Assassin’s Creed Syndicate – Cómo lo ve un historiador
Working Class Heroes

Los juegos de la saga de Assassin’s Creed pueden parecernos mejores o peores pero es indudable que son un ejercicio importante de recreación histórica, más o menos acertada. Ya tenemos algo de experiencia analizando sus diferentes entregas, ya sea desde un enfoque histórico o bien desde el pedagógico. Así que le ha llegado la hora al último juego de la saga Assassin’s Creed Syndicate, ¡Vamos a analizarlo!

Agarramos la caja del juego y le echamos un primer vistazo: Lo primero que destaca del juego es su nombre y su aspecto, a primera vista parece que ese epíteto de syndicate debe hacer referencia a la lucha de clases, o quizás a las bandas y al crimen organizado. La estética parece coincidir con el estilo victoriano, aprovechando el tirón que han tenido series como Peaky Blinders, Sherlock o Penny Dreadful. Podemos pensar que estas series y las novelas decimononicas británicas son las principales referencias estéticas del juego y no tanto los libros académicos de Hobswawm sobre la Inglaterra de finales del XIX. Personalmente antes de jugar esperaba que reflejara bien los problemas sociales de la época y los paisajes de una Inglaterra en plena Revolución Industrial. En cuanto a lo educativo si el juego nos puede sumergir en la paupérrima Inglaterra victoriana sin introducir mensajes extraños y confusos, como lo hizo con la Revolución Francesa en Assassin’s Creed Unity,ya tendía un inmenso valor en cuanto a ejercicio de empatía histórica.

Con Assassin’s Creed Syndicate podremos tener una experiencia bastante satisfactoria y aproximativa a lo que sería el Londres de 1868

El hecho es que sí. Sorprendentemente lo han conseguido. Con Assassin’s Creed Syndicate podremos tener una experiencia bastante satisfactoria y aproximativa a lo que sería el Londres de 1868. Históricamente bastante correcta y educativamente muy valiosa. Exceptuando, y vamos a empezar por lo malo para luego dar paso a lo mucho bueno que hay en el juego, el diseño de los dos protagonistas y las licencias steampunk del juego. También sobran, como siempre, la trama del presente, la estética de los asesinos/templarios, los chistes de Shaun y de nuevo una extremada violencia que si bien se puede evitar (noqueando y siendo sigiloso) no está diseñado el juego para tantos remilgos.

¿Pero qué tiene de histórico este Assassin’s Creed Syndicate? Pues no es poca cosa. El juego es capaz como pocos productos de zambullirte en la Inglaterra de la segunda mitad del s. XIX. ¿Cómo lo consigue? Con un diseño del espacio virtual envidiable. Hay sagas de videojuegos de mundo abierto mucho mejores pero ninguna consigue recrear tan bien un periodo histórico concreto. Lo hicieron con la Roma medieval, lo hicieron con el Paris post-revolucionario y lo han clavado con la Londres victoriana. Una ciudad con muchas aristas, que es a la vez cabeza del imperio y de la aristocracia más refinada al mismo tiempo que vemos niños trabajando en fábricas e incluso alguna sidequest que apela a la venganza de un sindicalista anarquista desgarrado por la muerte de su hijo en la fábrica tras un inhumano turno de 12 horas. Un Londres de pobreza, de clubs de lucha, de fábricas insalubres y de barriadas ponzoñosas pero también de jardines y palacios, de barcos de vapor y de locomotoras humeantes. Han conseguido recrear bien la vida callejera. Mientras paseas por la ciudad es común encontrarte con eventos aleatorios o ver comportamientos de los NPCs. Robos, ciudadanos ebrios, parejas enamoradas, conciertos improvisados y gentes de todo tipo trabajando en toda clase de trabajos. Una Londres con vida propia en continuo proceso de expansión.

Alguna sidequest que apela a la venganza de un sindicalista anarquista desgarrado por la muerte de su hijo en la fábrica tras un inhumano turno de 12 horas.

 

Otra manera que tiene el juego de enseñarte historia es a través de las misiones con unos secundarios de lujo esta vez sí bien construidos y coherentes: Charles Darwin , Dickens, Graham Bell, Disraeli (y su disputa contra Gladstone a lo Canovas y Sagasta), Karl Marx, Frederick Abberline el policía de Jack el Destripador y finalmente la propia reina Victoria. Especialmente brillan las misiones que tienen que ver con el episodio de Darwin y sus caricaturas de mono o las que debes proteger a Marx en sus mítines, sin olvidar los trabajos para Charles Dickens y su Ghost Club (el cual fundó también sir Arthur Conan Doyle). A través de ellos también podemos ver las corrientes de pensamiento de la época y aprender de ellas.

