y tensión en el espectador en todo momento, esto lo consigue volviendo el cuento completamente real. Esto se consigue mostrándonos abiertamente a nuestros personajes, es decir, no solo enseñando como es un personaje mientras se relaciona con otras personas, sino mostrarlo también en su intimidad, nos enseña esa parte oscura que todos tenemos, con nuestros secretos y malos hábitos, y esto es lo que consigue humanizar el guión de la película, de manera que no solo estamos viendo una película, sino viendo una historia.

Para el difícil proceso de conseguir dotar de humanidad a unos personajes escritos sobre el papel, en esta película se ha recurrido a dos soluciones completamente convincentes.

La primera ha sido dejar fluir completamente la mente de los tres personajes principales. Hay que prestar especial atención a como actúan los personajes, el lenguaje corporal tiene gran importancia a lo largo de la película y desde el comienzo de la misma se nos advierte su presencia. El cómo actúan no tiene como único fin mostrarnos unas interacciones realistas, el otro fin, que el director ve como aún más importante, es, esconder un significado en los movimientos.

El simbolismo es constante a lo largo de las dos horas y media, y no solo en como se actúa, los diálogos también cobran monumental importancia a la hora de destripar los sentimientos humanos y mostrarnos todas las facetas, y todo lo que le ronda la cabeza a nuestros personajes.

Y eso, sumado a una dirección maravillosa, es lo que consigue que dos horas y media que en principio se pueden postular como tostón, acaben creando una interesante red compleja de emociones y sentimientos.

Hablemos ahora de su otro fuerte que ya he mencionado alguna que otra vez, de hecho ya hablé del artífice de ello, Lee Chang-dong, el director, guionista y productor.

Como ya sabemos, se ha puesto especial énfasis en querer transmitir algo con cada escena, cada segundo de película tiene algún significado, y el arquitecto detrás de ello ha conseguido crear una relación entre cada segmento que radica en un precioso misterio, que genera una tensión directamente en el corazón de las personas.

La película avanza lentamente, pero prestando siempre gran atención a los detalles, al entorno, más allá de los personajes que aparezcan en pantalla.

Gracias a su trabajo, logramos entender lo que piensan los personajes sin tener que escuchar su subconsciente. Lo que van a hacer, y qué son realmente se intuye desde el principio, podemos ver perfectamente el interior de cada personaje, su estilo de vida, a qué le prestan atención, cómo…

En resumen, Burning es una de esas películas no muy habituales, que traen algo diferente y consiguen crear en el espectador empatía desde el primer momento.