Assassin’s Creed Rogue – Cómo lo ve un historiador
Breves apuntes históricos sobre la historicidad de AC Rogue

Volvemos a la saga de Assassin’s Creed a través de un juego de 2014 con un planteamiento a priori novedoso e interesante ambientado en la Norteamérica colonial del siglo XVIII. Pero como historiadores solo tenemos una gran pregunta ¿Qué tiene de histórico Assassin’s Creed Rogue?

Empecemos contextualizando esta obra. Rogue es un videojuego menor de la franquicia Assassin’s Creed. Fue lanzado en exclusiva para Xbox 360 y PS3 mientras que en PS4 y XBO lo hacía su hermano mayor Assassin’s Creed Unity con el fin de cubrir la vacante de un AC para la generación recién dejada atrás. Es un juego más pequeño y con menos recursos que otros de la franquicia y que reutiliza de manera muy evidente elementos de las anteriores entregas, especialmente de AC IV: Black Flag y AC III, siendo casi una fusión perfecta de estos dos y que arrastra tanto lo mejor como lo mejor de ellos.

En cuanto a lo histórico, el juego está ambientado en los momentos previos a la Guerra de los 7 años y durante el transcurso de esta, sin embargo el juego trata solo de pasada el conflicto utilizándolo como mera excusa para algunos giros de guión, centrándose más en la historia del protagonista del videojuego, Shay Cormac, un asesino reconvertido en templario. Dicho lo cual la trama no está mal, un cuento de venganza en la América colonial que bien podría haber firmado Michael Mann para su oscarizada El Último Mohicano. Pero el guión no es el objetivo de análisis en este artículo.

Si entendemos que, además de ser un mundo abierto y de tener una acción trepidante, el gran punto fuerte del juego es su valor histórico, no podemos más que sentirnos decepcionados. Assassin’s Creed Rogue trata su contexto histórico tangencialmente, con escenas ambientadas en episodios o hechos históricos interrumpidos constantemente bien por la historia principal, bien por la trama del presente, o bien por el conflicto entre templarios y asesinos. Aun peor, hay fases de la Guerra que se narran a través de un soporífero minijuego de gestión de recursos; varios eventos relacionados con las campañas navales y acciones diplomáticas se resuelven abriendo el menú y mandado barcos.

Pero vamos a intentar ser positivos. Si en lo tocante al suceso histórico principal falla o no representa bien el ambiente histórico ¿al menos recrea la época y el espacio histórico que representa?

Podríamos aceptar que en AC Rogue está medianamente bien recreado el ambiente de la época: mercaderes, campesinos y comerciantes en un mundo rural donde predominan las construcciones de madera y la piedra está reservada para las mansiones y algunos baluartes. Pero el juego de nuevo patina en cuanto a la recreación del espacio histórico. La ciudad de Nueva York está bien representada y hay otros puntos como Albany o algunos puertos y puestos comerciales que pueden ser un ejemplo fidedigno de asentamientos similares a los que podía haber en la época. Pero esta vez Ubisoft falla de lleno al mezclarlo con un diseño de mundo abierto. Los escenarios, tres en este caso y exceptuando el de Nueva York, no dejan de ser laberintos de pequeños asentamientos agolpados y conectados vía marítima; la forma de River Valley no tiene lógica alguna de distribución espacial y el Atlántico Norte es una especie de Golfo de San Lorenzo en miniatura que quiere recordar a la orografía real de la región pero por algún extraño motivo los diseñadores han decidido cerrar sus márgenes orientales because yes. Pese a que es un mundo abierto, no refleja bien la gran extensión que era Norteamérica para los europeos, ni las grandes distancias que tenían que recorrer, ni la difícil gestión y control del territorio. Al optar por compactarlo, al hacerlo espacialmente un laberinto y al llenarlo de asentamientos y coleccionables cada pocos metros, el mapeado pierde no solo realismo si no también historicidad. Parece más una ratonera llena de coleccionables que un espacio histórico. Incluso Nueva York (de largo el escenario mejor representado) adolece de poca personalidad y eso que ya fue recreado con anterioridad en AC III. En suma, todos estos problemas dan una sensación de pereza y mediocridad a las que se añade a otra más, la de ser otra oportunidad perdida, algo que empieza a ser común en la franquicia.

Tampoco se han esforzado en incluir personajes históricos ilustres ni colectivos interesantes de la época. Podría haber sido una buena oportunidad para retratar el mundo de los comerciantes de pieles, de los cazadores furtivos, de la vida de los colonos, o del trato con las distintas tribus de indigenas, muy variadas en la zona y de muy interesantes manifestaciones socioculturales como los algoquinos o los iroqueses. Los pocos personajes y hechos conocidos que se incluyen son los del teniente-coronel George Monro, el famoso marino y explorador James Cook y la batalla naval de Louisbourg. Fin.

Como excepción, si bien tremendamente ficcionado, nos ha sido grato ver como incluían un pequeño episodio para mostrar el Gran terremoto y posterior incendio de Lisboa, un suceso terrible poco conocido y que se agradece que den a conocer al gran público.

Así muestra el juego como quedó Lisboa tras el terremoto

Nos da la impresión de que lo bueno de este juego desde luego no tiene que ver con lo histórico. Pero es que, a nuestro parecer tampoco funciona como juego. El mundo abierto, menos abierto que nunca, parece más bien un pasillo abierto forrado de una fina capa de historia como excusa para contar una historia de venganza. No funciona, no inspira, no recrea, no evoca. Un juego repetitivo y vacío de contenido más allá de la historia de los Assassin. En cualquier caso, y a modo de conclusión, Assassin’s Creed Rogue es un mal ejemplo de recreación histórica, poco se puede aprender y poco podemos aprovechar de él. No lo recomendamos como juego ni como simulador histórico.

@samsks