ACDC. La transubstanciación del sonido en…

Jueves 02 de Abril del año 2009. Palacio de Deportes, Madrid. Goya, Planta 0, sección 5, Fila 5 y Asiento 3.

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Hasta que comenzó Rock N’ Roll Train, ligeramente pasadas las 21:30, no era consciente de lo que iba a contemplar. Algo así como una hora antes de lo dicho escuchaba -dentro del pabellón del Palacio de Deportes de Madrid, encontrándome debidamente en mi sitio- a The Answer, un grupo invitado para amenizar. Tal grupo de música no estaba mal pero lo cierto es que no convencía. El cantante tenía rasgos característicos de Robert Plant (Led Zeppelin) tanto en su registro vocal como en la pose. El resto (guitarra, bajo y batería) simplemente tocaban ritmos propios del rock pero con cierta tendencia hacia la rapidez y la dureza. No parecían poseer ningún rasgo “diferente”. A partir de ahora me referiré a “diferente” (así entre comillas) para mostrar “lo distintivo, lo original, lo que marca el fondo, la forma y el destino de cualquier ser que merezca semejante calificativo”.

Me encontraba inquieto. Una vez colocado en mi sitio, y hablo de antes de escuchar a The Answer, mandaba en mí una necesidad básica en esos momentos: ver a la banda australiana en perfectas condiciones. Y esto lo digo porque normalmente veo los conciertos en pista, de pie, y cerca de los actores. Pero esta vez me tuve que conformar con un asiento a bastante más distancia de lo que estoy acostumbrado. ¡Y claro!, normalmente no puedo permitirme algunos lujos (ir al servicio cuantas veces necesite, beber cuando tenga sed, comer cuando tenga hambre, sentarme cuando me encuentre cansado…) Esta vez esos lujos, ya que podía cubrirlos, los quise cubrir con creces, de manera que cuando empezara el concierto solo estuviera pendiente de una única cosa: la música, el sonido y sus consecuencias. Por tanto, os podéis imaginar, fui incontables veces al aseo, casi compulsivamente, y bebí lo justo.

Y llegó el momento. Por fin eran las 21:30, parecía que nunca iba a llegar la hora. Un video al estilo nipón, algo así como Manga, se proyectó en la espectacular pantalla del escenario. Eran los componentes de ACDC en circunstancias varias. El caso es que van dentro de un tren y el tren, mirad por donde, se empotra y descarrila justo en el escenario. En ese mismo momento Angus (guitarra) aparece junto al resto de la banda: Brian Johnson (cantante), Malcom Young (guitarra rítmica), Cliff Williams (bajo) y Phil Rudd (batería). Suena Rock N’ Roll Train. En el justo instante que salió la banda un escalofrío paseo por todo mi cuerpo. ¡Era cierto, ACDC tocaba esa noche en Madrid! Solo me faltaba frotarme los ojos. Los movimientos rituales de Angus tocando la guitarra, los propios de Brian Johnson correteando por todo el escenario, el movimiento también ritual y perenne de Cliff Williams tocando el bajo -moviendo constantemente la cabeza de arriba abajo sin mover prácticamente los pies-…, todos eran ACDC en la máxima expresión, y Rock N’ Roll Train fue prometedora. A Hell Ain’t A Bad Place To Be, que seguía la adrenalina de la anterior, le siguió todo un clásico, Back In Black. Fue una verdadera gozada. Con estas tres primeras lo que se me vino a la mente fue una cuestión: ¿Cómo es posible que estén igual que siempre? Y es que la anterior gira de ACDC fue hace unos 8 años, que ya es decir. Y esa fue la primera impresión que me llevé, lo sorprendentemente bien que se encontraban, ya no solo musicalmente hablando, sino también de físico y de energía.

Big Jack sucedió a Back In Black y, en mi opinión, es uno de los temas destacables del Setlist, y pertenece al últimp disco (Black Ice). En Big Jack comencé a ser consciente: esta sirvió como asentamiento de lo que estaba ocurriendo. Y después llego una de las joyas del directo, Dirty Deeds Done Dirt Cheap. ¡Impresionante! No hay palabras para describirla. El ritmo del tema, la guitarra de Angus y, sobre todo, los coros de la banda, variados, en los que no faltaría la voz de Angus en el micrófono de Brian Johnson. La comunión con el público comenzó a ser total, y no se vislumbraba descanso ni para el público -además, los que estábamos en grada no estábamos ni mucho menos sentados- ni para la banda -que soportaron el derroche físico hasta lo indecible-. Sonaba Shot Down in Flames y, posteriormente, el punteo interminable y mitológico de Thunderstruck. Y a pesar de que con Thunderstruck se tocó el cielo, el climax estaba aún por llegar.

Black Ice sirvió como un ligero descanso -dentro de lo que cabe- y en el cual se pudo denotar el cambio de registro vocal en Brian Johnson -que siempre suele mantener los mismo tonos pero que con el último disco ha probado cosas nuevas-. Después de esta llegó uno de los mejores temas del concierto, The Jack. Con The Jack los sonidos se convertían en música, y la música en algo diferente, no sabría qué decir. El caso es que se pudo vivir el mestizaje propio que ofrece la canción (blues, rock y sonido ACDC), el ritmo lento y sugerente, la letra, la participación del público -que incluía el striptease clásico de Angus-; todo era perfecto. Pero sin duda, los segundos que disfruté esencialmente fueron los que ocuparon el punteo de blues “negro” de Angus. Y bueno, qué decir, con The Jack el concierto camino por una senda “extasiástica”.

