2008: Un Año en la Música

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Dicen que justo antes de morir ves pasar toda tu vida ante tus ojos. Del mismo modo, justo antes de que se acabe el año, los oídos oyen pasar toda la música que han disfrutado (o sufrido) durante los últimos 12 meses. 2008 no va a ser una excepción. Toca repaso.

portishead_third_377.jpg2008 no será recordado como un año especialmente memorable en lo musical. Algo a lo que estamos acostumbrados en esta década que ya casi se marcha sin habernos dejado demasiadas obras maestras (Kid A, Illinois, Funeral, Yankee Hotel Foxtroit y poco más). Este año tampoco ha tenido ningún discazo de esos incontestables que ponen de acuerdo al 99% de crítica y público. Si acaso hay un disco que figurará en las enciclopedias como el mejor disco publicado en 2008 ese será seguramente Third, el esperadísimo regreso tras más de 11 años de espera de los autores del mítico Dummy. Hablamos de Portishead, claro. Las razones de dicho mérito hay que buscarlas primero en la indudable calidad del disco, de una oscuridad espeluznante, en el que se arrojan a la experimentación electrónica sin cortapisas. Buena muestra de ello es la cara de “¿pero qué timo es éste?” que se le quedaba a la gente al escuchar el single Machine Gun. Los otros motivos pueden ser nostalgia de los 90 o falta de grandes nombres en el panorama discográfico en un año en el que Radiohead no han sacado disco. No obstante, aunque en mi opinión este año ha habido cosas mejores, escúchense The Rip para comprobar que lo de mejor disco del 2008 no es ningún regalo.

Pero si dejamos a un lado las exquisiteces de la crítica musical, está claro que el disco del 2008 en cuanto a éxito se refiere ha sido Viva La Vida or Death And All His Friends de Coldplay. Con el que han conseguido borrar esa imagen de banda cansina y autoparódica que empezaron a labrarse con el por otro lado nada desdeñable X&Y hace tres años. Su cuarto álbum es un variado y completo rosario de irresistibles himnos de pop rock, cuya única pega sería la megalomanía musical que se intuye en cada acorde. De cualquier manera, hace méritos para colarse en el segundo escalón de mi podio del 2008.

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Pero además de estos dos exitosos regresos, en 2008 ha habido otros igual de esperados pero no tan satisfactorios. 11 años llevaban también The Verve sin dar señales de vida desde su último y antológico álbum, Urban Hyms. Pero su Forth (continúan las similitudes con Portishead) no ha estado a la altura y no ha entusiasmado a casi nadie, dejando poco más que un buen single, Love is Noise. Por su parte, los eternos aspirantes a la resurrección, sí, Oasis, se marcan otro disco correcto, sin más, pero lejísimos de los cada vez más lejanos Definetly Maybe y (What’s The Story) Morning Glory?. Peor les ha ido a los escoceses Travis con su ya sexto álbum. Se agradece que se atrevan a sacar disco sólo un año después de su anterior trabajo, en una época en la que los grupos se tiran por lo general tres años en barbecho entre disco y disco (qué lejos quedan los tiempos en los que los Beatles sacaban hasta dos obras maestras al año). Pero a este Ode To J. Smith se le nota demasiado que está compuesto y grabado en un par de semanas. Como resultado nos queda el peor disco de su carrera. Se les perdona, por ser los tipos más majetes del pop rock mundial y por ser una de mis bandas favoritas. Más rabia da el batacazo definitivo de The Killers, que confirman la inevitable manía de los grupos del nuevo milenio de ir cuesta abajo sin frenos tras un excelente primer disco como lo fue su Hot Fuss de 2004. Tres cuartos de lo mismo para Keane, Snow Patrol y Kaiser Chiefs. Si es que éstos alguna vez hicieron algo realmente destacable. Los siguientes en seguir esta triste tendencia: Franz Ferdinand, seguramente.

Más recomendables, aunque al pertenecer a sectores más alternativos su repercusión ha sido menor que las mediocridades anteriormente citadas, son los nuevos discos de Elbow, The Seldom Seen Kid (aunque su grandilocuencia a veces moleste), Deerhunter y su Microcastle, TV On The Radio con Dear Science,  los siempre recomendables Sigur Ros aunque sea a medio gas como en Með suð í eyrum við spilum endalaust, Anathallo con su emotivo Canopy Glow o For Emma, Forever Ago de Bon Iver.

vampire-weekend-by-vampire-weekend_55817_full.jpgPero como todos los años, lo más estimulante son las nuevas propuestas, las revelaciones, los nuevos sonidos. No, el debut más interesante del año no ha sido el de Scarlett Johansson. Este tema lo dejamos para otro artículo que podríamos titular “2008: Schuster y otros desastres”. Porque si nos centramos en debuts de los buenos cabe destacar el de Fleet Foxes. Con su magnífico primer largo, un acercamiento al folk más americano, con un sonido atemporal que a priori puede sonar clasicón, pero que en seguida se revela como tendencia. Atención a esos coros casi de iglesia y a algunos de los temas imprescindibles del año como son Ragged Wood , White Winter Hymnal o Tiger Mountain Peasant Song. Aún más sorprendente e irresistible es el debut de los neoyorquinos Vampire Weekend, que más allá de su curioso nombre nos ofrecen en su homónimo disco de presentación una colección de alegres temazos que con su indie pop de sonidos africanos y guitarras limpérrimas han hecho las delicias de los festivales veraniegos. No recomiendo ningún tema, porque el disco entero se engulle sin pestañear. Y además consigue el bronce en mis olimpiadas de lo mejor del año. Dentro de poco revelaré quién ha sido el Usain Bolt ( …o la Yelena Isinbayeva) del panorama musical mundial.

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Si nos centramos en el apartado nacional, evitando entrar en el terreno casposo de la música para las masas, nos encontramos con el regreso de la parejita Nacho Vegas / Christina Rosevinge aclamados gracias a sus respectivos El manifiesto desastre y Tu labio superior. Pero quizás 2008 ha sido el año de Vetusta Morla, madrileños deudores de Radiohead que tras 10 años peleando en el mundillo han pegado el pelotazo con Un día en el mundo, uno de los discos más disfrutables que se pueden oír en castellano para el oído habituado al inglés de Oxford. Mención aparte merece la revelación más sorprendente no sólo a nivel nacional, sino internacional de la música independiente. Dos palabras: Russian Red. Un discazo: I Love Your Glasses. Conmovedor hasta lo insoportable, así es la carta de presentación que se ha marcado Lourdes Hernández, la madre de la criatura. Medalla de oro, de platino y de lo que haga falta para el que en mi modesta opinión es el mejor disco que se ha hecho en este 2008. Después de todo, no ha estado tan mal este año, ¿no?