También se refleja muy bien los cambios que se habían producido en la capital tras la Revolución Industrial: el paso del Antiguo Régimen a una nueva sociedad con los cambios sociales y tecnológicos que transformó una sociedad mayoritariamente agraria y rural en equilibrio con el medio ambiente a una sociedad fabril y urbanita que envenena su entorno. Locomotoras, barcos de vapor, carruajes… Una ciudad partida por el railway, las fabricas y la corriente de barcos de vapor que cruza el Támesis. El contraste entre la pobreza del barrio de Whitechapel y la opulencia de la City, de la tranquilidad de Westminster y las nubes de carbon de Southwark fue, y se ve en el juego, aplastante.

En cuanto a lo político este juego no se esconde. Está claramente a favor de las clases trabajadoras.

En cuanto a lo político este juego no se esconde. Está claramente a favor de las clases trabajadoras y, si bien al final del juego los hermanos Frye coquetean con las altas esferas, es cierto que los principales aliados de los gemelos son luchadores contra las injusticias y el statu quo, algo que cuadra mucho más con el credo de los asesinos, ser favorables a la revolución y la mejora de las codiciones de la clase trabajadora. En cualquier caso el juego refleja muy bien la lucha de clases y los excesos de un capitalismo desbocado en plena Revolución Industrial. Desde la primera misión se ve las miserias del mundo obrero: jornadas de 14 horas, jefes y capataces explotadores, niños trabajando, insalubridad, pocas pagas, poco descanso, sin seguro médico, polución… Además los villanos se identifican con el capital: empresarios, banqueros, especuladores, militares imperialistas, o sus matones a sueldo. Se trata también el tema de los esquiroles, la huelga, el gran capital…

 

La jugabilidad puede que le cueste un poco al principio y que las dos primeras secuencias parezcan poco lustrosas pues se llevan a cabo en las partes más deprimidas y grises de la ciudad. Al comienzo la “formula Assassin’s Creed” da la sensación de estar agotada -esto ya lo he vivido- pero desaparece en cuanto el juego entra en harina. El parkour hacia abajo, el gancho y el mayor peso de los personajes (especialmente Jacob ) mejoran mucho la jugabilidad. La ropa de los asesinos y todo el rollo del animus sigue siendo ridículo como ya hemos comentado.

Respecto al argumento y los protagonistas, en esta ocasión llevamos a dos personajes en vez de uno, Evie y Jacob Frye, dos hermanos gemelos de una larga casta de asesinos. Él, un matón impulsivo que quiere liberar Londres a la fuerza, ella una sigilosa y astuta joven que se dedica a encontrar un antiguo artefacto y a arreglar los entuertos que crea su hermano. La narración sigue el esquema de capítulos divididos en varias partes que se pueden jugar en el orden que quieras hasta que desbloqueas la misión final de cada episodio. Una mezcla de laissez faire e historia cerrada que combinada con una miriada de actividades, coleccionables, expansiones y misiones secundarias nos pueden ocupar una treintena de horas sin mucho esfuerzo.

 

En conclusión y por no robarte más tiempo querido lector, Assassin’s Creed Syndicate es además de un  buen juego, un excelente método para aprender historia. Supone el refinamiento y perfección del modelo de Assassin’s Creed II. Si lo que queremos es aprender sobre la época victoriana, de una Inglaterra en plena expansión de su imperio y a su vez inmersa en unos profundos cambios sociales, económicos y culturales se me ocurren pocos mejores ejemplos. Un juego donde nos dan la oportunidad de sabotear y eliminar a despiadados empresarios explotadores y negacionistas de la evolución como David Brewster o Richad Owen. Un juego que explora la tan querida estética victoriana pero que no solo se queda allí, que enseña sin tener que poner mucho esfuerzo que también fue una época de cambio y sufrimiento para la mayoría de la población británica. La nación más poderosa, el Imperio más grande que no obstante tuvo en su corazón el germen de La Revolución (política y tecnológica). Una hermosa metáfora y una bonita lección. Recomendado.

@samsks