Brian Johnson corrió hasta el final de la pasarela que atravesaba al público como para coger carrerilla. En ese momento intercambió unas palabras con los que allí nos encontrábamos y bajó del cielo una campana sobre el escenario. Brian Johnson corrió hacia ella, pegó un salto y se catapultó hacia la cuerda de la campana. Hell Bells. La epopeya podía ser difícilmente superada, pero efectivamente, fue superada, porque casi sin dar un respiro sonaba Shoot To Thrill. El ritmo endiablado pero sereno y todo lo que proporcionaba la banda marcaba la “diferencia”, y en Shoot To Thrill la gente pudo disfrutar al máximo de los ritmos y de la energía que oferta ACDC. Como sabréis, los que halláis visto conciertos de ACDC, hacia la mitad de la canción, mientras sonaba la guitarra, entre cortada, todas las almas aplaudían dando saltos uniformes, como si todos en ese mismo instante estuvieran de acuerdo y formáramos parte de una maquinaria perfecta. Todo se encontraba en pleno proceso de transubstanciación.

Nos encontrábamos sobre el ecuador del concierto cuando sonó War Machine, un buen tema al que le sucedió Anything Goes, y cuando el placer ya era reposado, este despertó de golpe con You Shook Me All Night Long. Ese riff de guitarra -con Angus siendo Angus, como siempre, tomando el relevo de Chuck Berry con “su paso de la oca” hecho suyo- marcaba la “diferencia”. Como también marcaba la “diferencia” el ritmo de Angus, golpeando con cadencia sus talones contra el suelo del escenario. Hacía lo propio la voz de Brian Johnson haciendo de Brian Johnson, algo que no siempre es fácil teniendo en cuenta que tiene que interpretar canciones que ya las cantó excelentemente bien -antes que él- Bon Scott (primigenio vocalista de la banda, muerto ya hace muchos años). Además, You Shook Me All Night Long transcurrió con el público enloquecido, y a esta le siguió T.N.T., lo cual, podéis imaginaos, mantuvo bien álgido ese enloquecimiento del que acabo de hacer referencia.

Inmediatamente a T.N.T. se llevaría a cabo la transubstanciación definitivamente. Whole Lotta Rosie hizo estallar todas las expectativas y consiguió trasladar al Palacio de Deportes de Madrid a unos 25 años atrás. La energía y el Rock N’ Roll fluían a partes iguales, es decir, se pudo asistir a un arrojo descomunal de esa gran asociación que es la energía junto al Rock N’ Roll. A esta asociación se le unió el sentimentalismo, sonaba Let There Be Rock. Fue lo mejor del concierto. No creo que hayan muchas dudas. Es decir, ACDC al completo (no nos olvidemos, por ejemplo, del gran trabajo del batería Cliff Williams) pusieron todo sobre el escenario y ante todos los que allí nos encontrábamos. Era como una especie de ofrenda. Era como si estuvieran diciendo “esto es lo que podemos ofrecer: batería, guitarras y voz; Rock N’ Roll: somos ACDC”. El solo de Let There Be Rock -después de la escala de blues ejecutada por Angus con gran deleite- duró, y no creo que me equivoque por mucho, unos 8 minutos. Angus se paseó por la pasarela hasta que llegó al final. Allí se elevó ante todo y todos (literalmente) y desde el cielo efectúo un ejercicio casi de copulación con la guitarra, por supuesto, tirado en el suelo. El público se hallaba enardecido. Bajó del cielo, pasó por la pasarela, se subió en todo lo alto del escenario y pidió más. Todos querían más, y como no podía ser de otra manera, él dio más, más de lo que podía incluso. Durante el estado de éxtasis puro, bajó de lo más alto del escenario y alargó golpeando todo lo que pudo sus cuerdas de la guitarra para que cuando acabara de sonar se acabara todo. El sonido se apagó y ACDC desapareció.

No obstante volverían a aparecer (Angus apareció desde debajo del escenario, como si del ascenso desde los infiernos se tratase) para acabar definitivamente con dos canciones más. Tenía que sonar, era el riff de Highway To Hell, que sonó como algo necesario y nostálgico. Indescriptible la sensación de encontrarte en el mismo lugar en el que se estaban tocando esos acordes. Y ahora sí, con una magnífica For Those About To Rock (We Salute You) terminó el concierto de manera impresionante y con una escenografía de una calidad fuera de lo común. Como decía, la escenografía fue espectacular durante todo el concierto: el tren empotrado en el escenario, la muñeca gigante hinchable montada encima del tren y moviéndose al ritmo de la música en Whole Lotta Rosie, la elevación de Angus al cielo en Let There Be Rock, la elevación de este desde los infiernos en Highway To Hell y, finalmente, los cañonazos, también al ritmo de la música, en For Those About To Rock (We Salute You).

Al terminar el concierto, ya con el ejercicio de la transubstanciación completado y finalizado, tuve el presentimiento de haber visto, oído y vivido algo único, un concierto de ACDC: la transubstanciación del sonido en música, en sentimiento, en mito.

Setlist

ACDC en Palacio de Deportes de Madrid (02 de Abril del 2009)


Rock N’ Roll Train
Hell Ain’t A Bad Place To Be
Black In Black
Big Jack
Dirty Deeds Done Dirt Cheap
Shot Down In Flames
Thunderstruck
Black Ice
The Jack
Hells Bells
Shoot To Thrill
War Machine
Anything Goes
You Shook Me All Night Long
T.N.T.
Whole Lotta Rosie
Let There Be Rock

Highway To Hell
For Those About To Rock (We Salute You)