A modo de presentación. El rincón de Cranky Kong.

Estimado y respetado lector, tienes ante ti la presentación de una nueva sección en el blog, una sección que va a consagrarse al videojuego retro. ¿Qué entendemos por videojuego retro? Sería complicado y polémico entrar a definir qué es un videojuego retro, así que apostaremos por una definición multidisciplinar. Videojuego retro es lo que parezca videojuego retro a los jugadores de mi época, y más concretamente a mí como intérprete de ese sentimiento, no por mi altura intelectual, obviamente, sino porque he tenido la grandísima suerte de haber nacido en el año 1984.

Mi primera consola fue una Atari 2600, en los momentos en que todo el mundo usaba la amplia variedad de NES clónicas, lo que me permitió decir desde pequeño que yo era más retro que mis amigos. Obviamente, haber jugado a la Atari 2600 es fundamental para ser analista retro. A partir de ahí viví la generación de consolas de 8 bit y la época dorada, el momento de mayor gloria de los videojuegos; la era de los 16 bit. Junto al disfrute de estas máquinas estuve relativamente atento a los arcades de la época (las maquinitas, vamos) y diríamos que a partir de la entrada de la generación de los 32 bit, decidí abandonar el mundillo. En mi exilio interior me dediqué a mejorar mis habilidades mentales y a progresar en el conocimiento de la esencia videojueguil.

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Cranky Kong de joven.

Ahora he decidido romper ese silencio porque me ha sido encomendada una misión. Debo contribuir a que los videojuegos antiguos sean valorados en este mundo de acelerado consumo, que sólo se deja sorprender por unos millones de polígonos más, unas texturas mejores y similares artificios. Es hora de reivindicar lo retro (y no llevo gafas de pasta). ¿Por qué? Porque soy un amante del píxel. El píxel es arte y es el primer lenguaje del videojuego; el lenguaje fundacional del videojuego, basado en la representación de la realidad, frente a las últimas manifestaciones que apuestan por recrear la realidad. Más adelante entraremos en estos debates epistemológicos acerca de la naturaleza del videojuego que servirán para que dignifiquemos la cultura del videojuego.

En cuanto al nombre de la sección, todo aquel que haya vivido los 16 bit lo entenderá rápidamente. Cranky Kong es un mono quejoso y cascarrabias. Pero no un mono cualquiera, es el mono protagonista del juego Donkey Kong original, haciendo una aparición estelar en el Donkey Kong Country de SNES. A Cranky no le hacen mucha gracia los videojuegos modernos (allá por 1994), por lo que es un icono retro. En su día no comprendí a Cranky, pero ahora lo entiendo. Ahora soy yo el abuelo, y ahora te entiendo Cranky cuando decías (pág. 31 del manual) “Bueno hijito, en mis tiempos no teníamos estos modernos juegos como Donkey Kong Country, no señor. Vosotros los jugones de hoy estáis mal acostumbrados con todos estos bonitos dibujos y sonido estéreo, cuando lo que realmente queréis es un gran juego”.

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¿Quién ha escrito esto? ¿Un mono?

Así que ya sabéis. A Cranky me remito. No me pidáis objetividad, ni serenidad ni 3D (salvo chip FX o SVP). He venido a rescatar el píxel del olvido. Así que presentada la sección, sólo me queda despedirme hasta mi próxima intervención. En ella realizaremos un análisis sociológico, aproximándonos a la cultura de los años 80 a través de un videojuego mítico. Los años 80 concentrados en un cartucho de un género que está totalmente abandonado en nuestros días, símbolo de cómo se han perdido las esencias. ¿Estaba presente el relativismo que tanto preocupa a Ratzinger a finales de los 80? ¿Existía corrupción urbanística? ¿Qué valor tenían la amistad y las artes marciales? Más pistas no puedo dar. Todas estas cuestiones y muchas más las solventaremos en la próxima entrega. Hasta entonces, cuidaros.