Borderlands

Cuando anunciaron Borderlands, dijeron que sería un shooter con rol, con un quitillón de armas distintas y mucha mala leche. “Quien mucho abarca, poco aprieta”, dicen. Y suele ser cierto.

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No me malinterpretéis. Es un juego que se disfruta, con graficos la mar de majetes (lo mejor del juego, sin duda), y buen sonido. De hecho al poco de empezar es un despiporre y las risas al ver las salvajadas que vas cometiendo poco a poco son abundantes. Y su modo para un jugador es entretenido, su modo cooperativo para hasta 4 personas multiplica la diversión (y la dificultad) por cada uno de los jugadores añadidos. Sin embargo, al poco me he ido dando cuenta de que, macho, aquí falla algo.

Lo primero es el tema de las armas. Decepciona un poco que el método para alcanzar ese número de armas tan gargantuesco que proclamaban sea el mismo método aleatorio de creación de objetos que usaban juegos como Diablo. Se genera un tipo de arma aleatorio, se sueltan varias estadísticas como quien no quiere la cosa, y hecho. Esto produce que al poco de empezar puedas tener en tus manos armas totalmente descompensadas, y al final te encuentres piezas del rastro. Después de veinticinco niveles aún sigo con una pistola/ametralladora con la que he mandado a un jefe final directamente a tomar por culo.

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Y si pensáis que el juego estará compensado frente a esta potencia de fuego extra, os equivocáis: los enemigos más duros no resisten más de cinco segundos bajo fuego sostenido, y necesitas estar verdaderamente rodeado o que te alcancen con misiles para doblegarte. Y aunque mueras, te dan un momento de gracia para matar a un enemigo, con lo que regenerarás automáticamente parte del escudo y la vida. ¿Que no lo consigues? Pago automático de una cantidad nimia de dinero (que nunca se me ha llegado a agotar) y resurrección automática en un puesto cercano. Ya puedes estar pegándote metafóricamente contra la pared, que al final vas a pasar sin demasiado esfuerzo. Ni siquiera el nivel de las criaturas se adapta al tuyo, y eso acentúa más la falta de reto.

Luego te encuentras que la mezcla de generos no está del todo bien hecha. Quiero decir, la mezcla en sí misma es buena, bien planteada, pero los dos géneros primordiales no han sido bien pensados desde el principio y eso ha agriado la leche. Respecto al rol, la historia es nimia, aburrida e insulsa. De hecho, cuando aparecen los créditos finales ni te has dado cuenta de que has terminado el juego. Las misiones son tipicas de “ir al quinto pinto-matar a alguien o recoger algo-volver”, y apenas interactúas con el entorno, que sí, está ambientado de la hostia, pero parecía más el decorado de un teatro vacío. También tiene momentos graciosos, como la presentación del primer jefe o los comentarios de los ClapTrap, pero son cosas que no recordarás al rato de terminar la partida. Respecto a los tiros, tienen la suerte de que no se llevan la peor parte; los tiroteos pueden ser realmente intensos y los controles están perfectamente programados. Per en cuanto acabas dominando un arma concreta, te conviertes en Muerte. Apuntas, gastas un poco de munición, y a seguir. ¿Cubrirse? ¿Teniendo escudo? A moverse y listo.

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Entonces, ¿estoy diciendo que no juguéis? En absoluto. Os estoy diciendo que no os fieis de los que digan que es un gran juego. En caso de que seáis jugadores solitarios, como yo, no os interesará demasiado y lo dejaréis tras la primera partida. Puede disfrutarse, sin embargo, si juegas en compañía, y gracias a los árboles de talentos que permiten a los cuatro personajes cubrir un rol de tres distintos en combate, podrían empezarse nuevas partidas con diferentes formas de plantear los combates, pero da la sensación de que quisieron hacer un MMO y les faltaron recursos para el “Masivo”. Si os gustan los shooters, os puede parecer demasiado lento. Si sois gente de rol, os puede parecer demasiado enfocado al combate.

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