5 excusas para ver la 3ª temporada de Fargo
Este es un artículo basado en hechos reales

La serie Fargo nos lleva varios años deleitando con su retrato de una Norteamérica profunda de gentes bondadosas y sencillas y al mismo tiempo brutales e inconscientes. Una buena descripción del ser humano a fin de cuentas, capaz de lo mejor y de lo peor. Es por esto, pero también por cinco razones más, por lo que os recomendamos que veáis está serie y concretamente la tercera temporada:

 

Criminales idiotas


Es el leitmotiv de las tres temporadas de Fargo, además de estar las tres localizadas en el Estado de Minnesota. La existencia de lo que podríamos llamar los crímenes torpes, idiotas, o simplemente pobres diablos que en su torpeza y costumbrismo nos producen una fascinación similar a la de ver el cuadro del bote de sopa Campbell de Andy Warhol. Esta magia de lo torpe es tomada por los guionistas de la serie y estirada con maestría a lo largo de diez capítulos. La serie (y la pelicula) quitan todo el glamour al delito. Una aproximación a la realidad quizás pues, generalmente, los crímenes suelen llevarse a cabo por una concatenación de errores o circunstancias muy alejadas de lo que nos muestra el cine, siempre reflexivo y explicativo y con unos actores estupendos. Se podría decir que Fargo es una oda al crimen torpe, un canto a la América profunda y a unos personajes mediocres que, atrapados en sus errores, son llevados al limite y con ello a cometer crímenes que en otras circunstancias no hubieran cometido. De alguna manera la serie refleja que las ambiciones personales nos pueden llevar al extremo, y que la estupidez es una mala compañía para cometer un crimen, más aun si eres un ingenuo oficinista de la América rural. Y es que los personajes en Fargo son muy tontos, en todas las temporadas los problemas se podrían haber solucionado o evitado pero son ellos con sus anhelos los que se van hundiéndose poco a poco en el pozo de sus pecados. En la tercera temporada todo esto se refleja perfectamente en la disputa entre dos hermanos por una herencia familiar (concretamente por un sello de coleccionista) el detonante que desencadenará una espiral de violencia y sufrimiento en las pacífica poblaciones de St. Cloud y Eden Valley. Algo tan simple como eso.

Los personajes


El casting es uno de los puntos fuertes de la serie. Además de unos personajes secundarios bien construidos e interpretados de manera coral, hay varias interpretaciones que destacan, especialmente las de Carrie Coon y Mary Elizabeth Winstead en los papeles de la shérif Gloria Burgle y Nikki Swango la exconvicta, novia de Ray. Mención aparte merece Ewan McGreggor, si bien para muchos es un actor bastante mediocre, cierto es que no ha tenido nunca un gran papel donde destacar sus dotes interpretativas, en esta ocasión se luce y vaya de que manera. El escocés interpreta no solo uno si no dos personajes, los dos protagonistas, Ray y Emmit Stussy, dos hermanos en eterna disputa por una herencia familiar. McGregor lo ejecuta de una manera brillante, ayudado por la caracterización (¡¡calvo y con barriga!!!) le imprime a cada uno de los hermanos una personalidad diferenciada dando la sensación de ser dos personas totalmente distintas.

 

El tono, brutalidad y costumbrismo Cohen


La vida de una apacible localidad de la América profunda se ve alterada por un terrible crimen, algo raro en una zona donde hay que remontarse varias décadas atrás para recordar el último asesinato. Una América de cafeterías y donuts, de quitanieves y de pueblos donde no se cierra la puerta con llave. Todo esto contrasta brutalmente con los momentos de explosión de la violencia como pasar de 0 a 200 kph y toda la tensión previa a estos momentos. Una simbiosis casi mágica marca de la casa Cohen y que es sin duda uno de los activos más importantes de la serie. En esta tercera temporada el contraste es mayor entre unos villanos, muy desagradables, y sin escrúpulos y unos protagonistas tan ingenuos que llegamos a sufrir por ellos.

Que desde el principio “el bueno” sabe la verdad


Esta es una de las diferencias de la última temporada y uno de las novedades que más han gustado. Casi desde el primer momento la agente Burgle sabe que hay algo raro con el asesinato del que fue su suegro (el primero de los crímenes de la temporada). A primera vista podía parecer un robo pero las apariencias engañan y eso lo sabe muy bien la jefa. Un buen investigador no se conforma con la respuesta sencilla sino que busca la verdad, no la comodidad. Pronto ya detecta que el crimen que da origen a la espiral de mierda tiene que ver con los hermanos Stussy. La dificultad para “los buenos” será pues la de mantenerse firmes en sus convicciones y no claudicar ante lo fácil y evidente.

Un bonito episodio sobre los callejones sin salida


La investigación policial a veces llega a un callejón sin salida. Pese a que la intención de la serie no es ser realista (los que hayáis visto la segunda temporada lo sabréis bien) el hecho es que se acerca mucho a lo que podríamos entender como realidad. Se ve en como actúan los personajes con ese costumbrismo torpe y simpático. Pero especialmente la serie nos da una lección de humildad en su capítulo 3. En él la shérif de Edén Valley está convencida de seguir una pista que le llevará a descubrir la verdad sobre el primer asesinato de la temporada lo que le llevará a la soleada California siguiendo los pasos de su ex-suegro. Durante todo el capítulo seguiremos la investigación y la trágica historia de un escritor de ciencia ficción. Algo irrelevante en la trama de la serie pero que nos muestra como a veces llegamos a conclusiones erróneas, que las pistas falsas existen en las investigaciones, y que era muy fácil ser timado en Los Angeles en la década de los 70.

@warclimb